Juan 3,13-17 – para que el mundo se salve

Septiembre 14, 2015

Texto del evangelio Jn 3,13-17 – para que el mundo se salve

13. Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
14. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre,
15. para que todo el que crea tenga por él vida eterna.
16. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
17. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Reflexión: Jn 3,13-17

Dos ideas atraen enormemente nuestra atención en este texto; dos ideas sobre las que trataremos de reflexionar. La primera es que hay que creer, porque solo el que cree no perecerá, por lo tanto, tendrá vida eterna. Para eso ha venido al Señor, para traernos vida en abundancia. Pero se trata de una abundancia como la que no hemos visto jamás, pues no se habrá de agotar nunca. Estos conceptos son muy fáciles de abarcar en palabras y por eso seguramente no llegamos a entender su dimensión y las oímos sin asombrarnos en la proporción de la idea que se está expresando. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Dios Padre, tal como nos ha revelado Jesús, ha enviado a su Hijo único…Detengámonos un momento…¿Qué estamos diciendo? Dios ha entregado a Su Hijo. ¿A quién lo ha entregado y por qué? Pues nos lo entregó a nosotros o a un grupo de humanos, a una sociedad muy parecida a aquella en la que hoy vivimos. A una sociedad muy representativa del género humano, la cual lo recibió, pero no llegó a identificarlo como tal, por más que Él se lo dijo en varias oportunidades. No le quisieron creer porque Él demandaba que le siguieran y seguirle implicaba tener que dejarlo todo: riquezas, privilegios, comodidad, poder, etc. ¿Por qué? Porque este señor, diciéndose Hijo de Dios, lo que no fue suficientemente probado para los judíos y fariseos, decía que había que hacerlo. ¡Ni hablar! ¿Por qué habíamos de creer en Él? Esa fue la respuesta. Es decir, no creemos y creer es menester para alcanzar la vida eterna. El que no cree, no encuentra razones para hacer lo que Cristo manda y entonces no se salva. ¿Y por qué no cree? Se resiste porque tiene demasiado y no está dispuesto a arriesgarlo corriéndose un albur. ¿Es que no ha visto suficiente? ¿Es que Cristo no le ha llegado a convencer que es Hijo de Dios? ¿Es que no comprende o acepta el significado de Dios? Todas palabras muy grandes, que no llegamos a abarcar en su verdadera dimensión con los vocablos que expresamos. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

La segunda palabra es salve o salvar. ¿Por qué tenemos que creer? Para salvarnos; porque solo se salva el que cree. Jesús ha venido a salvarnos, de allí su afán, su esmero permanente en que le creamos. Él hace todo para que le creamos y lo hace de modo convincente. Entonces, ¿por qué muchos no le creemos? Ya lo hemos dicho antes: creer significa renunciar a muchas cosas, a las cuales no estamos dispuestos a renunciar, por algo que no llega a convencernos. Cristo, a pesar de todo lo que ha hecho, no logra convencernos. Y, ahora a la distancia mucho menos. No nos constan sus milagros, porque no los hemos visto, sino que debemos confiar en el testimonio de unos judíos que vivieron hace 2mil años, que eran gente humilde y del pueblo y que según nuestra experiencia, son siempre los mismos que inventan leyendas y mitos. Son siempre los pobres y humildes los que están detrás de estas historias, con la idea que alguien los reivindicará, los redimirá y los sacará de la esclavitud en la que se encuentran sumidos, dedicados a servir a los más poderosos política, religiosa, económica y militarmente. Se entiende que esta gente se aferre a esta esperanza, puesto que de otro modo no tendrían nada en qué apoyarse y caerían en el absurdo, en el vacío de una vida sin sentido. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Pero ¿de qué nos quiere salvar Jesús? De la muerte, de la oscuridad, de la noche, de la mentira, en una palabra, de la infelicidad eterna. ¿Existe el peligro de caer en este absurdo, o se trata simplemente de temores infundados, propios de gente ignorante y crédula? ¿Hay algo más? No es tan solo que Jesús ha venido a salvarnos, sino que para eso ha sido enviado por Dios. Esa es la razón, el motivo de su venida al mundo. Si este es el motivo, lo menos que podemos hacer es prestarle atención. No es solamente un gesto de cortesía y respeto, sino incluso de interés. ¡Claro! Si ha venido a salvarnos y si es Dios, seremos unos necios si no le creemos y nos dejamos salvar. Hemos de preguntarnos y preguntarle ¿qué hay que hacer para salvarnos? El Señor quiere que cada día afrontemos esta lucha con entusiasmo, con la seguridad que el triunfo definitivo será nuestro, porque para eso ha sido enviado y no dejará de cumplir su Misión. Si todo esto es cierto, ¿no debería bastar para creer y esforzarnos por hacer lo que nos manda? ¿Es que hay alguien que no quiera vivir eternamente? ¡Nada puede ser mejor que esta promesa! Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Finalmente, muchos cristianos que no hemos comprendido estos pasajes, entre los que incluso se cuentan religiosos y religiosas, andan extremadamente preocupados con la culpa, es decir con la condena que habrán de merecer por sus culpas, porque se han quedado con la idea de un Dios que es Juez Supremo e implacable. Sin embargo Jesús se preocupa en hacer que entendamos específicamente que Él no ha venido a juzgar al mundo, sino a salvarlo. Existe una diferencia sustancial entre juzgar y salvar. El que juzga tiene la potestad para condenar o salvar, según la aplicación de su criterio en la evaluación de hechos y pruebas. Pero, según sus propias palabras, Cristo no ha venido para juzgarnos, sino para salvarnos. Es decir que, o ya estamos condenados previamente o no interesa si estamos condenados o no, ni lo que pudiéramos haber hecho para merecerlo, Él ha venido a salvarnos y lo hará. El único requisito es creamos en Él. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Oremos:

Padre Santo, aumenta nuestra fe, para que seamos dignos ae alcanzar las promesas de nuestros Señor Jesucristo…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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