Juan 15,9-17 – Esta es la vida eterna

mayo 15, 2018

Esta es la vida eterna

“Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.”

Martes de la 7ma Semana de Pascua | 15 Mayo del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

Esta es la vida eterna

Jesucristo no se ha reservado nada. No mantiene ningún secreto. Todo lo que tenía que revelarnos está en los Evangelios. Él tenía que darnos a conocer a Dios y así lo hizo. Las Escrituras contienen la Palabra de Dios y ellas nos dan a conocer todo lo que necesitamos.

Todo lo que tenemos que hacer para alcanzar la Vida Eterna es conocer a Dios Padre y a su enviado, Jesucristo. ¿Cómo podemos conocerlos? Por las Escrituras, de manera completa y amplia o por los Evangelios, de modo más directo, no por ello menos completo.

vida_eterna

Los Evangelios dan cuenta de la vida de Jesucristo, de Su muerte, resurrección y ascensión a los cielos. Recogen Sus milagros, Sus oraciones, Su Palabra, Sus promesas y Sus mandatos, todos destinados a conducirnos a la Vida Eterna.

A través de ellos conocemos a Jesucristo y conociendo a Jesucristo conocemos a Dios, quien lo envió. Los Evangelios están al alcance de todos o por lo menos debían estarlo. Ocupémonos de conocerlos y hacerlos conocer. Eso es lo que Cristo nos manda, al enviarnos.

La Palabra de Dios, como todo lo que proviene de Él, tiene poder para transformarnos y mediante ello, conducirnos a la Vida Eterna. Solo debemos prestar atención, escuchar lo que nos dice y hacerlo. Esto es conocer a Dios. Y quien lo conoce, hace lo que manda.

Hay que ser demasiado necio y testarudo para no seguirle y obedecerle, una vez conocido. Quien realmente lo conoce, lo hace suyo, se une a Él. De este modo, hace lo que Dios manda. El que hace lo que Cristo manda, alcanza la Vida Eterna.

Porque Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Que alcancemos la Vida Eterna es parte del Plan de Dios, como es que Jesucristo nos salve, a través de su vida, muerte y resurrección. Esta es la Misión que Cristo vino a cumplir y lo hizo hasta la última coma.

Todo ha sido cumplido. La hora ha llegado. Jesucristo ha glorificado al Padre cumpliendo todo lo que se le encomendó. Dios Padre le devolverá la Gloria que tuvo desde antes de la Creación y con ella quedarán abiertas para nosotros las puertas del Cielo.

Cristo vino a salvarnos. Esa fue Su Misión, la misma que cumplió. Por lo tanto ya estamos salvados. Alcanzaremos la Vida Eterna. Esta es la Buena Noticia, el Evangelio. ¿Cómo es que no la tenemos hoy, ahora? Todavía tenemos que pasar por el trance del parto.

El final de la vida aquí en el mundo, es decir, lo que conocemos como muerte, no es nada más que el tránsito a la Vida Eterna, que alcanzaremos conociendo a Dios Padre y a Su Hijo Jesucristo. Conociendo a Jesús, conocemos al Padre.

Conocerles es alcanzar la Gracia y Sabiduría de mantenernos en el Camino. Sabiduría es hacer lo que nos manda, es dejarse conducir por el Espíritu Santo hasta alcanzar la Verdad plena. Si lo hacemos, sin dejarnos engañar por el Demonio, alcanzaremos la Vida Eterna.

Por eso es que Jesucristo nos dice que esta es la Vida Eterna: que conozcamos al Único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo. Con estas palabras nos está revelando el propósito para nuestras vidas. ¿Qué otra cosa puede ser más importante?

Al mismo tiempo está dando respuesta a todas nuestras interrogantes, especialmente a aquella fundamental sobre el sentido de la vida. No puede existir nada más importante, más trascendente, más prioritario en nuestras vidas, que conocer a Dios.

A Dios no llegaremos a conocerlo sino en la Vida Eterna, pero la sola pretensión de alcanzarlo nos conducirá a ella. Esto es posible porque Jesucristo ha cumplido Su Misión. ¡Hemos sido salvados! ¡Hemos sido redimidos! De otro modo nos sería imposible conocer a Dios.

Ahora sí lo podemos hacer. No en este momento preciso, sino a través de un Camino ascendente de Conversión que nos conducirá definitivamente a Él. Se trata de seguir a Cristo; de hacernos como Él; uno por Él, con Él y en Él. Amándonos como Él nos ha amado.

Oración:

Padre Santo, ayúdanos a comprender que el solo propósito de conocerte y conocer a Jesucristo lleva preñada la semilla de la Vida Eterna. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

(3) vistas

Deja un comentario