Juan 3,11-16 – Dios amó tanto al mundo

Octubre 28, 2016

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.

Texto del evangelio Jn 3,11-16 – Dios amó tanto al mundo

11. Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.
12. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo?
13. Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
14. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto,
15. para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.
16. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.

Reflexión: Jn 3,11-16

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Juan 3,11-16 Dios amó tanto al mundo

Nuestro gran problema es la fe. Es por falta de ella que aun seguimos deambulando en este “valle de lágrimas”. Inicialmente no comprendemos lo que pretendemos cuando decimos fe. Imaginamos que se trata de una confesión de labios para fuera.

Luego pensamos en ella como algo mágico. Un poder especial que tienen solo algunos escogidos. Algo que puede permitirnos hacer cosas extraordinarias. Curar, sanar, adivinar, aparecer, desaparecer, atravesar paredes, trasladarse a la velocidad del pensamiento, etc.

Pensamos que el que tiene fe, tiene todo el poder para hacer lo que quiera. ¿Qué hay que hacer para tener tremenda fe? Parece algo misterioso que tiene que ver con el dominio y control de ciertas fuerzas ocultas. Una suerte de disciplina oriental o mágica.

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.

Sin embargo, nada de lo que acabamos de decir tiene que ver con lo que nos dice Jesucristo. Fe es ante todo creer. ¿Creer qué o en quién? Creer en Dios. Creer que Jesucristo es el Hijo Único de Dios. Pero no basta confesar que creemos con los labios.

Para Jesucristo, el que cree ha de demostrarlo con sus hechos. En otras palabras, no es un asunto que tenga que ver con recitar determinadas fórmulas mágicas. No es un asunto que se confiese con palabras, sino con decisiones y hechos.

El que cree, actúa conforme a lo que dice creer. El que cree, ama al prójimo, sin ninguna condición, ni interés. Lo ama porque lo considera hermano, hijo de un mismo Padre. Lo ama incluso sin merecerlo, del mismo modo en que Dios nos ama.

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.

Creer en Dios y su Único Hijo Jesucristo es estar dispuesto a hacer Su Voluntad hoy y siempre, sin importar lo que ello nos demande. Como Abraham, que estuvo dispuesto a sacrificar a su propio hijo por Dios. Este es el extremo que debemos estar dispuestos a cumplir toda la vida.

No, no es fácil, ni es lo que nos brota al primer momento. Tenemos que esforzarnos y educarnos. Aprender a dominar nuestro egoísmo, nuestra vanidad, nuestra soberbia, nuestro orgullo. Ser cristianos es ser distintos. Es creer que provenimos de un mismo y único Padre.

En creer está nuestra salvación. El que cree vivirá eternamente. El que cree, amará a Dios en sus hermanos. El que cree, ya ha sido salvado por Jesucristo nuestro Señor.

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.

Oremos:

Padre Santo, solo te pedimos una cosa: que nos des fe. Haz que ella sea creciente en nosotros. Que no haya un solo día que no te confesemos a nuestros hermanos con nuestras propias vidas…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Juan 3,11-16 Dios amó tanto al mundo

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