Juan 14,7-14 – el Padre está en mí

Mayo 13, 2017

El Padre está en mí

Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, créanlo por las obras. En verdad, en verdad les digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago

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Juan 14,7-14 el Padre está en mí

Juan – Capítulo 14

Reflexión: Juan 14,7-14

Dos reproches seguidos hace el Señor a los discípulos. Primero a Tomás, quien no sabe a dónde va y ahora a Felipe, que pide que les dé a conocer al Padre. Pero hace rato que el Señor viene manifestando que quien le conoce a Él, conoce al Padre, porque Él no hace sino la Voluntad del Padre, aquello que Él le manda. ¿Y, qué le ha mandado? Salvarnos. Para eso ha venido Jesucristo al mundo, no para condenarnos. Y es que el Padre no quiere que ni uno solo de Sus hijos se pierda. Esta ha sido la tarea encomendada a Jesús.

Todo lo que hace el Señor acredita lo que dice, por eso nos pide creerle, sino por su Palabra, al menos por las obras que realiza. Y son muchas las cosas extraordinarias que ya hemos visto a través de los discípulos y aun lo veremos resucitar al tercer día de entre los muertos y ascender al cielo. Todo eso es posible porque Él ha venido enviado por Dios; porque es Hijo de Dios y porque Éste le ha encomendado una Misión: Salvarnos. ¿Cómo hacerlo? Mostrándonos el Camino que conduce a Dios. ¿Por qué habríamos de creerle? Porque Sus obras acreditan sus Palabras.

Es preciso creer para salvarnos, porque solo creyendo haremos lo que nos manda. ¿Por qué? Porque Sus mandatos son exigentes, requieren sacrificio y entrega de nuestra parte. Lo que Dios nos manda, por boca de Jesucristo, es contrario a los caminos de este mundo. Jesucristo nos manda amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, en un mundo en el que cada quien quiere hacer o que le viene en gana, según sus deseos y comodidad, en el que se rinde tributo al dinero, a la fama, al placer y al egoismo; en un mundo donde pocos están dispuestos a sacrificarse por los demás.

¿Por qué hacer lo que Cristo nos manda? Solo porque Él dice que es el Hijo de Dios. ¿Qué pruebas nos presenta? Porque dice que Dios es nuestro Padre y que nos ha creado para que tengamos vida en abundancia. ¿Por qué habríamos de creerle, si encima amenaza nuestra comodidad y nuestras riquezas? ¿Por qué habríamos de dejar todo lo que tenemos y cambiar de camino? Solo si tuviéramos la certeza de una gran recompensa, que lo justifique, lo haríamos. Pero hay algunos entre nosotros que somos inmensamente ricos…¿Cómo vamos a dejar nuestro dinero, nuestros bienes y propiedades? ¿A cambio de qué? ¿Con qué seguridad? Por eso, tal como dice el Señor, ellos difícilmente entrarán en el Reino de los Cielos.

Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, créanlo por las obras. En verdad, en verdad les digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago

En cambio los pobres, los que sufren por hambre, miseria, persecución, violencia o injusticia, no tienen mucho que perder. Ellos están más dispuestos a aceptar el Evangelio, como el Camino de la Salvación y la Vida Eterna. Por eso son bienaventurados los pobres, los perseguidos, los que sufren prisión, injusticias o violencia. Los marginados, los rechazados, los que menos cuenta para la sociedad son los primeros para Dios. Es por ello que Jesús nace en un establo, enseñándonos la humildad extrema.

Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida, pero para alcanzarlo, oírlo y seguirlo, es preciso creer en Él. Jesucristo lo sabe, por eso despliega tantos milagros delante de nosotros. La vida misma es un milagro al que nos hemos acostumbrado tanto que la damos por descontada y no llegamos a valorar en su debida dimensión las condiciones excepcionales que han debido reunirse para hacerla posible en el tercer planeta de un sistema solar perdido entre millones de ellos en nuestra galaxia, la que por cierto es una más de los cientos de miles de millones de galaxias que deambulan en el universo conocido.

La vida del hombre es una Gracia Divina, un Don milagroso que Dios ha querido darnos en Su Infinita Misericordia, rodeándonos de todo lo que pudiéramos necesitar para asegurarse que fuéramos felices, dotándonos de las capacidades necesarias para dominar la Creación, usándola con prudencia, generosidad, inteligencia y amor, poniendo por delante el Bien Común, de tal modo que todos vivamos en armonía y lleguemos a la plenitud.

Desgraciadamente, siendo libres, algunos no comprendimos la necesidad de vivir en comunidad y en armonía, cuidando unos de otros y compartiendo todo, según nuestras necesidades. Entro la ambición, la avaricia, el apego y el culto al Dinero, como si de su cuantía dependiera nuestra felicidad. Y, olvidándonos del propósito para el cual fuimos creados, empezamos a matarnos unos a otros, arrebatándonos la riqueza y el poder, de los que hicimos la razón de nuestras existencias, desoyendo los mandatos que Dios nos dio a conocer por medio de los profetas.

Fue entonces que, ante nuestra necedad y cumplido el tiempo Dios envía a Su Hijo Jesucristo a Salvarnos. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Tenemos que conocerlo, oír y hacer lo que nos manda. ¿Cómo podemos conocerlo y oírle? Por los Evangelios. ¿Qué es lo que Jesucristo nos manda para salvarnos? Es muy simple: amar a Dios por sobre todas las coas y al prójimo como a nosotros mismos. Eso es todo lo que tenemos que hacer para alcanzar la Vida Eterna. ¿Por qué nos cuesta? Porque nos exige condolernos de la pobreza, la miseria y el dolor de nuestros hermanos, tratando de remediarla con lo que tenemos. Y lo que menos queremos es poner en riesgo nuestro patrimonio, porque en él hemos depositado nuestra confianza.

Es esta confianza la que el Señor quiere traer sobre sí. ¿Por qué? Porque solo Él tiene Palabras de Vida Eterna. Porque solo haciendo lo que Jesucristo nos manda por instrucciones de Dios Padre, alcanzaremos la felicidad, la plenitud y la vida eterna. Amar exige sacrificio, desprendimiento, entrega, desapego. Estar dispuestos a darlo todo, incluso nuestras vidas por el Reino de Dios. ¿Lo estamos o como Felipe ver al Padre o algunas pruebas que terminen convenciéndonos que vale la pena emprender el Camino señalado por Jesús.

Creamos que Jesucristo está en el Padre, como nosotros estamos en Jesucristo. Entonces, todo lo que pidamos al Padre en el nombre de Jesucristo lo conseguiremos. ¡Creamos en Él! Vivamos según nuestra fe. Pidamos a Dos Padre que nos de la Gracia de fortalecer nuestra fe, poniéndola al servicio de Su Voluntad, por Jesucristo nuestro Señor, Amén.

Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, créanlo por las obras. En verdad, en verdad les digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago

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