Juan 6,51-58 – yo le resucitaré el último día

Agosto 16, 2015

Texto del evangelio Jn 6,51-58 – yo le resucitaré el último día

51. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.»
52. Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
53. Jesús les dijo: «En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes.
54. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.
55. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
56. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.
57. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.
58. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.»

Reflexión: Jn 6,51-58

Nunca habremos insistido lo suficiente en la importancia de la Eucaristía para la vida cristiana y la salvación de la humanidad. No es algo que podemos tomar con la ligereza que lamentablemente cada vez se extiende más. Debemos confesar que con mucha tristeza vemos que cada día son menos personas las que frecuentan los templos a la hora de la Misa y muy pocos los que participan en la Comunión, peor aun cuando el curita, el sacristán o el monitor, por dárselas de “ortodoxo” o sabe Dios con que licencia se lanza el: “los que estén DEBIDAMENTE preparados pueden acercarse a recibir la Comunión; los demás se sientan y cantamos”. ¿En qué consiste la DEBIDA preparación que con tanto énfasis señalan? No lo sabemos a ciencia cierta; para algunos es una cosa y para otros otra. El hecho es que en vez de enfatizar en la gran oportunidad que tienen de participar en la Eucaristía, el gran Don que están por recibir, del que depende su resurrección y la vida eterna, los ahuyentan fomentando falsos temores. El hecho es que en la última cena hasta Judas comulgó y ni el Señor ni nadie se lo impidieron. No queremos fomentar ir contra las normas que al respecto establece la Iglesia, pero no podemos hacer que estas parezcan superiores y más determinantes que las Palabras de Cristo. Él nos extiende una invitación a todos, sin condiciones. Eso sí, debemos comer de su cuerpo y beber de su sangre para que Él nos resucite el último día. Esta es otra hermosa promesa que no debemos olvidar. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.

Ojalá en vez de recordar los impedimentos, los que se encargan de hacer el llamado a la hora de la Comunión, estuvieran preparados para promover, invitar y acercar a los fieles a la Comunión, porque no hay nada en el Universo que pueda unirnos más a Jesucristo, abriéndonos la puertas del Reino y con estas a la de la Vida Eterna. Si tan solo pudiéramos comprender el alcance de estas palabras, no dejaríamos de participar en la Eucaristía NI UN SOLO DÍA de nuestras vidas. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo exponernos por cualquier cosa, por lo que fuere, a perder esta Gracia? No hay nada que se le compare; nada que la sustituya, que la reemplace. Entonces ¿por qué habríamos de dejar de comulgar un solo día? Jesucristo ha querido quedarse entre nosotros como comida y bebida, tal como la comida y bebida que tomamos todos los días. ¿O es que hay alguien que de buena gana deja de comer uno, dos, cinco, treinta, trescientos o más días y es capaz de seguir con su vida normal? ¿No? ¿Entonces cómo es posible que desairemos el cuerpo y la sangre de Cristo que se entrega por nosotros como verdadera comida y bebida? ¿Es que estamos locos? ¿Es que no creemos en Cristo, ni en Su Palabra? Si creemos en Él, ¿por qué lo desairamos de esta manera? ¿Te imaginas dejar a tu novia plantada día tras día, despreciando los potajes que te invita? ¿No sería una tontería que terminaría por deteriorar la relación? ¿Y por qué hacer eso con Cristo todos los días o el único día que caemos por el tempo, que puede ser un domingo? El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.

La relación que hemos establecido la mayoría de los cristianos con la Eucaristía es de una total incoherencia con la fe que decimos profesar. Si creemos en Jesucristo y Su Palabra, con qué excusa dejamos de participar en la Comunión cuando vamos a Misa…Claro, nos han dejado consentir que peor sería que no fuéramos a Misa, porque cuando menos, cuando vamos, se supone que oramos, lo que seguramente no hacemos en ninguna otra ocasión. Se trata de una distorsión total. Es obvio que no hemos comprendido al Señor, tal vez porque nunca en realidad le hemos prestado atención. Tal vez somos de los muchos que vamos a Misa, por costumbre, por tradición, porque desde niños nos enseñaron a hacerlo y se nos hace muy grande dejar de hacerlo, pero no llegamos a comprender casi nada y lo de la comunión es una alternativa que podemos tomar si no tenemos ningún pecado y nosotros no somos demonios, pero tampoco santos, así que no nos sentimos DEBIDAMENTE preparados y preferimos abstenernos, antes de meter la pata y caer en un pecado más grave. Así, somos los típicos cristianos a nuestro modo, de los que habemos millones, que nos mantenemos en un término medio, ni somos fanáticos, ni totalmente indiferentes. Procuramos ir a Misa todos los domingos y fiestas de guardar y de vez en cuando comulgamos; por lo menos una vez al año, tal como solemos confesarnos…No somos tan malos, ni tan pecadores. Tratamos de llevar una vida recta, pero no nos pidan comportarnos como cucufatos. ¿Por qué tendríamos que ir a Misa todos los días, si no somos religiosos y ni los curas nos lo piden? Pues porque así nos lo pide el Señor. Si podemos dedicarle por lo menos una hora al día y si hay misas diarias en tu parroquia, podrías participar todos los días en la Eucaristía y así darte la oportunidad de fortalecer tu fe, al mismo tiempo que te haces acreedor de esta hermosa promesa de nuestro Señor Jesucristo. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.

Recordemos que todo gran viaje, todo gran emprendimiento, toda gran hazaña comienza con el primer paso. El Señor ha querido quedarse como verdadera comida y verdadera bebida entre nosotros, no para que la metamos dentro del congelador, sino para que comamos y bebamos de Él todos los días de nuestras vidas, tal como lo hacemos con la comida y bebida ordinaria, que es buena para el cuerpo. Cuanto más habríamos de hacerlo si Él nos promete que tendremos vida eterna y que Él nos resucitará el último día. Otra vez: ¿creemos o no? Solo se trata de eso. No podemos escoger en qué creemos y en qué no: hemos de ser coherentes. Finalmente nunca recomendaremos suficiente ver cuantas veces sea necesario el video del Padre Jorge Loring el Valor de la Santa Misa. Es difícil no llegar a captar el valor de la Misa y la Eucaristía después de ver este video. Dicho sea de paso recomendamos todos los videos del ya difunto Padre Loring así como su excelente libro: “Para Salvarse”. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.

Oremos:

Padre Santo, danos inteligencia, sabiduría y capacidad de persuasión para promover la Eucaristía diaria entre todos nuestros conocidos, amigos y la comunidad en general, como el medio más eficaz para alcanzar la vida eterna, tal como el mismísimo Jesucristo nos lo promete. Que no caigamos en la torpeza de desairarlo…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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