Juan 19,25-27 – Aquí tienes a tu madre

Septiembre 15, 2016

«Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Texto del evangelio Jn 19,25-27 – Aquí tienes a tu madre

25. Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
26. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo».
27. Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Reflexión: Jn 19,25-27

juan-19-26

Juan 19,25-27 Aquí tienes a tu madre

Para nosotros, los seguidores de Cristo, estas palabras tienen un especial significado, porque habiendo reconocido que Jesucristo es Hijo de Dios, por lo tanto Dios mismo, en uno de los momentos culminantes de Su Misión Salvadora, a través de Su discípulo más querido nos hace entrega nada menos que a Su Madre.

Para quien alguna vez ha amado en su vida, más aun, para quien ha tenido la Bendición de tener madre y un buen amigo, considerado como hermano, que en el momento de su muerte este decida encomendarte a su madre y viceversa, tiene que constituir un acto cuya trascendencia marcará significativamente nuestras vidas.

La madre, que nos dio a luz, que por lo tanto nos trajo al mundo es, ha sido y será por siempre digna de un amor especial, ocupando un lugar preferencial en nuestros corazones. Para quien, como Jesús, toma muy en serio estas relaciones, destacando su aspecto trascendente, estas palabras cobran un sentido que va más allá de cuanto podemos imaginar y racionalizar.

«Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Meditemos por un momento, cual ha de ser el significado de la madre, según los planes de Dios, que Él mismo cuando envía a Su Hijo a Salvarnos, decide que habrá de nacer de una madre, como todos los mortales, para lo cual, desde el comienzo de los tiempos elige a la Virgen María.

Detengámonos a pensar en la Santísima Virgen María…Desde el momento mismo que Dios Padre pone sus ojos en ella y la escoge para desempeñar aquel papel que jamás nunca nadie volverá a tener en la historia de la humanidad, la pone en un sitial extraordinario, sobrenatural.

Será la Santísima Virgen María una mujer como cualquier otra, en el sentido humano, pero engalanada con virtudes sin par, desarrolladas en extremo, como nadie lo hará jamás. Será concebida Inmaculada, es decir sin huella ni rastro de pecado y así se mantendrá hasta el día en que, cumplida su misión, será asunta al Cielo, como la Primera Estrella de nuestra Generación.

«Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

¿Qué motivos adicionales podemos necesitar para venerarla, para amarla, para considerarla mediadora de todas las Gracias y abogada nuestra? María fue madre de Cristo por obra y Gracia del Espíritu Santo y por decisión del Padre. María, a través de Juan, será entregada por Jesucristo a toda la humanidad para que en él, sea Madre de todo el Género Humano.

María, por el Infinito amor de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ha sido Coronada Madre de la Humanidad Entera. ¡Es nuestra Madre! Así, tenemos un Padre y una Madre. No son iguales. Pero sin la participación de Dios Padre, Jesucristo, el Espíritu Santo y la Virgen María, la Salvación no hubiera entrado al mundo. ¡Esta es la Voluntad de Dios! ¡Estos son Sus Planes!

Dios tiene Primacía sobre todo lo existente y lo Creado, de eso no tenemos duda. Pero al mismo tiempo somos conscientes que Su Voluntad ha sido que Jesucristo, Su Hijo, viniera a Salvarnos, naciendo de una mujer, que ya solo por el hecho de haber sido escogida, ocupa un lugar preferencial en nuestros corazones.

«Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Discutir sobre si la adoramos o no, constituye una trivialidad ociosa. El orden está muy claro: Sin Dios no somos nada, no hay nada. Pero del mismo modo en que un padre ama a su esposa, a sus hijos, a sus propios padres y hermanos, sin necesidad de entrar al detalle de cuanto ama a cada uno o a quien ama más, lo importante es que los ama y no deja de dar todo lo que está a su alcance por ellos.

Todos juegan un papel en su vida y en la vida de todos y cada uno de ellos, porque la relación en todos los sentidos y entre todos es de AMOR. Eso nos conduce finalmente a ser UNO. Todos para uno y uno para todos. Unidad de espíritus, de corazones, de propósitos, de sentimientos…

La Santísima Virgen María, madre de Jesucristo, amó a su hijo como la mejor madre. Jesucristo amó a Su madre, como no habrá otro hijo que pueda amar a su madre en este mundo. Jesucristo amaba a su amigo y hermano en la fe, Juan, como ningún amigo podrá amar en el mundo. Es a este a quien entrega a Su Madre. ¿¡Cómo podía amar María a Juan!? Estando el corazón de Jesucristo en Juan y en María y amando ambos a Jesús, ¿cómo podían amarse entre ellos?

«Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Por lo tanto, no se trata tan solo de respetar a María, sino de amarla como decimos amar al mismo Jesucristo, porque es por Él que amamos a ella y a la humanidad entera. Ahora, ella, ¿a quién nos conduce? A su hijo, Jesucristo. Ella lo ama, tanto o más que lo que cualquiera de nosotros puede amarlo y sabe que es Hijo de Dios…Después de todo, es Su Madre.

Pretender desconocer o condenar esta amorosa relación con la Santísima Virgen María, es pura mezquindad. Santísima porque Dios la escogió y así lo quiso, no como un vientre de alquiler, porque Él no lo necesitaba. Él quiso darle tal dignidad. Una dignidad jamás dada a ser humano alguno, la misma que nos eleva a todos, porque compartimos con María su humanidad. ¡Esa es la grandeza misteriosa del amor de Dios, que va más allá de cuanto podemos imaginar!

Virgen, porque ella también puso de su parte por mantenerse en virtud, siendo capaz de reconocer la Dignidad Única que Dios le había reservado. ¡Sería Madre del Salvador! ¿Habría de inquietarse por algo más en la vida? ¿Cabía tener otro varón? ¿Cabía tener otros hijos? Hay religiosos y religiosas que se mantienen castos y virginales toda la vida por amor a Dios, entregándose en exclusividad a Él. ¿Por qué María no iba a ser capaz de tal virtud, sabiendo que había sido escogida por Dios y cubierta por el Espíritu Santo?

¿No sería reservarse como un templo el mayor esfuerzo de cualquier ser humano sensible y piadoso? ¿Por qué no habría de serlo también de María? En su sencillez y humildad, ¿no había sido escogida por Dios? ¿Es que Dios pudo haberse equivocado al escoger? Santa por Voluntad de Dios y Virgen por propia virtud. Madre de Jesucristo y por lo tanto Madre de Dios, por Voluntad del Padre y Madre nuestra por Voluntad de Jesucristo. ¡Ese es el papel que Dios reservó para esta Santa y única mujer en el Plan de Salvación!

«Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Oremos:

Padre Santo, danos la Gracia de amar y respetar a la Virgen María, la mujer que elegiste para que fuera Madre de Tu Hijo y por lo tanto Madre nuestra. Que por este gran amor seamos conducidos a Tu Hijo Jesucristo y por Él a la Vida Eterna…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

juan-19-25-27-2016-09-15

Juan 19,25-27 Aquí tienes a tu madre

(65) vistas

Deja un comentario