Juan 2,13-22 – No hagan de la Casa de mi Padre una casa de mercado

Noviembre 9, 2015

Texto del evangelio Jn 2,13-22 – No hagan de la Casa de mi Padre una casa de mercado

13. Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
14. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos.
15. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas;
16. y dijo a los que vendían palomas: «Quiten esto de aquí. No hagan de la Casa de mi Padre una casa de mercado.»
17. Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará.
18. Los judíos entonces le replicaron diciéndole: «Qué señal nos muestras para obrar así?»
19. Jesús les respondió: «Destruyan este Santuario y en tres días lo levantaré.»
20. Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
21. Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo.
22. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.

Reflexión: Jn 2,13-22

El Señor nos ama, siendo así, no puede querer nada más que nuestro bien. ¿Qué lo lleva a actuar con tal energía? ¿Qué puede llevarle al extremo de perder la calma y echar a los mercaderes del templo? Tratemos de profundizar en nuestra reflexión. No nos quedemos en la periferia. Es correcto, le molesta encontrar puestos de compra venta a la entrada del templo. Se trata evidentemente de un negocio que obtienen utilidades a partir del deseo que tienen algunos hermanos de acercarse a Dios, de reconciliarse con Él, que quieren conseguir una Gracia o quieren agradecer por la Gracia obtenida. Todas motivaciones comprensibles e incluso loables. ¿Qué le molesta al Señor? ¿Qué se hagan transacciones cuyo monto pudiera variar según la Gracia a pedir o la culpa a aplacar? Si, pudiera ser que poco a poco se hubiera ido elaborando una lista con productos distintos, con variedad de precios, según la magnitud de la Gracia o el Perdón a pedir. Es decir que una casta de comerciantes, ventajosamente posicionados a la entrada del Templo, lucraban con la devoción del pueblo. ¿Cómo no molestarse si de este modo se estaba desnaturalizando por completo la relación de los hombres con Dios, supeditándola al pago de un emolumento, que solo beneficiaba a los comerciantes? Dios no tenía nada que ver con estos pagos que en realidad constituían el lucrativo negocio de algunos comerciantes que seguramente pagaban a las autoridades del templo por la ubicación, cuando no un porcentaje de las ganancias, en la modalidad que fuere. Para quien ha sentenciado que no se puede servir a dos señores, a Dios y al Dinero, esto tendría que constituir una afrenta, dado que lo que se estaba comercializando a las afueras del templo era el acceso a la Gracia y/o el Perdón, haciendo de este modo un negocio de la devoción y la fe del pueblo, desnaturalizándola…desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: Quiten esto de aquí. No hagan de la Casa de mi Padre una casa de mercado.

El Señor tenía razón de estar molesto y tendríamos que preguntarnos si no volvería a hacer lo mismo. ¿Hemos cumplido su voluntad de erradicar a los mercaderes del templo, o hemos hecho de la religión, la fe y la devoción uno de los más exorbitantes negocios. El lujo, el boato y la opulencia de algunos templos así lo delatan. ¿Cómo se construyeron? ¿Qué cantidad de salarios fue necesario cubrir para culminar su edificación? ¿De dónde salió este dinero? De donaciones, seguramente, donaciones que desde el comienzo recibió la Iglesia, que por ningún motivo pueden considerarse el precio a pagar para alcanzar la vida eterna, lo que sin embargo no podemos garantizar que no se haya negociado incluso como indulgencias. La fe no puede representar por ningún motivo un negocio, porque no hay nada que podamos comprar y si hubiera algo, fue pagado con la preciosísima sangre de Jesús, que vale más que todas las riquezas del mundo, desde sus inicios hasta el fin de los tiempos. Así, no hay nada a la venta y si lo hubiere, ya ha sido pagado con la sangre de Cristo, por lo que cualquier negociación al respecto es sencillamente abominable…desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: Quiten esto de aquí. No hagan de la Casa de mi Padre una casa de mercado.

Pero hay algo más que está en el fondo de esta reacción. Es la lucha constante que tenemos entre Dios y el Dinero, que habiéndola vencido Dios, como corresponde, no hemos dejado sus grilletes y seguimos aferrándonos a su acumulación y a su rentabilidad como el valor más preciado. Decimos creer en cristo y en Dios, sin embargo no somos capaces de desprendernos un ápice de nuestra fortuna y seguimos dependiendo de todo aquello que nos puede dar la riqueza, para distinguirnos y sustentar nuestra posición económica, social y política. Seguimos valorando a las personas por lo que tienen y no por lo que son. Los mandamientos de Dios tendrían que obligarnos a desprendernos del Dinero, pero desgraciadamente pocas veces ocurre así. Pretendemos adoptar una posición intermedia, que en realidad no existe, así que cuando creemos estar en un justo medio, en realidad estamos favoreciendo al Dinero y en contra de Dios. Podemos inventarnos mil teorías y argumentos, pero lo cierto es que quien está con el Dinero, no puede estar con Dios, porque el que no recoge con Dios, desparrama. El que no está con nosotros, esta contra nosotros. El cielo no se compra sino con la propia vida y la vida no tiene precio. Hemos de ser capaces de darla para ganarla por toda la eternidad. Esto quiere decir que llegado el caso hemos de estar dispuestos a darla por Dios y nuestros hermanos, sin ninguna condición. He ahí la diferencia fundamental entre un mundo construido entorno a Dios y uno entorno al Dinero. El amor de Dios es Incondicional, así que un mundo a imagen de esta relación no exigirá condiciones, ni nada a cambio del amor. En cambio en el mundo del Dinero, la rentabilidad, la utilidad, es decir, la retribución son imprescindibles. Por eso el Señor no soporta que se desarrollen actividades comerciales en la Casa de su Padre, que bien visto es el mundo entero y por supuesto, cada uno de nosotros…desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: Quiten esto de aquí. No hagan de la Casa de mi Padre una casa de mercado.

Oremos:

Padre Santo, aleja de nosotros la mentalidad utilitarista, que busca beneficios en todo lo que hace, como si el motivo de nuestra existencia fuera acumular riquezas. Que entendamos que el amor debe ser gratuito e incondicional…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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