Juan 6,1-15 – Este es verdaderamente el profeta

Abril 28, 2017

Este es verdaderamente el profeta

Al ver la gente la señal que había realizado, decía: Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.

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Juan 6,1-15 Este es verdaderamente el profeta

Juan – Capítulo 06

Reflexión: Juan 6,1-15

Los milagros tienen esta propiedad de dejarnos pasmados. Primero los pedimos desesperadamente, porque así es como pedimos cuando el asunto es de vida o muerte; cuando nos encontramos arrinconados, entre la espada y la pared; cuando no tenemos más alternativa y llegamos a la convicción que solo un milagro podría salvarnos. Aunque parezca mentira ello es más frecuente de lo que somos capaces de admitir.

Luego cuando finalmente ocurre el milagro, tendemos a minimizarlo, No falta quien nos hace ver que se trata de una casualidad, que los hechos no son como los recordamos, o que tal vez hay una variable que no estamos considerando. Así, muy pronto volvemos a nuestra rutina y empezamos a vivir con aquel milagro, que conforme pasa el tiempo, vamos minimizado, hasta que llega un momento que lo echamos completamente al olvido.

Sin embargo, los milagros existen y son obras de Dios, que de un modo muy evidente deja ver su presencia entre nosotros, tal como nos lo ofreció antes de ascender al Cielo. Eso es lo que ocurre y se narra en este pasaje. El Señor participa de un modo asombroso y determinante en esta situación. Todos los presentes son testigos de algo excepcional. ¿Cuántos lo recordarán después de unos días? ¿Cuántos cambiaran sus vidas a raíz de este encuentro sobrenatural con el poder de Dios?

Al ver la gente la señal que había realizado, decía: Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.

Es lamentablemente cierto que tendemos a banalizar estas situaciones. Nadie cae de rodillas ante su constatación. Las mencionamos y aceptamos con tal naturalidad que realmente asombra a quienes nos escuchan. Pero este asombro es más bien negativo, porque tiende a depreciar el hecho. La palabra se desacredita y deja de tener el verdadero significado de la presencia única y trascendente de Dios. De allí que se use suerte, fortuna o milagro como sinónimos para explicar un suceso extraordinario pero ya no necesariamente divino.

Como creyentes, nos movemos usualmente entre gente creyente. Tal vez no debía ser así, porque ¿cómo vamos a evangelizar o a quién vamos a evangelizar si nos cuidamos de estar siempre rodeados de creyentes? Lo cierto es que es así. Pero aun entre los creyentes y hasta nos atreveríamos a decir que más entre los más fervientes, se oye con tanta “naturalidad” la narración de un milagro, que invita a cuestionarse si realmente están comprendiendo lo que se les narra.

El escepticismo, la incredulidad y poca fe son tan grandes, que son estos cristianos los primeros que realmente no prestan oído a los sucesos extraordinarios que les narramos, a tal extremo que se enfocan en aspectos totalmente triviales, que terminan por desacreditar el suceso. Nadie está dispuesto a alegrarse demasiado y mucho menos a hacer fuerza común con nosotros para encaminarnos a un reconocimiento eclesial del milagro.

Tal como hemos compartido en estas reflexiones, el viernes pasado 21 de abril, alrededor de las tres de la tarde, es decir en la hora del Señor de la Divina Misericordia, una niña de tan solo 4 años caía desde el 3er piso de nuestra casa. Cayó de cabeza sobre el un piso de piedra y cemento. Lo lógico era que se abriera la cabeza como una sandía o cuando menos se la rompiera, sangrando e hiriendo otras partes de su cuerpito, como son manos, brazos, pies, cuello, columna u otros. Sin embargo no pasó nada más.

Desesperada su madre la cogió en brazos –lo que no debía hacer en estos casos- y la llevamos al primer hospital que pudimos. Allí convulsionó y nos dijeron que estaba muy grave, que tenían que evacuarla a otro hospital donde seguramente sería sometida a una cirugía. Ya al otro lado, los médicos le pusieron una serie de sedantes para mantenerla en observación en Cuidados Intensivos. Así estuvo sábado y domingo. Ya el lunes empezó a dar señales de franca mejoría y desde entonces no ha dejado de recuperarse hasta estar completamente buena y sana, por lo que el día de ayer, jueves a poco menos de una semana del accidente, la enviaron a su casa completamente restablecida, caminando, hablando, sin medicamentos ni mayores recomendaciones.

¿A quién no hemos puesto a orar desde el momento mismo del accidente? Nosotros mismos hemos orado lo más intensamente que podíamos y hemos acudido a todos los grupos de oración y todas las personas que conocemos para pedir por ella. No creemos haber descuidado a nadie. Hemos recurrido especialmente a los más pobres, a los menos favorecidos, a aquellos que saben lo que es el dolor y el sufrimiento. Todos han orado con nosotros y ello hizo posible este milagro.

Pero ni una sola vez sentimos que aquellos, entre los más creyentes entre nosotros, se asombraran al extremo que esperábamos que lo hicieran. Por el contrario, de uno u otro modo nos recomendaron cautela. Y luego, hoy, parece que todos ya dieron la vuelta a la página y se olvidaron del tema. Nadie parece haberse sentido especialmente tocado por esta presencia extraordinaria del poder Dios, que nuevamente nos manifiesta su amor, especialmente a los más inocentes.

Vemos, emocionados, que el Señor está siempre dispuesto a darnos aquello que más necesitamos con tal de salvarnos. Él tiene Sus planes, pero está dispuesto a darnos aquello que pedimos o necesitamos para salvarnos y dejamos librado a Su Buena Voluntad. El Señor nos ama, porque es infinita su misericordia y no nos abandonará si necesitamos su auxilio, tal como lo hizo con esta multitud y como lo hizo con nosotros y Luz de los Ángeles y su madre hace una semana.

Padre santo danos fe.

Al ver la gente la señal que había realizado, decía: Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.

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