Juan 21, 1-14 – Echen la red a la derecha

Abril 1, 2016

Texto del evangelio Jn 21,1-14 – Echen la red a la derecha

1. Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera.
2. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.
3. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar.» Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo.» Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
4. Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
5. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tienen pescado?» Le contestaron: «No.»
6. Él les dijo: «Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán.» La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces.
7. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el vestido – pues estaba desnudo – y se lanzó al mar.
8. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.
9. Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan.
10. Díceles Jesús: «Traigan algunos de los peces que acaban de pescar.»
11. Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red.
12. Jesús les dice: «Vengan y coman.» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor.
13. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez.
14. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Reflexión: Jn 21,1-14

¿Qué nos llama la atención en estos hechos? ¿En qué nos invita a reflexionar hoy la Palabra de Dios? Habrá muchas formas de abordar este evangelio seguramente, pero nosotros escogemos tres que brotan inmediatamente, no bien terminamos de leer el texto. Primero, lo primero: Jesucristo ha Resucitado. Este es un hecho sobre el que no debe caber duda alguna y del que hay testigos. Jesús se presentó hasta en tres oportunidades hasta ese momento, tal como nos lo relata Juan. Y a estas alturas tenemos que repetir con Pablo, y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe (1 Corintios 15,15). Por favor no minimicemos ni pasemos por agua tibia este suceso, que es CENTRAL. Si Cristo ha triunfado sobre la muerte, esta es la evidencia y si lo ponemos en duda, si no creemos en ello, seremos simpatizantes de un hombre muy interesante e incluso admirable, como algunos otros en la historia, pero no bastará para llamarnos cristianos, porque nosotros creemos en un Cristo que no solo es hombre, sino Hijo de Dios y como tal, la segunda persona de la Trinidad. Jesucristo es Dios. Es Él quien nos presenta a nuestro Padre Creador y el que resume para nosotros toda la Ley y los profetas en los siguientes dos mandamientos: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Esto es lo que tenemos que obedecer, en toda ocasión. ¿Cómo podremos hacerlo si no creemos? Nuestra FE se consolida por esta manifestación fundamental y trascendente del Hijo de Dios. Nada puede superar ni remover esta convicción. Y todo lo tendremos en nada, sino actuamos en función a esta confesión. Ella es nuestro norte. Jesucristo ha Resucitado, luego todo lo que nos Reveló, es Verdad, tal como Él mismo lo definió cuando nos dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Él les dijo: « Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán.» La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces.

En segundo lugar Jesús manda, Jesús ordena. Jesús no sugiere. No dice a los discípulos porque no prueban hacer esto o aquello. Les dice lo que deben hacer, dónde y cuándo. Y los discípulos acatan. ¿Por qué? Porque a Dios le debemos obediencia. ¿Por qué? Porque es de necios o incrédulos desobedecer a Dios, ya que siendo Dios, tiene una visión Real y Verdadera de las cosas y por lo tanto no se puede equivocar. Dios no se equivoca. Y si Dios se ha tomado el tiempo para decirnos lo que debemos hacer y si naturalmente queremos hacer lo mejor, lo correcto, lo certero, hemos de hacer lo que nos manda. En Dios no hay error. Pero hay que creer en Él para sentirse TOTALMENTE seguros obedeciéndole. Nada será mejor que hacer lo que Dios manda. De modo general sabemos que es lo que Dios nos manda en cada ocasión. Basta tomar estos dos mandamientos y analizar la situación que enfrentamos comparándolo con lo que Dios nos manda. Hemos de ajustarnos al 100% a ello. ¿Es eso posible? Aquí se manifestarán nuestros escepticismos y no faltarán quienes nos digan que no es posible y nos desanimen. Allí entra a tallar el tercer punto en el que habremos de meditar hoy. Él les dijo: « Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán.» La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces.

Más de uno ya habrá captado en qué consiste el tercer tema de reflexión. Jesús está con nosotros, nos acompaña hasta el final de los tiempos. Todo lo que tenemos que hacer es creerle y obedecerle, el resto lo hará Él. La evidencia la vemos en este pasaje. Los discípulos habían estado trabajando toda la noche y no sacaron nada, pero todo es que Él interviene y la balsa casi se hunde. Con Jesús tenemos el éxito asegurado. Solamente debemos hacer lo que nos manda y no desmayar en el esfuerzo. Entreguémoslo todo que lo peor que puede pasar es que alcancemos la Vida Eterna. Que no es fácil, que nos da temor. Pues es cuestión de decisión. Se trata de educarnos en la fe día a día, esforzándonos por avanzar un poco más cada vez, hasta que llegue el momento en que estemos preparados para hacer verdaderos prodigios. Tenemos que creer en Dios y creer es confiar plena y absolutamente en Él. Nada, ni un solo cabello de nuestras cabezas cae sin que Él lo consienta. Abandonemos nuestras dudas, temores y reparos y entreguémonos ciega y decididamente a lo que nos manda el Señor, sin esperar nada a cambio. La recompensa llegará de todas maneras, si no es en esta vida, en la otra, y siempre tendremos su consuelo y su aliento, porque Él está con nosotros. Quien tiene a Dios NADA LE FALTA. Él les dijo: « Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán.» La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces.

Oremos:

Padre amado, te agradecemos porque nos permites volver para seguir compartiendo meditaciones y reflexiones de tu admirable e inconmensurable amor. Acrecienta nuestra fe…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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