Juan 16,16-20 – Su tristeza se convertirá en alegría

mayo 10, 2018

Su tristeza se convertirá en alegría

“En verdad, en verdad les digo que llorarán y se lamentarán, y el mundo se alegrará. Estarán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría.”

Jueves de la 6ta Semana de Pascua | 10 Mayo del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Su tristeza se convertirá en alegría

Creemos ver un doble sentido en la promesa que Dios expresa hoy a Sus discípulos y a través de ellos a todos nosotros: Nuestra tristeza se convertirá en alegría. Solo esta afirmación viniendo de Jesucristo, debía llenarnos de esperanza, alegría y paz.

No importa lo que pueda ocurrir, sea lo que sea, nuestra tristeza se convertirá en alegría. ¿Qué podría ser más consolador que saber que en poco tiempo estaremos alegres, gozosos? ¿Qué podría ponernos alegres, sino una Buena Noticia, algo que indiscutiblemente sea bueno?

alegria

¿Qué podría ser mejor que alcanzar la Vida Eterna? Eso es lo que nos revela Jesucristo. Nosotros hemos sido creados para ser felices y vivir eternamente. ¡Muy pronto, dentro de poco tiempo, lo veremos! ¡Esa es la promesa! ¡Esa la revelación!

Si logramos entender la magnitud de estas palabras, todos debíamos vivir alegres, sin importar las dificultades que por ahora estemos pasando. Estas no durarán. Pasarán en poco tiempo. Claro, es lógico preguntar, ¿cuánto durará este poco?

La interpretación más inmediata de este “poco tiempo” está referida a la Resurrección de Jesucristo. Se acercaba ya Su muerte en la cruz y a Jesús no escapaba que este sería un hecho muy doloroso y triste para Sus discípulos.

Pero la confianza de ellos en la Palabra de Cristo, anticipándoles que muy pronto su tristeza se trocaría en alegría, debía ser suficiente para no perder la calma. Podrían permanecer alegres desde ya, si tuvieran la fe suficiente en lo que oyen de labios del Señor.

Sin embargo ellos no lograron entenderlo sino hasta después que ocurrió. Fue recién cuando Jesucristo resucitó que creyeron. Tuvieron que verlo padecer, morir y resucitar para recién creer. Era necesaria la pasión, muerte y resurrección de Cristo para que creamos en Su Palabra.

Después de 2,000 años, este sigue siendo el Kerigma: la proclamación jubilosa que Jesucristo ha vencido a la muerte, que ha resucitado. Esta es la piedra angular de nuestra fe y predicación. Por ella podemos vivir como cristianos, alegres desde ya, anticipando el futuro que nos espera.

Sin ella, es decir, sin la resurrección, nuestra fe no tendría sentido. De aquí la importancia de conocer y oír a Jesús. ¿Cómo podemos lograrlo? A través de los Evangelios. Jamás insistiremos lo suficiente en la necesidad de leer y reflexionar los Evangelios.

Por eso nos dice el Señor que tiene Palabras de Vida terna. Porque en Su Palabra (en los Evangelios), en el conocimiento y seguimiento de ella está nuestra Salvación. Quien hace lo que Él nos dice, alcanzará la Vida Eterna. ¿Cuándo? Dentro de poco.

Pero ¿cuánto es poco? Pues desde la perspectiva Divina, un día, una hora, un segundo, puede ser un millón de años. Es que esta variable del tiempo no limita ni afecta a Dios. Dios no fue, ni será; Dios ES, ayer como hoy, mañana y siempre; hasta el infinito.

Nuestra fe en Jesucristo nos salva. Fe significa dar pasos en la dirección señalada por Cristo. Solo entonces, si evidenciamos fe con nuestras obras, con nuestro proceder cotidiano, solo entonces, si oímos y hacemos lo que Jesucristo nos manda, alcanzaremos la Vida Eterna.

En realidad poco importa cuanto haya de significar ese “poco tiempo”. Si lo pensamos bien, es HOY, AHORA. Sí, es en el momento mismo que el Señor anuncia nuestra Salvación a través de Su muerte y resurrección, porque es a través de ellas que nos salva.

Si es por Su sacrificio en la cruz que quedaremos salvados, pues en realidad lo estamos desde el anuncio mismo, porque es algo que definitivamente se producirá, como que se produjo de una vez para siempre. Y, este “para siempre” es un “para siempre” que va más allá de nuestros conceptos, de nuestra capacidad de entendimiento. Es inabarcable para nosotros. Solo lo podemos intuir.

Por lo tanto, podemos decir con toda propiedad que es hoy. Ya ha ocurrido. Solo requiere que oigamos y aceptemos Su Palabra HOY, AHORA. ¿Cómo aceptamos y hacemos realidad hoy este mensaje de salvación? Oyendo a Jesucristo y haciendo lo que nos manda hoy y de aquí en adelante.

¿Qué debemos hacer? Amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado. Vivir de tal modo que con nuestros propios actos proclamemos el Evangelio, siendo otros Cristos, para que los demás se convenzan al ver cómo nos amamos. En eso consiste nuestra salvación. Ese es el Camino a la Vida Eterna para la cual fuimos creados.

Oración:

Padre Santo, danos la Gracia de entender, de comprender y sentir que tus promesas han sido alcanzadas para nosotros por Jesucristo, Tu Hijo y nuestro Salvador; de oírle y vivir como nos manda. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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