Juan 20,24-29 – no seas incrédulo

julio 3, 2018

no seas incrédulo

“Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.»”

Martes de la 13ra Semana del T. Ordinario | 03 de Julio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

no seas incrédulo

Las palabras que el Señor dirige a Tomás deben resonar en nuestras mentes y corazones como dichas a nosotros, porque muchas veces caemos en una incredulidad práctica. ¿Qué quiere decir esto? Que decimos creer, pero nuestra fe no se manifiesta en obras.

Y, ya sabemos lo que se dice de una fe sin obras: es una fe muerta. No sirve para nada decir e incluso jurar que creemos, si con nuestras obras no damos testimonio de esta fe, todo lo que digamos no sirve de nada.

no seas incrédulo

Tengamos en cuenta que la fe no es capacidad que podemos desarrollar por nuestra cuenta y según nuestro esfuerzo. La fe en Dios es Gracia que solo Él puede darnos. Por lo tanto, si no crece en nosotros como algo innato, quiere decir que debemos pedirla.

Para eso el Señor nos ha dejado y enseñado a utilizar tantos recursos, entre los que debemos destacar la oración y los Sacramentos. En el Padre Nuestro, luego de alabar a Dios pedimos aquello que debe ser una constante en nuestras vidas: que se haga Su Voluntad.

Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.»

Abrirnos a aceptar la Voluntad de Dios, al extremo de implorarla es el modo en que el Señor nos enseña a pedir la fe. Porque ¿de qué otro modo podemos entender el pedir que se haga Su Voluntad, sino es plegándonos a ella?

¿Y, cómo habríamos de plegarnos a la Voluntad de Dios sino es por la fe? “Hágase Tu Voluntad”, no es admitir implícitamente que no importa lo que Él disponga que se haga, estamos dispuestos a acatar? ¿Si eso no es fe, qué cosa es?

Si nos hemos acostumbrado a repetir de memoria el Padre Nuestro, sin reflexionar en lo que decimos, hagamos un esfuerzo por rezarlo varias veces al día en forma pausada. En el Rosario lo hacemos por lo menos cinco veces.

Si podemos hacerlo muy lentamente tanto al iniciar el día como al terminar, nos servirá como complemento ideal para hacer nuestro ofrecimiento de obras por la mañana y nuestra acción de gracias al finalizar el día. Pidamos fervientemente que se haga Su Voluntad.

Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.»

Poco a poco nos iremos abandonando a ella, lo que constituye un acto de fe. Dejemos que sea el Señor el que gobierne nuestras vidas. Definitivamente lo hará mejor que nosotros. Aprendamos a depositar nuestra confianza en Él.

Pidámosle que nos de la Gracia de la fe, que no es otra cosa que abandonarnos a Su Voluntad. Ponerle a Él en primer lugar en nuestra agenda. Tomar conciencia cada mañana, cada día, cada momento que habremos de hacer lo que sea Su Voluntad, no la nuestra.

Es preciso mucho discernimiento para separar y distinguir lo que proviene de Él, de lo que proviene de nuestros deseos y preferencias. Nuestra fe ha de ser tan grande y firme que estemos dispuestos a hacernos esclavos de Su Voluntad.

Esta es la única esclavitud que nos conduce a la libertad, porque esa es la Voluntad de Dios, que seamos libres, felices y plenos en el Reino de los Cielos. Pidamos a Dios que nos ayude a proceder siempre con generosidad, justicia, amor y misericordia.

Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.»

Frecuentemos la Eucaristía que es la forma en que Jesucristo ha querido quedarse entre nosotros, como verdadera comida y verdadera bebida, para que alcancemos la Vida Eterna. Solo tendremos vida en Él si nos unimos a Él a través de la Eucaristía.

No menospreciemos este Don magnífico que Jesucristo ha querido poner a nuestro alcance a través de su Santa Iglesia. Esta es precisamente una manifestación externa de fe en nuestro Salvador. No es la única posible, pero es la que Cristo quiso instituir en la Última Cena.

La Comunión es una forma sobre natural de unirnos con Jesucristo, haciéndonos uno precisamente para hacer Su Voluntad en nuestras vidas. Esta es la mejor garantía que estaremos transitando por el Camino que nos conduce a la Vida Eterna, propósito de nuestras existencias.

Oración:

Padre Santo, te pedimos que nos concedas la Gracia de a fe, para hacer Tu Voluntad en nuestras vidas y de este modo alcanzar la Vida Eterna. Envíanos Tu Espíritu Santo y Divino para que nos guíe hasta la Verdad completa. No permitas que caigamos en la insensatez de la tentación. No dejes que nos extraviemos siguiendo cantos de sirenas. ¡Danos fe! Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

(19) vistas

Deja un comentario