Juan 15,26-16,4 – Cuando venga el Paráclito

Mayo 2, 2016

Texto del evangelio Jn 15,26-16,4 – Cuando venga el Paráclito

26. Cuando venga el Paráclito, que yo les enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí.
27. Pero también ustedes darán testimonio, porque están conmigo desde el principio.
1. Les he dicho esto para que no se escandalicen.
2. Los expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que los mate piense que da culto a Dios.
3. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
4. Les he dicho esto para que, cuando llegue la hora, se acuerden de que ya se los había dicho. No les dije esto desde el principio porque estaba yo con ustedes.

Reflexión: Jn 15,26-16,4

Desde la perspectiva mundana, no resulta nada alentador el panorama que aquí nos pinta Jesucristo. El que nos anticipe persecución e incluso la muerte a manos de quienes sentirán que hacen un servicio a Dios, no puede resultar atractivo desde ningún punto de vista. Habría que estar loco para ser partícipe de tal destino. Sin embargo debemos tener en cuenta que no es ya la visión mundana la que debe primar en nosotros, sino la cristiana, es decir, la de quienes conociendo y amando a Cristo nos hemos dispuesto a seguirlo seriamente hasta el fin. No es fácil. Se trata de una decisión que ha de afectar de modo determinante a nuestras vidas, y que tomamos a la luz de la fe. Es decir que sin fe, sería un absurdo adoptarla, porque podemos ver cómo puede costarnos la vida. Pero el que cree, sabe que si este es el precio, habrá que estar dispuesto a pagarlo para lograr el premio mayor, el verdadero sentido de la vida. Esta decisión solo tiene sentido para quien realmente cree que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Mesías que ha venido a Salvarnos, que muriendo y resucitando ha sellado con su sangre el pacto de la alianza con Dios Padre, quien también habrá de resucitarnos al final de los tiempos, si viviendo en este mundo optamos por amar a Dios y al prójimo, tal como Jesús nos ha amado y nos manda. Pero hay algo más que no podemos pasar por alto en estas líneas; algo que es fundamental, que muestra claramente la comprensión de nuestros temores por parte de Jesús y es el envío de este Paráclito, que no viene a ser sino nuestro Defensor, que proviniendo de Dios, está por encima de todo y ha sido enviado por Jesucristo para enseñarnos la Luz y la Verdad y para defendernos de nuestros perseguidores. Con el Espíritu Santo de Dios como nuestro Paráclito, es decir como el portador de luz, el que habrá de recordarnos las palabras del Señor y como nuestro Defensor en las horas inciertas, no tenemos en realidad nada que temer, porque Jesucristo lo ha previsto todo, a fin de facilitarnos la tarea. Cuando venga el Paráclito, que yo les enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí.

Es bueno y reconfortante constatar que el desprecio y mal trato que a veces sufrimos no es nada más que el reconocimiento que el mundo hace del Buen Camino que estamos recorriendo. Como diría el Quijote: “Los perros ladra, Sancho, señal que avanzamos”. No nos dejemos cegar por tal pretensión, pero seamos honestos y rectos al juzgar nuestros actos a la luz de la Palabra de Dios y si en oración encontramos que lo que estamos haciendo o diciendo corresponde con la fe que profesamos, si a la luz de esta comunicación íntima que hemos de mantener con el Espíritu Santo encontramos que es coherente con los Evangelios, si es el amor verdadero el que nos mueve, sigamos adelante, aun cuando en ello se nos vaya la vida, que esta no es un tesoro puesto en nuestras manos para conservarlo intacto, sino para ponerlo en juego por la salvación de la humanidad entera, a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo. Es posible que nada ni nadie llegue a pedirnos tanto, pero puede pasar que así sea, así que debemos estar preparados. A fin de disipar cualquier duda, solo recordemos que el mal nunca podrá ser camino para el bien, lo que en buen romance quiere decir que debemos plantearnos la pregunta sobre lo que hacemos, si esto causa daño a alguien, porque entonces tal vez sea posible encontrar otros caminos, porque no tenemos derecho a dañar a nadie y mucho menos atentar contra su vida por alcanzar un bien. Ello nos lleva a una defensa férrea de la vida, muy por encima de nuestras pasiones, incluso en casos extremos, como la aprobación de la pena de muerte para delincuentes asesinos o el aborto en caso de violación. Y debemos enfatizar que nos estamos refiriendo a casos en los que estamos directamente involucrados, y no observando como espectadores. Es sumamente difícil, pero a este respecto debemos siempre tener presente el ejemplo que Jesús nos da con Su propia vida, al entregarla voluntariamente por nuestra salvación. Él lo soportó todo, las vejaciones más grandes y la mayor crueldad, pudiendo escapar de todo ello, por una sola razón: para enseñarnos el Camino del Amor, que es capaz de soportarlo todo con tal de abrirnos los ojos y mostrarnos coherente y consecuentemente el Camino. ¿De qué otro modo hubiera podido hablar y hubiéramos podido creerle del extremo al que hemos estar dispuestos a llegar por amor, sino es con el ejemplo? Esto mismo hemos de aprender y poner en práctica en nuestra vida corriente. Cuando venga el Paráclito, que yo les enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí.

Tal vez estas palabras sirvan hoy para que reflexionemos también cómo es verdad que los buenos cristianos siempre han sufrido persecuciones y como podría ser que el día de hoy grandes porciones de nuestro planeta parecieran estar cristianizadas y sin embargo tal vez en ellas ha ocurrido que el cristianismo se ha paganizado, o para decirlo con mayor propiedad, se ha vuelto permisivo y tolerante, a tal extremo que se ha desvirtuado. Debemos reconocer que hay cosas que no comprendemos y que los Caminos de Dios son insondables, que, por lo tanto, confiando en Él hemos de esperar que como siempre escriba líneas rectas con rasgos torcidos, porque ciertamente hemos cometido pecados atroces a nombre de la Iglesia y Jesucristo, por los que ya la Iglesia a través de varios Papas han pedido perdón, pero no bastará con ello, si realmente no cambiamos. ¡Tenemos que cambiar! ¡No es posible que Europa, el símbolo de Occidente, entendiéndose como tal muchas veces la “civilización cristiana” se niegue a dar refugio a hermanos perseguidos y vejados, muchos de ellos, por el solo hecho de ser cristianos! Sí, es verdad que se trata de una situación difícil, que reta a nuestras emociones, a nuestros valores, a nuestro pensamiento y a nuestros corazones, pero no por eso es menos cierto que TENEMOS que adoptar posiciones y medidas cristianas, que reflejen el amor que nos tienen el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No es cuestión de atrincherarnos y meternos bajo la cama; tampoco de defender nuestra comodidad y nivel de vida y muchos menos el evitar correr riesgos. Todos estamos metidos en este mismo planeta y hemos de resolver cristianamente estas exigencias de nuestro tiempo, por un solo motivo: por amor a Dios y al prójimo. ¿Que ello nos puede llevar al riesgo de perder mucho o perderlo todo? Pues recordemos que un buen cristiano ha de estar dispuesto a dar su vida por amor. Esta no es una declaración lírica, sino una exigencia para ser contado entre los elegidos. Es momento de preguntarnos respecto a la certeza de nuestra fe. Cuando venga el Paráclito, que yo les enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a ser coherentes, a dar testimonio del Evangelio, de Tú amor, con nuestras propias vidas… Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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