Juan 15,18-21 – por eso los odia el mundo

mayo 20, 2017

Por eso los odia el mundo

Si fueran del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no son del mundo, porque yo al elegirlos los he sacado del mundo, por eso los odia el mundo.

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Juan 15,18-21 por eso los odia el mundo

Juan – Capítulo 15

Reflexión: Juan 15,18-21

Estamos advertidos: seguir a Cristo no te hace popular; todo lo contrario. Desde que empiezas a tratar de corregir a tus hermanos y a poner en evidencia malos manejos, mentiras e injusticias, la gente te marca y empiezan a hablar mal de ti. ¿Quién se ha creído este? ¿Quién es para venir a decirnos a nosotros lo que está bien y lo que está mal? ¿Acaso no sabemos muy bien de dónde viene? A nosotros no nos va a engañar. Cucufato, fundamentalista, conservador, anticuado, fascista, hipócrita, santurrón, chupa cirios, alcahuete de pedófilos, lunático, baboso, aguafiestas, son tan solo algunos de los calificativos que te lloverán según la ocasión.

Si de verdad te comprometes con Cristo, verás cómo cada vez más tus amigos te empiezan a abandonar, callándose cuando te ven llegar, murmurando, burlándose de ti, haciendo mofa y poniéndote sobrenombres ridículos, cuando no abandonan incómodos el lugar al que entras o apabullan a todos con su conversación para marginarte, aislarte y humillarte. Los cristianos somos molestos e incómodos para muchos, por eso se esfuerzan por hacernos parecer tontos, desinformados y descalificados para dar una opinión razonable y equilibrada.

Lo mismo pasa en las redes sociales, donde los cristianos, inmediatamente identificados, son sometidos a bulling o son troleados. Y es que es muy difícil escapar y mantener independencia de esta cultura de muerte que constantemente nos está bombardeando con una serie de mentiras, falsos valores y errores, pretendiendo con mensajes aparentemente positivos y atractivos, llevarnos al abismo, al vicio, a la perdición y a la muerte. Sin tregua se hace apología al egoísmo, al hedonismo, a la falta de escrúpulos, a la corrupción y al relativismo.

Si fueran del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no son del mundo, porque yo al elegirlos los he sacado del mundo, por eso los odia el mundo.

La riqueza, el lujo, el placer, el ocio, los privilegios, el abuso, la injusticia, las drogas, los robos, incluso el asesinato son pasados por agua tibia, si como resultado se obtiene una fortuna. La “supo hacer” se dice de quien es capaz de hacerse rico pasando por encima de cuanto sea necesario. Más aún, si encima pasa por bueno y justo, cuidando de no dar motivos para ser perseguido por la justicia o utilizando todos los recursos a su disposición, para cambiar fallos y sentencias.

Todo el mundo quiere ser “feliz”, al estilo de las películas o la publicidad, consumiendo sin medida, y buscando toda clase de placeres y satisfacciones egoístas, sin importar los demás ni las consecuencias de sus actos. Parece que todo lo que se necesita es tener mucho, mucho dinero, porque solo este puede asegurar la consecución de todo lo que aparentemente da la felicidad. Por eso no se escatima esfuerzo, legal o ilegal, con tal de amasar la fortuna que permita adquirir todo sin medida ni restricción, pasando cualquier “obstáculo” que se pudiera interponer.

Así es este mundo y la mayoría de nuestros hermanos están sumergidos y alineados a esta concepción. Impaciencia, temor y egoísmo, unidos a lo que conocemos como los pecados capitales, ensombrecen la verdad, tentándonos a asumir aquello que parece más fácil, más próximo, placentero y tangible. Sin la Gracia de la Fe y sin algún conocimiento de Jesucristo y/o las Escrituras en las que Dios nos sale al encuentro en cada paso, andamos como ciegos y resulta muy difícil sacrificarse y exponerse a perderlo todo en este mundo.

Sin el horizonte que nos revela Jesucristo con Su vida, muerte y resurrección, el sacrificio, el amor, el perdón y la misericordia no adquieren su verdadera significación. Solo Dios es capaz de dar el verdadero sentido a nuestras vidas. Solo en Él encontrará descanso nuestra alma, pero ello solo es visible con los ojos de la fe. Es preciso creer para alcanzar la Vida Eterna.

Padre Santo, aumenta nuestra fe. Hazla brotar cada día del manantial inagotable de la Palabra de Tu Hijo en los Evangelios, de nuestro encuentro diario en la Eucaristía y del rezo del Rosario, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Si fueran del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no son del mundo, porque yo al elegirlos los he sacado del mundo, por eso los odia el mundo.

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