Juan 7,37-39 – venga a mí, y beba

junio 4, 2017

Venga a mí, y beba

El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí», como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva.

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Juan 7,37-39 venga a mí, y beba

Juan – Capítulo 07

Reflexión: Juan 7,37-39

Muy breve texto, muy breve selección para tan magna fiesta. Hoy es Pentecostés, junto con la Pascua, una de las más importantes fiestas de la Iglesia Católica, porque en ella recordamos el compromiso que el Señor sella con sus seguidores, de permanecer hasta el fin del mundo entre nosotros, a través del Espíritu Santo.

El Padre, nuestro Creador, nos dio la vida y nos destinó a ser felices eternamente a Su lado. El Hijo, Jesucristo, nos salvó de las garras del Demonio, el Príncipe de este mundo, que quería conducirnos a la perdición y a la muerte. Jesucristo, luego de resucitar, venciendo a la muerte y al Maligno, invocó al Padre y nos dejó al Espíritu Santo para que nos acompañe, enseñe y guíe hasta el fin de los tiempos.

La Trinidad ha sido puesta en evidencia a lo largo de la Historia de la Salvación, como una unidad, en el mismo y único propósito de hacer la Voluntad del Padre. Y dentro delos Planes de Dios está el redimirnos para que alcancemos la plenitud, como hijos Suyos, concebidos por Su amor infinito.

Ahora sabemos la razón de nuestra existencia. Está al alcance de quien tenga oídos para oír y ojos para ver. El Señor la ha puesto a nuestro alcance a través de Su Palabra, la que encontramos en el Nuevo Testamento y más específicamente en los Evangelios. Solo tenemos que darle un espacio y dejar que modele nuestro espíritu.

El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí», como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva.

Del Señor brota el Agua Viva capaz de saciar cualquier sed. Solo debemos acercarnos a Él con humildad, dispuestos a oírle y a hacer lo que nos mande. Esto es lo que el Señor nos ofrece hoy. Abre Sus brazos para ofrecernos beber del Único Manantial que puede saciar la sed del hombre.

Ahora entendemos ¿por qué al demonio le interesa tanto alejarnos de Él? ¿Por qué emplea tretas como el relativismo o las mil caras de la Nueva Era para ocultarnos de Él? Al Príncipe de las tinieblas le interesa mantenernos en la oscuridad, porque solo así puede arrancarnos de los brazos de Jesús.

Pero Jesucristo resucitando nos ha salvado. El Demonio y la muerte ya no tienen poder sobre nosotros. Solo tenemos que acercarnos a Jesús y beber del Agua que Él nos da. Solo esta es capaz de saciar para siempre nuestra sed. Solo en Él alcanzaremos la paz y la felicidad que anhelan nuestras almas. Solo en Él alcanzaremos la plenitud.

Del mismo modo en que nuestros cuerpos no pueden vivir un solo día sin agua, sin empezar a languidecer, nuestras almas no pueden vivir sin el Señor. Y si nuestras almas empiezan a desfallecer, nuestros cuerpos y nuestras mentes también terminarán muriendo.

Nosotros, ciudadanos citadinos y acomodados del siglo XXI conocemos muy poco lo que es la sed. Abrimos un caño y tenemos agua a la hora que queremos. Sin embargo todavía hay cientos de millones de hermanos que saben lo que es la escasez de agua. Que saben lo que es tener que ir a buscarla a lugares lejanos y pagar por ella todo lo que tienen. Y a veces, ni aun así la consiguen.

Ellos comprenden mejor lo que es la verdadera sed del alma, porque, habituados a las carencias, saben reconocer lo que realmente importa. Por eso el Señor nace entre los pobres y por eso es más fácil que ellos entren en el Reino de los cielos. Nosotros, debemos renunciar a muchas cosas fofas, huecas y vacías que nos deslumbran, para fijarnos en la única que vale la pena.

41. Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas;
42. y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada.»

Es preciso que recordemos este pasaje del evangelio según San Lucas 10,41-42 y retornemos a la única fuente capaz de saciar nuestra sed: Jesucristo.

Padre Santo, no permitas que nos dejemos arrastrar por todos los brebajes adulterados que nos ofrece el demonio que solo buscan confundirnos. Que oyendo al Señor que nos dice: venga a mí y beba el que crea en mí, acudamos a la única fuente inagotable capaz de darnos vida eterna, te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor…Amén.

El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí», como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva.

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