Juan 16,12-15 – Espíritu de la Verdad

mayo 22, 2016

Texto del evangelio Jn 16,12-15– Espíritu de la Verdad

12. Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
13. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
14. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
15. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: «Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes».

Reflexión: Jn 16,12-15

El Espíritu Santo es una fuerza que inspira, comunica, revela e impulsa. Es como resultado o evidencia de su participación en nuestra historia que la Iglesia perdura en el tiempo, a veces dispersa, otras equivocada o enconada o polarizada, pero siempre marcando la pauta en un camino permanente a la perfección. Se han cometido sin duda muchos errores, como en toda obra en la que interviene el libre albedrío de personas humanas, sin embargo siempre ha prevalecido la capacidad de autocrítica, corrección e incluso reparación, enmendándose y pidiendo perdón. Es el Espíritu Santo el que la impulsa y protege y le da esta capacidad de reinventarse y corregirse, conduciendo a la humanidad entera, al Pueblo escogido a la Vida Eterna. Su historia no ha estado exenta de grandes obstáculos y dificultades, de contradicciones, errores y horrores, pero tampoco de grandes ejemplos que han sabido brillar en los momentos más difíciles, señalando el Camino del Señor. Esta es obra del Espíritu Santo, como lo fueron la redacción de los Evangelios, la selección de los autores mediáticos, la selección de los textos y las traducciones. Es la mismísima Palabra de Dios la que se ha recogido en los libros que conforman la Biblia, por inspiración y soplo del Espíritu Santo. Porque ninguno de estos libros apareció de la nada y sin embargo su sabiduría, su belleza y su calidad literaria han sido reconocidas por el mundo entero, sin importar credo, tiempo o nacionalidad. Aun hoy, la Biblia es el libro con más ediciones y publicaciones en el mundo. Nadie puede negar su valor y todo aquel que se aproxima a ella con sinceridad y humildad, queda deslumbrado, al descubrir la Verdad, porque es de esto de lo único que se ocupan sus páginas desde el comienzo hasta el fin. Y es que se trata de la Palabra de Dios, que tiene la capacidad de llegar a todos, llenando el vacío o la interrogante que buscaba. Sin importar la época, ni la nacionalidad, ni la condición social, la Biblia tiene las respuestas a todas las interrogantes que los hombres se ha planteado o se planteará alguna vez. Y es que, efectivamente, se trata de la Palabra de Dios confirmada por nuestro Señor Jesucristo, Su Hijo, que vino a revelarnos que Dios es Su Padre, que lo envió a salvarnos, tal como lo había prometido a Su Pueblo por boca de los profetas, lo que, efectivamente, llegado el tiempo hizo, muriendo y resucitando por nosotros, sellando de este modo definitivamente Su pacto con nosotros. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.

No es la suerte, ni son las casualidades las que van guiando nuestro Camino propiciando todo aquello bueno que las personas de buena voluntad sabemos agradecer. No somos todos conscientes del poder y presencia del Espíritu Santo, pero ese no es impedimento para que Él actúe de manera oportuna, aun cuando no siempre sea evidente y muchas veces no coincida con nuestros deseos ni con lo que hubiéramos esperado. Él tiene una Misión muy claramente encomendada por el Señor Jesucristo, la que podemos repasar en los versículos que estamos reflexionando, y Él la cumplirá. Algunas veces será necesaria una desgracia para que nos enmendemos y corrijamos, otras bastará con un obstáculo menor o un encuentro persuasivo, ya sea con otra persona o con una situación, o con un video o con un libro o una noticia. El Espíritu Santo tiene muchísimos recursos y un gran dominio de toda la Creación y todas las Creaturas para impulsarnos por medio de ellas a hacer lo que conviene a nuestra Salvación, que es lo que finalmente constituye la Voluntad del Padre, que Jesucristo ha venido a cumplir. El Espíritu Santo, como la tercera persona de la Trinidad, es decir, siendo misteriosamente parte del mismísimo y único Dios, respetará nuestra libertad y nuestra dignidad, por lo que dependerá que nosotros pidamos Su Gracia para que esta venga sobre nosotros y actúe. Nada de aquello que sería necesario para que nos salvemos de forma particular ocurrirá si nosotros mismos no lo queremos y pedimos. Estamos hablando de un Plan Divino, al que se ajusta todo lo que pasa, aunque algunas veces no coincida con lo que queremos, ni podamos entenderlo. Dios quiere que nos salvemos y no escatimará esfuerzo en conseguirlo: para eso vino Jesucristo; para eso se quedó con nosotros el Espíritu Santo, pero somos nosotros los que tenemos que tomar la decisión y la alternativa correcta, que siempre está a nuestro alcance. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.

Así, la Santísima Trinidad -Padre, Hijo y Espíritu Santo-, es un ejemplo de armonioso y amorosa comunidad, ejemplo de comunión, en la que las tres Personas están tan unidas en sus Voluntades y en todo Su Ser, que son, en realidad, el mismo y único Dios Verdadero. Qué mejor ejemplo podemos tener para la unión matrimonial, de la que el mismo Jesucristo nos dice –parafraseando a Dios Padre Creador en el Génesis-, que …por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa, y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino uno solo. Es en ese mismo sentido que Dios espera que los esposos seamos uno. Para eso contamos con la Gracia del Sacramento del Matrimonio. No se nos pediría semejante logro, sin otorgarnos la Gracia para alcanzarlo. Es aquí que los hombres y mujeres llamados a esta vocación se realizan plenamente, alcanzando la perfección. El Matrimonio, así, es Camino de Santidad, inspirado en la mismísima unión de la Santísima Trinidad, es decir, en Dios. Si pudiéramos llegar a comprender y vivir lo que estamos diciendo, seríamos capaces de trasformar este mundo, llevándolo a la perfección del Reino de Dios, que tal como dice el Señor, está entre nosotros y va creciendo. Cuán rápido crezca y se manifieste dependerá de cómo asumamos el mandato imperativo de nuestro Señor Jesucristo de ir y proclamar el Evangelio a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Esta es una realidad irreversible por Voluntad de Dios, sin embargo el que alcance a todos y nadie se pierda, tal como lo quiere Jesucristo, depende de nuestra dedicación diaria, de por vida a esta tarea, que ha de ser la más importante, porque: ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si al final pierde su alma? Es a la Vida Eterna, aquel lugar en que no entra la polilla ni el gusano al que debemos marchar con decisión, llevando al prójimo, empezando por quienes tenemos más cerca y tenemos más obligación, pero siguiendo con la humanidad entera. Porque a ejemplo de la Santísima Trinidad, todos estamos llamados a ser Uno, como Dios es Uno. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.

Oremos:

Padre Santo, que inspirados por el amor de la Santísima Trinidad, sin importar la vocación para la que fuimos llamados, nos esforcemos por ser uno: con nuestro cónyuge, con nuestra familia y con la humanidad entera…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

¿Que es la santísima Trinidad?

La Santísima Trinidad

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