Juan 5,17-30 – ha pasado de la muerte a la vida

marzo 29, 2017

Ha pasado de la muerte a la vida

En verdad, en verdad les digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.

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Juan 5,17-30 ha pasado de la muerte a la vida

Juan – Capítulo 05

Reflexión: Juan 5,17-30

Juan tiene una forma muy hermosa de dar a conocer a Jesús. Es poético, lleno de alegorías y metáforas. Quizás por eso los especialistas reconocen el evangelio de Juan como teológico. Tal vez por eso, confieso que en un comienzo me parecía un poco enredado y difícil de comprender. Había partes que me parecían verdaderos trabalenguas. Ahora creo que, no es que sea difícil y excluyente en un sentido intelectual, es decir, solo para eruditos y letrados, sino que para entenderlo fluidamente, el discípulo –y todos los somos-, ha de haber adquirido una cierta madurez espiritual; un tono en el que diríamos se comprenden más fácilmente las verdades que nos va revelando Jesús.

Reflexionando estos versículos nos parece que estamos encaminados a rescatar como idea central que todos estamos muertos. De algún modo nos parecemos a esas películas tan de moda de muertos vivientes. Y es que, mientras no conocemos y creemos en Jesús, deambulamos perdidos en el mundo de las sombras, en el mundo de la oscuridad y la muerte.

Jesucristo es la luz que atraviesa e ilumina este mundo, señalándonos el Camino. Una vez que, sumidos en este mundo oscuro, vemos la luz, debemos aferrarnos a ella, no dejarla por nada y seguirla. Es como el mito tan conocido aquel, de la caverna de Platón, que sugiere que toda la realidad se produce fuera de la caverna y nosotros estamos adentro viendo tan solo sombras, siluetas o representaciones de esta realidad.

Pues, en tanto no conocemos y creemos en Jesús, nosotros somos como aquellos hombres encadenados a la caverna de Platón, y en este sentido estamos muertos. Somos cadáveres deambulando por un país de sombras y de muerte, en el cual vivimos sin vivir. Somos como parásitos que nos comemos uso a otros por el temor a morir, con lo que en realidad lo único que hacemos es paliar un poco la muerte en vida que llevamos, atrapados en un círculo vicioso que resta todo sentido posible a la existencia.

En verdad, en verdad les digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.

¿Para qué vivir así? Han de preguntarse los hombres en tal situación. ¡Qué sino tan siniestro, estar condenados a matarse unos a otros para finalmente también morir! Y es que sin Jesús no hay ninguna esperanza. Pero con Él brilla la luz de una nueva vida, de una esperanza que surge de pronto para todos, tal como había sido anunciado desde antiguo por los profetas. Él es la Puerta que nos lleva a la Vida Eterna y con ella a la razón de nuestra existencia.

Este “valle de lágrimas” no es nuestra patria, sino tierra de paso que tenemos que atravesar para llegar al Paraíso prometido. Jesucristo, el Hijo de Dios vivo, es la garantía, la evidencia que nos hacía falta para comprender el Plan de Dios reservado para cada uno de nosotros. Un Plan en el que la tristeza y la muerte se cambian en vida y alegría. Solo hay que oír y seguir el Camino del amor que traza Jesucristo.

Así, la escalera que habrá de sacarnos de este abismo es la cruz de Cristo, que no es otra cosa que la expresión más sublime del amor de Dios por nosotros, que se levanta frente a nosotros como la señal que marca el Camino que habrá de sacarnos del cautiverio al que estamos sujetos. Así, la Cruz de Cristo se convierte en signo y señal de emancipación, de libertad y de vida eterna.

El Señor ha venido a librarnos de la muerte. Lo vemos y creemos en Él o moriremos para siempre. El Señor ha venido a salvarnos. El juicio consiste en que Él vino a salvarnos, pero muchos de nosotros no le creímos y seguimos hundiéndonos en el fango. Debemos entender que creer, en el lenguaje de Jesús que conocemos por los evangelios, significa no solo confesar la fe, sino actuar en función de ella, aun cuando solo sea dando el primer paso o poniéndonos en camino y dejando el resto en manos del Señor.

El que lo ve y lo sigue no incurre en juicio, dice el Señor. Es decir que ya está salvado, pasando de la muerte a la vida. La vida es una y para siempre. Vive el que le ve y cree en Él. El que vive, ya no puede morir. Todos estamos llamados a la vida. Todos hemos sido llamados a vivir por Jesucristo. Él es la fuente de la vida. Él ha venido para que tengamos vida en abundancia. Él es la Vida; el que cree en Él vivirá eternamente.

Padre Santo, quita la venda de nuestros ojos para que podamos ver y creer en Jesucristo, poniéndonos inmediatamente en camino; te lo pedimos por Tu Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo. Amén.

En verdad, en verdad les digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.

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