Juan 16,23b-28 – Lo que pidan al Padre en mi nombre

mayo 12, 2018

Lo que pidan al Padre en mi nombre

“Lo que pidan al Padre en mi nombre, Él se los dará. Hasta ahora no le han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que la alegría de ustedes sea completa.”

Sábado de la 6ta Semana de Pascua | 12 Mayo 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Lo que pidan al Padre en mi nombre

Debemos meditar profundamente en estas palabras. No puede haber nada mejor que lo que nos revela Jesús. Si leemos atentamente, nos está dando el mismo poder que Él tiene frente al Padre. Para conseguirlo debemos pedir en Su Nombre.

Claro, si entendemos literalmente estas palabras, pediremos una casa, una esposa, un esposo, la salud de nuestros seres queridos, empleo, fortuna, etc. y todo en nombre de nuestro Señor Jesucristo y posiblemente no lo consigamos, con lo cual anidará la duda en nuestros corazones.

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Lo que ocurre es que en una interpretación literal, tendemos a descontextualizar las cosas y así no hay forma de llegar al mensaje. Con seguridad es el Demonio el que nos induce a optar por este procedimiento para sembrar dudas.

Las dudas son el caballo de Troya que usa el Maligno para alejarnos del Camino. Para desbaratar nuestra fe. Por eso el Señor nos pide reiteradamente tener fe. La fe es fundamental. Pero la fe es una Gracia que Dios concede, por la que debemos pedir incansablemente.

Tratemos de entender qué es lo que Dios quiere cuando nos concede algo. Preguntémonos ¿qué quiere Dios para nosotros? Seguramente trataremos de responder esta pregunta especulando con distintas razones.

Sin embargo en el propio texto encontramos la respuesta. No es necesario ir más allá. Dios Padre quiere que seamos felices. Que nuestra alegría sea plena, completa. ¡Leamos! ¿Para qué recibiremos lo que pedimos? Para que nuestra alegría sea completa.

¡Aquí está el quid del asunto! ¿Sabemos cómo y dónde alcanzar la alegría y qué hacer para que esta sea completa? ¿Cuándo será nuestra alegría completa? ¿Hemos tenido alguna vez tal experiencia? Seguramente no, pero sabemos qué es la alegría.

Pues el Señor ha venido a traernos alegría y quiere que esta sea plena, total, completamente colmada. Solo hay una forma de alcanzarla. Un solo Camino. Este es el Camino del Amor, el que Jesucristo con su vida, muerte y resurrección nos ha mostrado.

Jesucristo, ofreciendo Su Vida en la cruz, ha ganado para nosotros la Vida Eterna. ¡No moriremos jamás! ¿Puede haber mayor alegría que vivir para siempre? Eso es para lo que fuimos creados y es lo que Jesucristo ha reivindicado para nosotros.

Jesucristo, con Su muerte y resurrección, ha derrotado al Demonio, a la oscuridad, al pecado y la muerte. Él ha asumido todos los pecados de la humanidad y nos ha librado de la condena y esclavitud del pecado. ¡Gracias a Él, podemos alcanzar nuevamente la Vida Eterna!

Jesucristo lo ha hecho posible. Él nos señala el Camino. Podemos transitarlo, gracias a Él. No hay Bien, ni Gracia más grande que alcanzar la Vida Eterna. Esta es una Buena Noticia que debe alegrarnos. Pero, entonces nuestra alegría será colmada.

Esta es la alegría que señala Jesús, la alegría deparada por Dios Padre para nosotros, la alegría plena a la que podemos aspirar y por la cual debemos pedir. Esto es lo que debemos pedir en el Nombre de Jesucristo y que el Padre nos dará.

Hay, pues, una orientación en nuestro pedido. No se trata de pedir cualquier cosa que egoístamente, mezquinamente o miserablemente podamos desear. Se trata de pedir la Gracia de alcanzar la plenitud, aquel lugar y aquella alegría que desde siempre nos aguarda por Voluntad de Dios.

Alguien podrá preguntar: ¿por qué Dios no me da lo que me da la gana? Incluso argumentará: ¿Es que no soy libre para pedir lo que quiero? O, incluso concluirá: Entonces, no soy libre, sino esclavo, juguete de Dios.

Obviamente estos son argumentos del Demonio, metiendo la duda, para que te rebeles y así poder jalarte a su redil. En esta argumentación se te olvida un “pequeño detalle”: tú no eres Dios, aunque lo pretendas. El primer y más grande pecado es la soberbia.

¿Es que, por ventura, crees que tú podrías haber decidido y hecho las cosas mejor que Dios? ¡Mírate bien quién eres! Reconócete con humildad que eres una pobre creatura. El Señor ha puesto en ti aspiraciones y te ha dado inteligencia, libertad y voluntad.

El Señor nos ha creado por amor, para que vivamos eternamente, pero nuestra soberbia nos llevó a darle las espaldas, a pretender que podíamos prescindir de Él, lo que solo ha traído mentiras, desgracias, dolor, destrucción y muerte para la humanidad.

Viendo que estábamos extraviados y apiadándose de nosotros, Dios, que es infinitamente misericordioso, envió a Su propio Hijo a Salvarnos de la Soberbia, lo que Él hizo, viviendo, muriendo y resucitando por nosotros.

De este modo volvió a abrir para nosotros las puertas del Cielo, que se habían cerrado a causa de nuestro pecado. Por eso podemos nuevamente recuperar nuestra alegría, sabiendo que ella será plena cuando finalmente alcancemos la Vida Eterna para la que fuimos creados.

Es así, siguiendo esta línea, siguiendo este Camino, siguiendo la Verdad que cualquier cosa que pidamos a nombre de Jesucristo, nuestro Padre que está en los Cielos nos la concederá, con tal que alcancemos la Vida Eterna.

Lo que pidamos ha de estar en esta sintonía. Y, ¿cómo podría ser de otro modo si nos volvemos uno con Cristo? Si adquirimos Su misma mirada, Su mismo corazón, Su mismo modo de ver y entender el mundo, ¿qué pediremos? Lo mismo que Él pediría. Por eso Dios Padre nos lo concederá.

Oración:

Padre Santo, danos la Gracia de configurarnos de tal modo con Tu Hijo amado, Jesucristo, que veamos y sintamos al mundo como Él mismo lo ve, de tal modo que no tengas ningún reparo en concedernos lo que te pedimos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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