Juan 7,1-2.10.25-30 – yo no he venido por mi cuenta

Marzo 31, 2017

Yo no he venido por mi cuenta

Me conocen a mí y saben de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que verdaderamente me envía el que me envía; pero ustedes no le conocen.

juan-07-28

Juan 7,1-2.10.25-30 – yo no he venido por mi cuenta

Juan – Capítulo 07

Reflexión: Juan 7,1-2.10.25-30

Se acerca el día y la hora en que Jesús sería entregado, muerto en la cruz y para luego resucitar cumpliendo así la Misión que el Padre le había encomendado. Las cosas habrían de suceder como estaba escrito. Por ello, no siendo su momento, Jesucristo toma sus precauciones y va de incógnita a Jerusalén.

Parece una sutileza, sin embargo debemos distinguir que si fue de incógnita no fue por temor, sino porque habría de ceñirse a los Planes de Dios. A lo que estaba escrito, pues las Escrituras se cumplen con Él. Esto es lo que no llegan a entender los judíos y lo que no escatima esfuerzo ni oportunidad por hacerles entender.

Es por ello que a pesar de haber ido de incógnita, no pierde oportunidad de enseñar y llegado el momento grita a todo el mundo en el templo, pero especialmente a los judíos, quién es y de dónde ha venido. Entonces, no solo no niega su procedencia ante quienes no lo aceptan, sino que la proclama y reafirma publica y abiertamente, cuando llegó el momento, cuando fue oportuno.

No hay, pues, temor en Jesús, porque sabe lo que tendrá que ocurrir y tiene completa y total confianza en los Planes del Padre. Lo que sucederá siempre, en cualquier caso, será la Voluntad de Dios e incluso Él se ajusta ejemplarmente a ella, sin negarlo, ni por un segundo, sin dudas, ni temores. Esto es lo que nos enseña hoy Jesús; lo que tenemos que aprender.

Me conocen a mí y saben de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que verdaderamente me envía el que me envía; pero ustedes no le conocen.

La Buena Noticia, nuestra filiación Divina no está allí para ocultarla, sino para proclamarla a tiempo y destiempo, es decir, siempre. En privado y en público, porque han de reconocer todos nuestros hermanos, creyentes o no, que esta es la fuerza que nos impulsa y en la cual confiamos. No hacemos nada por nuestra cuenta. No hacemos nada sin tener en cuenta la Voluntad de Dios Padre. Lo que hacemos es Su Voluntad y esta es que todos le conozcan, crean y se salven.

Hemos de cuidar que todos nuestros actos, hasta los más insignificantes nos conduzcan a esta proclamación, porque no se enciende una vela para ponerla bajo la mesa, sino para que alumbre a todos. Nosotros somos luz del mundo, por lo tanto no podemos permanecer en silencio, callados, impasibles y temerosos cuando se trata de proclamar al Señor. Porque es en Él que hemos puesto toda nuestra confianza y es precisamente en estas ocasiones en que debemos testimoniarlo.

Así, no podemos dejar de asistir a cuanta convocatoria se realiza en defensa de la vida. No podemos dejar de levantar nuestras voz cada vez que por lo bajo se pretenda atemorizar con amenazas al pueblo para que deje de proclamar a Dios como Padre. ¡Él es nuestro Padre y no hay motivo para callarnos, avergonzarnos o intimidarnos! Hay momentos, especialmente ahora, en los que debemos salir a gritarlo por plazas y calles.

El mundo entero debe saber que obramos, que trabajamos en la construcción del Reino, siguiendo la Voluntad de Dios, nuestro Padre, quien nos manda amarnos los unos a los otros. Él nos mueve. Él nos guía. Él nos lleva. Esta es la razón de nuestra existencia, la cual proclamamos con ocasión o sin ella, en todo tiempo, lugar y actividad. Nuestra vida integra debe ser un testimonio de la fe que confesamos. Todo lo que hacemos o dejamos de hacer es porque en Él creemos y esperamos.

Pidamos a nuestro Padre Celestial que nos conceda la gracia de la obediencia, de la fe y la perseverancia, para que tengamos el coraje de proclamarlo en toda ocasión y momento de nuestras vidas, sabiendo que es nuestro deber iluminar el Camino SIEMPRE. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, Tu Hijo, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos, amén.

Me conocen a mí y saben de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que verdaderamente me envía el que me envía; pero ustedes no le conocen.

(12) vistas

Deja un comentario