Juan 5,31-47 – él escribió de mí

marzo 30, 2017

Él escribió de mí

Porque, si creyeran a Moisés, me creerían a mí, porque él escribió de mí. Pero si no creen en sus escritos, cómo van a creer en mis palabras?»

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Juan 5,31-47 él escribió de mí

Juan – Capítulo 05

Reflexión: Juan 5,31-47

¿Qué nos viene a decir Jesús en este pasaje en buena cuenta? Nos enfrenta con nuestras propias creencias. Los judíos dicen creer en Moisés, porque además han estudiado las Escrituras. Pero el Señor les dice que en realidad no las conocen o las conocen, como solemos decir, por el forro. Es decir, que en realidad no han interiorizado ni asimilado las Escrituras en las que dicen creer, porque si así fuera, Él no necesitaría más credenciales, porque las Escrituras hablan de Él.

La pregunta para nosotros, aquella en la que hoy debemos reflexionar es: ¿nosotros, en qué creemos? ¿No será que respondemos o nos desembarazamos muy rápidamente de esta pregunta y en realidad no decimos nada sólido, porque tenemos puesta nuestra pobre e incipiente fe en argumentos deleznables?

Dicho de otro modo, ¿hemos dado tiempo suficiente en nuestras vidas para responder maduramente la razón de nuestras existencias? ¿En qué creemos en realidad? ¿Hemos profundizado debidamente en este tema o simplemente respondemos cualquier cosa por salir del paso? ¿Cómo podemos creer en Cristo o rechazarlo si no tenemos ninguna base sólida que avale aquello en lo que decimos creer?

¿Si nuestra fe es tan enclenque, tan precaria, no será por el poco tiempo que en realidad hemos dedicado? ¿No será que simplemente aparentamos una u otra posición, pero en realidad no somos nada más que hojas llevadas por el viento? ¿Hoy estamos aquí, mañana allí, según donde sople el viento? ¿Es la moda la que determina nuestras creencias? ¿Es lo comúnmente aceptado, aquello en lo que las mayorías parecen creer, el sustento de nuestra fe?

Porque, si creyeran a Moisés, me creerían a mí, porque él escribió de mí. Pero si no creen en sus escritos, cómo van a creer en mis palabras?»

Siendo libres y maduros, teniendo nuestra propia capacidad de razonamiento y discernimiento, ¿no debíamos esforzarnos por vivir coherentemente, en concordancia con aquello que creemos? No se trata tan solo de responder a la ligera y actuar en función de percepciones, sino de convicciones. Nosotros, como hombres, como seres humanos, dotados de las cualidades necesarias para orientar nuestras vidas a su plena realización, ¿no tendríamos que dedicar el tiempo necesario para responder a todas estas interrogantes con sólidos argumentos?

¿Se ajusta a nuestra capacidad, responsabilidad y dignidad actuar y vivir en función de principios y bases improvisadas o aceptadas sin el debido sustento y reflexión, solamente porque así parecen hacerlo todos? Llega un momento en la vida en que tenemos que hacer un alto y preguntarnos seriamente por las razones de nuestra existencia. ¿En qué creemos? ¿Por qué o para qué vivimos?

El Señor Jesucristo es aquel de quien hablan las Escrituras. Es el Centro de la Historia. Es el Principio, el fundamento y el Fin. Él ha venido trayendo la luz que buscamos y necesitamos para orientar nuestras vidas, dándonos el verdadero sentido, aquel de la plenitud y vida eterna que todos buscamos. Es de este Sentido del que hablan las Escrituras. Él viene a confirmarlo. En consecuencia, para comprenderlo es preciso tener un adecuado conocimiento de las Escrituras. No un conocimiento simulado o superficial, sino el necesario, porque del seguimiento de la Voluntad de Dios que Jesucristo nos ayuda a revelar, depende que alcancemos aquello para lo cual fuimos creados.

Estamos llamados a un destino superior. No podemos conformarnos con nada menos que aquello para lo que fuimos creados. Debemos actuar responsablemente. No nos dejemos llevar por la inercia o la moda. Tomemos las riendas de nuestras vidas.

Pidamos al Señor que nos ilumine y nos permita ordenar nuestras vidas según Su Palabra, de tal modo que vivamos con coherencia y madurez.

Porque, si creyeran a Moisés, me creerían a mí, porque él escribió de mí. Pero si no creen en sus escritos, cómo van a creer en mis palabras?»

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