Juan 6,35-40 – esta es la voluntad de mi Padre

abril 13, 2016

Texto del evangelio Jn 6,35-40 – esta es la voluntad de mi Padre

35. Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.
36. Pero ya se los he dicho: Me han visto y no creen.
37. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera;
38. porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
39. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día.
40. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día.»

Reflexión: Jn 6,35-40

¿Qué más podemos pedir? El Señor aquí nos revela literalmente, tal cual, la Voluntad del Padre. Tenemos trazado el Camino; sabemos qué es lo que tenemos que hacer para alcanzar el Bien sobre todo Bien. Hemos llegado antes al convencimiento que no hay Bien más grande que la Vida, así con mayúsculas, porque es única e irremplazable. No hay nada que podamos recibir que supere la Vida, porque sin Vida no hay nada. De eso nos convencemos muy rápidamente. Basta dedicarle unos segundos de reflexión a esta idea, para cerciorarnos que efectivamente es así. Lo que ocurre es que muchas veces no nos planteamos correctamente las meditaciones, ya sea porque casi nunca meditamos o porque cuando lo hacemos tenemos tanta agitación, tanta premura por atender algunas necesidades, que pasamos por alto lo más evidente. Ocurre siempre que lo más importante pasa desapercibido por nuestras múltiples ocupaciones rutinarias. Por ejemplo hoy a mi casi me pasa felicitar a mi esposa por ser su cumpleaños. Iba a quedar como una zapatilla –es decir, muy mal- si la despedía hoy a su trabajo sin por lo menos haberle dicho Feliz Cumpleaños. Imagínate después llamando o enviando un mensaje de texto para cumplir con esta obligación, pues no es nada grato. ¿Qué paso? Que me levanté muy temprano, como siempre, a preparar nuestro desayuno y su lonchera, y con el trajín y el apuro rutinarios a estas horas, pues se me pasó, algo que tenía tan pendiente desde hace varios días. Así, lo más importante tendemos a pasarlo por alto, por evidente. Vamos a dar una conferencia sobre el amor y la amistad y no somos capaces de devolver el saludo al portero y las personas humildes que nos esperan tal vez con muchas horas de anticipación preparando todos los detalles técnicos para que todo fluya naturalmente. O, hacemos una broma pesada que desdice de nuestra caridad cristiana y revela más bien envidia, codicia, orgullo o algún complejo. El carácter nos traiciona muchas veces. Personalmente lo siento así, cuando voy manejando mi coche y de forma automática, como si fuera parte de esta actividad se me vienen una serie de palabrotas e insultos a mis congéneres por sus maniobras. Es decir, caemos presos de nuestros hábitos y estos muchas veces nos impiden ver aquello que es realmente importante y que tenemos tan a mano, como es la vida…esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día.

No hay Bien que valga más que la Vida, y la tenemos entre nuestras manos, por Gracia de Dios. ¿Qué quiere decir esto? Que no hay absolutamente nada que hayamos hecho para merecerla. Nos llegó a nosotros, como a otros muchos millones, del mismo modo en que muchísimos más nunca la alcanzaron. Y aquí no podemos dejar de hacer una mención especial a los miles de millones como nosotros que tal vez la alcanzaron, pero fueron asesinados en el vientre de sus madres, ya sea por una pastilla, por una inyección letal o simplemente despedazados y descuartizados. Sea como fuere, nosotros llegamos a sobrevivir y mantenemos este Don Precioso hasta hoy, algunos con más o menos dificultades, pero no conoceríamos nada de esto si no fuera porque primero y antes que nada Dios nos hizo este Regalo. Desde que lo recibimos, no ha habido nada más preciado que conservarlo y tomando conciencia que la vida es corta y es el tesoro más preciado que poseemos, hemos procurado dedicarla a aquello que más vale e importa, es decir, a conservarla. No siempre hemos sido conscientes de ello y por eso a veces nos hemos propuesto metas destructivas, dañinas, nocivas, ya sea por ignorancia o por ambición. El hecho es que no siempre lo que hacemos favorece a la vida, sino todo lo contrario. Una de las enseñanzas más preciadas de Jesús es justamente que quien guarda su vida, la perderá, en cambio el que la da por los demás, la ganará para la Vida Eterna. Esto nos deja ver claramente que la vida siendo un Bien Único y el más preciado, ha de tener un objetivo, ha de ponerse en juego al servicio de los demás, porque solo entonces, aunque parezca una paradoja, la aseguraremos para toda la eternidad. Esto es lo que Jesucristo nos enseña como el amor más grande y la razón de la vida. No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos, por sus hermanos. Eso es lo que ha venido a enseñarnos Jesucristo con el ejemplo…esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día.

Lo que nos revela hoy Jesucristo es que esa es la Voluntad del Padre, que lo veamos, es decir, que lo conozcamos y conociéndolo creamos en Él y no hay otra forma de creer en Él que oyéndolo y haciendo lo que le nos manda. ¿De qué otra forma podemos evidenciar que creemos en Él, sino haciendo lo que nos manda? ¿Y cómo podremos hacer lo que nos manda si no le conocemos, si no oímos lo que nos dice? Jesucristo tiene la respuesta a la más importante interrogante de nuestra vida, como es ¿cuál es el sentido de la vida? La vida tiene un propósito y debemos alcanzarlo por sobre todas las cosas. Debemos descubrirlo, es verdad, para valorarlo. Pero es Él quien nos lo Revela. Por lo tanto, si estamos atentos, en este mismo pasaje del Evangelio nos lo está diciendo. Dios quiere que vivamos eternamente, es decir que aquel Bien sobre todo Bien puesto a nuestro alcance por Gracia de Dios, por Su Voluntad, porque así Le pareció bien, lo prolonguemos por toda la eternidad. ¿Qué propósito puede ser mayor? ¿Qué mejor razón podemos encontrar para orientar adecuadamente nuestras vidas? Si somos razonables, aplicamos todas nuestras facultades y no nos dejamos engañar, encontraremos que no hay nada más elevado, ni más lógico que dedicar la vida que tenemos a conocer a Jesús, a oírle y a hacer lo que nos manda, porque Él ha sido enviado a Salvarnos y lo hace mediante Su Vida y Su Palabra. Dispongámonos a amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos y allí encontraremos consuelo, esperanza y alegría. Estemos siempre dispuestos a dar, antes que a recibir, sin condiciones y sin límites, tal como nos lo enseña Jesús. Tengamos en cuenta que esta es la Voluntad de Dios y si estamos con Dios, quién podrá contra nosotros…esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día.

Oremos:

Padre Santo, permítenos descubrir Tu Voluntad cada segundo de nuestras vidas y seguirla obedientemente, seguros que no habrá nada mejor que hacer lo que has dispuesto…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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