Juan 6,22-29 – La obra de Dios es que crean en quien él ha enviado

Abril 11, 2016

Texto del evangelio Jn 6,22-29 – La obra de Dios es que crean en quien él ha enviado

22. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos.
23. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan.
24. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.
25. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?»
26. Jesús les respondió: «En verdad, en verdad les digo: ustedes me buscan, no porque han visto señales, sino porque han comido de los panes y se han saciado.
27. Obren, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.»
28. Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?»
29. Jesús les respondió: « La obra de Dios es que crean en quien él ha enviado.»

Reflexión: Jn 6,22-29

Es momento de reflexionar ¿por qué buscamos a Dios? ¿Qué es lo que en realidad queremos? ¿Qué es lo que quiere Dios? Es que en verdad andamos muy preocupados por las cosas materiales, por nuestro bienestar mundano y tal vez eso sea lo más natural, porque queremos tener todas nuestras necesidades cubiertas, aunque estas son distintas de una a otra persona y según las circunstancias. Pero hemos de ser sinceros que es muchas veces cuando nos sentimos cercados, por la situación, por las circunstancias que vivimos, que levantamos los ojos al cielo, pidiendo a Dios que nos dé una mano para salir de estas dificultades. La idea no deja de tener cierta lógica dentro de nuestro razonamiento. Claro, si eres nuestro Salvador, ayúdanos a salir de este embrollo. Y ciertamente podemos ver en los evangelios como el Señor ayuda a superar situaciones irreversibles, sobre todo en lo que atañe a la salud, pues realiza muchas curaciones milagrosas e incluso llega a resucitar muertos. Pero, aunque multiplique los panes en una circunstancia muy especial, no va resolviendo exigencias económicas, ni equilibrando presupuestos, ni concediendo caprichos a la multitud que le sigue. Y es que no debemos confundirlo con el “genio de la lámpara maravillosa” dispuesto a concedernos algunos de nuestros deseos más selectos. Jesucristo ha venido por Voluntad del Padre a Salvarnos de algo muy concreto: la muerte. Positivamente, Jesucristo ha venido para que tengamos vida en abundancia. Y es que es Voluntad de nuestro Padre Creador, que Vivamos Eternamente. Esto es lo que Jesucristo alcanza para nosotros. Es en este objetivo que lo encontraremos y que nos tiende una mano. Ellos le dijeron: « ¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: « La obra de Dios es que crean en quien él ha enviado.»

Está claro que es lo que quiere Dios, aquello a lo que ha enviado a Su Único Hijo. Todo lo que quiere, Su obra, es que creamos en Él, porque creyendo alcanzaremos la Vida Eterna. Al final, es alcanzar la Vida Eterna lo que nos debe importar. ¿Y cómo la alcanzaremos? La respuesta nos la da en el texto escogido para nuestra meditación: creyendo en quien Dios ha enviado, es decir, en Jesucristo. Si con eso basta, pues parece muy sencillo y al alcance de cualquiera, el asunto está en comprender lo que quiere decir creer. No se trata de decir creo, creo, creo, en todos los tonos y lugares posibles, sino de mostrar en cada uno de nuestros actos, en cada una de las cosas que hacemos, que creemos. Es decir, que hemos de dar testimonio de lo que creemos con nuestras propias vidas. Nuestros actos, nuestras palabras, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestro proceder, lo que hacemos o dejamos de hacer, debe hablar fuerte y claro de aquello en lo que creemos, aun cuando no abramos la boca. Por lo tanto, creer exige vivir de tal modo que no nosotros, sino los que testifican lo que hacemos se convenzan que efectivamente creemos en Jesucristo. No se trata de una actuación, sino de una forma de vida. Por lo tanto, el que cree, vive según el Espíritu y busca hacer la Voluntad de Dios. La observación que hace Jesús hoy respecto a quienes lo estaban buscando ¿nos alcanza? ¿Por qué buscamos nosotros al Señor? Es esto en lo que estamos invitados a reflexionar hoy. Ellos le dijeron: « ¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: « La obra de Dios es que crean en quien él ha enviado.»

Como vemos Jesús nos está poniendo frente a una encrucijada que debemos responder. ¿Por qué le buscamos? ¿Qué queremos de Él? ¿Es lo que nosotros queremos lo que Él está dispuesto a darnos? Más allá, podemos preguntarnos ¿por qué Jesucristo quiere esto? ¿Será que lo que quiere está por encima de cualquier cosa que pudiéramos querer nosotros? Es decir, ¿será que lo que quiere Jesús es lo más importante, es decir, lo que siendo sensatos debíamos querer? Si creemos en Dios, nuestra respuesta debía ser afirmativa. Es decir, que no hay nada más importante que lo que Jesucristo quiere para nosotros. Tratemos de aproximarnos a la razón de esta respuesta. Pensemos un momento: ¿hay algo más importante que la vida? ¿Podríamos afirmar que sin vida no tenemos nada? Recapacitemos nuevamente…Veamos: nosotros creemos que sí. Si no hay vida, no hay nada. Por lo tanto, el Bien supremo es la Vida. ¿Quién da la Vida? Dios, solo Dios. ¿Por qué? Porque en su Infinito Poder, Amor, Sabiduría y Misericordia, así le parece bien. No es algo que nos deba o que merezcamos. Es un Don, es una Gracia. Eso es la Vida. De allí se desprende que una vez que la tenemos, una vez que la alcanzamos, si tomamos conciencia de ella, lo más importante debía ser conservarla. Sin embargo, la verdad es que la ponemos en juego por otras cosas e incluso la perdemos irracionalmente. Siendo la Vida el Bien más preciado, Dios, nuestro Creador, quiere que la tengamos en abundancia. Es contrario a Su Voluntad que la perdamos, sin embargo está en nuestro libre albedrío ponerla en juego. Como quiera que no es Voluntad de Dios que la perdamos y estando amenazada por el mal, por nuestros caprichos, por nuestra necedad, envía a Su Único Hijo a Salvarnos, es decir a enseñarnos el Camino para sostenerla y tenerla en abundancia. ¿Qué debemos hacer? Primero y antes que nada, tal como nos lo dice aquí: Creer en Él. Si creemos en Él, le escucharemos y creyendo en Él, haremos lo que nos manda. Ese es el Camino de la Salvación: Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Ellos le dijeron: « ¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: « La obra de Dios es que crean en quien él ha enviado.»

Oremos:

Padre Santo, aparta de nosotros la necedad y la soberbia. Haznos sencillos y simples para entender lo que constituye Tu Santa Voluntad, disponiéndonos a acatarla siempre y en todo lugar…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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