Juan 21,20-25 – ¿qué te importa? Tú, sígueme

junio 3, 2017

¿Qué te importa? Tú, sígueme

Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.»

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Juan 21,20-25 – ¿qué te importa? Tú, sígueme

Reflexión: Juan 21,20-25

El Señor nos enseña en este texto a ser discretos, a no andar con chismes ni especulaciones respecto a los demás. Ocupémonos del seguimiento del Señor, especialmente en lo que concierne a nosotros, puesto que el Señor se ocupa de aquellos que están bien encaminados. Confiemos en Él y en nuestros hermanos.

Muchas veces somos víctimas de envidia y nos dejamos llevar por bajas pasiones, que, sobre todo en el caso de quienes tenemos cierto recorrido, no deben darse. Nuestro deber es evangelizar, es decir, llevar la Palabra de Dios a quienes no la conocen, a fin que se conviertan y se bauticen. Esta es una tarea común.

Todos cuantos hemos sido tocados por el Señor, hemos de seguirlo. Cada quien desde el carisma que le toque. No debemos perder tiempo en un excesivo celo en lo que hacen los demás hermanos, que para eso también ellos cuentan con el Espíritu Santo. Confiemos en Dios y en nuestros hermanos.

Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.»

Muchas veces esta situación se da  entre los sacerdotes y los laicos, que por exceso de celos y hasta envidia los sacerdotes tratan de opacar e inclusive no darles espacio a los laicos, como si ellos no pudieran también contar con el auxilio del Espíritu Santo para hacer lo que Jesucristo nos manda.

Ocupémonos de nuestro seguimiento. Seamos estrictos en ello y concedamos cierta libertad a nuestros hermanos, con cada uno de los cuales el Señor tiene un Plan especial, un Plan “personalizado”. No pretendamos todos hacer lo mismo, porque hay diferentes carismas y por lo tanto diferentes formas de agradar a Dios.

Jesucristo no descarta a ninguno de nosotros, pero nos quiere ocupados en Su seguimiento, que en cada caso puede tomar diferentes manifestaciones externas, dependiendo de nuestros carismas. Habrá quienes lleven la Palabra del Señor, otros que la recuerden, otros que la escriban. Somos un solo cuerpo con diferentes funciones que habrá de funcionar con armonía y sincronía.

Pero esta Dirección es cuestión de Dios. Él nos muestra el Camino que nosotros debemos disponernos a seguir, sin que lo que hagan o dejen de hacer los otros tenga por qué quitarnos el sueño. Somos parte de un mismo cuerpo y cada quien debe cumplir sus funciones, confiando plenamente en el Señor.

Padre Santo, te pedimos que nos ilumines con la luz del Espíritu Santo, para hacer siempre lo que debemos, confiando en ti y sabiendo que nunca estarán nuestros hermanos en mejores manos que en las tuyas, te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor… Amén.

Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.»

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