Juan 5,33-36 – dan testimonio de mí

diciembre 16, 2016

Dan testimonio de mí

…porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado.

Texto del evangelio Jn 5,33-36

33. Ustedes mandaron enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad.
34. No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que se salven.
35. Él era la lámpara que arde y alumbra y ustedes quisieron recrearse una hora con su luz.
36. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado.

Reflexión: Jn 5,33-36

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Juan 5,33-36 dan testimonio de mí

No perdamos nuestro tiempo en discursos inútiles. Podemos hablar con una elocuencia asombrosa, sin embargo, si no tenemos obras, de nada sirven. No se trata de proclamar tan solo de palabra, son nuestros actos los que deben gritar nuestra fe.

Vivimos tiempos difíciles, en los que parece que todo es llano y parejo. Todos andamos por el mundo evidenciando nuestras tibias convicciones. Acusamos al más ladrón, al peor político, al más cínico, al más mentiroso, al peor asesino.

Es decir, nos hemos acostumbrado tanto al mal, que hemos generados gradualidades para condenarlo. Así, se puede ser perjuro, pero no tanto. Se puede ser corrupto, pero no al extremo. Se admite el adulterio, pero a condición que no sea tan escandaloso.

…porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado.

Y es que la medida contra la cual confrontamos nuestros actos es el “sacrosanto” todos lo hacen. De este modo, si todos lo hacen, no puede ser tan malo. Eso es lo que en la práctica hacemos y lo que enseñamos a nuestros jóvenes y niños.

Estos días en Perú, por ejemplo, hay unos graves casos de corrupción que -como es costumbre-, provienen del gobierno. Uno de ellos le ha costado el Ministerio a uno de los ministros más populares de los últimos tiempos.

Sin embargo quienes lo acusan son tan corruptos o más que el acusado, pero se defienden con los matices. Todos son cómplices de robos de toda clase. Todos están envueltos en escándalos, pero se exculpan por la cuantía, por el monto. ¿O sea que el delito o el pecado es relativo y depende de la magnitud o cuantía?

…porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado.

Claro, argumentamos con cierta lógica maligna, que no es lo mismo robar una gallina que varios millones de dólares. Y aparentemente un robo hace más daño que el otro. Y además, depende quién y cómo lo hace. Los famosos agravantes…

Así, hemos ido asimilando que hay una cuota de perversión, una cuota de maldad, una cuota de engaño, una cuota de mentira a la que todos tenemos “derecho”. Un grado hasta el cual podemos llegar. Un grado que no debemos transgredir.

El problema surge, obviamente, cuando los límites de cada quien son distintos. Y ello ocurre todo el tiempo. Hay uno que impone y exige que se acepte su límite a como dé lugar, incluso por la fuerza. Entonces se apela a toda clase de artilugios y asistimos a la pérdida total de escrúpulos.

…porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado.

Este es el mal ejemplo que cunde en todas nuestras sociedades. No podemos confiar en nadie, porque la moral se ha vuelto laxa. ¿Qué otra cosa se puede esperar si hay pedófilos incluso entre Cardenales? Muchos pretenderán disculpar sus delitos argumentando que al menos ellos no son pedófilos.

Jesucristo nos advierte hoy respecto a la importancia del testimonio. Si hemos de creer en Él, es por Sus obras. Y Sus obras dan testimonio del Padre. Nosotros, como cristianos, debemos dar testimonio de Cristo con nuestras obras.

¿Qué estamos haciendo, cómo nos estamos comportando en el mundo para que lo que hacemos proclame a Cristo? ¿Damos testimonio de amor? ¿Damos testimonio de justicia? ¿Damos testimonio de la verdad?

Detengámonos a pensar un momento en nuestro día y respondamos sinceramente si estamos dando testimonio de Cristo en nuestro hacer cotidiano. ¿Qué podemos cambiar? ¿Qué debemos empezar a cambiar? ¿Qué debemos cambiar HOY MISMO?

Dejemos de adaptarnos al mundo. Pidamos al Señor coraje para mantenernos firmes en la fe. Que nuestras obras, que todo lo que hacemos hable a nuestros hermanos del amor y la fe que tenemos en Dios y la Vida Eterna.

…porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado.

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