Juan 4,43-54 – Tu hijo vive

marzo 12, 2018

Tu hijo vive

“Si no ven signos y prodigios ustedes, no creen. El funcionario insiste: Señor baja antes que se muera mi hijo. Jesús le dice: Vuelve a casa, tu hijo vive.”

Lunes de la 4ta Semana de Cuaresma | 12 Marzo 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Tu hijo vive

Nadie en el universo puede dar tan categóricamente esta noticia, que es el resultado de Su Voluntad. Jesús no quiere que suframos y se compadece de todo aquel que, en su camino, sale a pedirle de todo corazón.

El episodio nos da todas las evidencias para creer. ¿Qué más queremos? Se trata de una curación remota a un joven que moría y se produce al momento en que el Señor lo afirma. No es preciso verlo, ni tocarlo, ni saber exactamente lo que tiene.

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El Señor tiene todo poder para curar, sanar, resucitar, en fin, hacer cualquier cosa que le pidamos con fe. Poco importa quien se lo pida, ni las circunstancias. Basta que Él tenga la Voluntad de conceder este milagro, y lo hará a quien se lo pide con fe.

Lo importante entonces es la fe. Aquella que debe brotar de nuestros corazones, los cuales el Señor puede ver sin mayor trámite. Jesucristo es Dios. Cualquier cosa que pidamos a Dios con fe, si creemos que lo hemos conseguido, así será.

La fe es imprescindible. ¿Hay algo que podamos hacer para alcanzarla y fortalecerla? Orar, pidiendo incesantemente este Don. La capacidad de Dios de obrar milagros es permanente. No cesa jamás. No se desgata. No quebranta ni se adormece.

Es nuestra fe la que se debilita, la que flaquea, la que titubea. Obviamente, el problema somos nosotros, no el Señor. Por eso debemos pedir incansablemente que fortalezca nuestra fe. Porque todo lo podemos con Él. Y, sin Él nada somos.

Pongamos en orden nuestras vidas. Dejemos todo lo accesorio y dediquémonos en forma exclusiva a lo que de verdad importa. Pongámonos en acción. Manos a la obra. Empecemos ahora. Dejemos todo aquello que nos distrae. Aquello que nos saca del Camino.

Nuestra vida ha de estar dedicada a esta Misión. ¿Cuál? Pedir a Dios que nos de fe, para hacer Su Voluntad. Él nos dará todo lo necesario. Solo debemos creer que lo hemos conseguido y así será, sin importar nada más.

Y si lo pensamos bien ¿qué será en realidad todo lo que habremos de pedir? Enfoquémonos en nuestra salvación que es lo más importante. Como se suele decir respecto a las leyes. El que puede lo más, puede lo menos.

Siendo así, ¿por qué detenerse en sutilezas? ¿Por qué no ir de frente al fondo? ¿No sería lo correcto? Pidamos al Señor que se haga Su Voluntad. ¿Qué puede ser mejor? Que se haga Su Voluntad en nuestras vidas, hoy, mañana y siempre.

Vamos a lo seguro. Pongamos en orden nuestras vidas y pidamos lo que en verdad importa. No todo es cuesta arriba y empinado. Y nada es lo suficientemente grade y poderoso como para impedir que se haga la Voluntad de Dios.

Por eso Jesucristo nos enseña cómo orar. No da lo mismo cualquier oración. No somos nosotros los que debemos decidir cómo oramos. Es Él quien nos dice cómo hacerlo. Por eso es el Padre nuestro la oración por excelencia.

En ella encontramos todo lo que debemos pedir, ni más ni menos. Empecemos ahora. Repitámosla una y otra vez. Con devoción y fe. Pensando, meditando y reflexionando en cada una de las palabras. Eso es cuanto nos corresponde. El resto dejémoslo en manos del Señor.

Oración:

Padre Santo, concédenos la Gracia de orar con fe, dejando todo lo que somos y queremos en Tus manos, porque Tu sabes lo que necesitamos y todo lo que hay en nuestras mentes y corazones aun antes que lo pronunciemos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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