Juan 14,7-14 – créanlo por las obras

Abril 23, 2016

Texto del evangelio Jn 14,7-14 – créanlo por las obras

7. Si me conocen a mí, conocerán también a mi Padre; desde ahora lo conocen y lo han visto.»
8. Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
9. Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con ustedes y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”?
10. ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que les digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.
11. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, créanlo por las obras.
12. En verdad, en verdad les digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre.
13. Y todo lo que pidan en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
14. Si me piden algo en mi nombre, yo lo haré.

Reflexión: Juan 14,7-14

El Señor nos pide aquí que no opongamos resistencia a las evidencias palpables. Si aplicamos nuestra razón y si somos sinceros, no encontraremos explicación razonable a muchos de los actos que preceden a Jesús. Esto es así hoy, como lo fue hace poco más de 2mil años, sin embargo muchos continuamos con nuestro escepticismo. Preferimos pensar que se trata de algo mítico o imaginario escrito por los evangelistas para reforzar las ideas que querían transmitir o simplemente lo obviamos, hacemos abstracción de estas acciones y nos quedamos tan solo con aquellas palabras que ciertamente constituyen lecciones de principios éticos y morales trascendentes, con los que cualquier ciudadano bien nacido y educado puede concordar. Se trata de promover la edificación de una sociedad en la que los hombres podamos vernos como hermanos, en la que se respeten los derechos fundamentales y se promueva el desarrollo de todos sus componentes. Somos capaces de formular una serie de atributos de la convivencia humana e ideales suscitados por los evangelios, pero nos negamos a reconocer a Dios en Cristo Jesús. No nos damos cuenta que así, estamos apartando el ingrediente fundamental sin el cual es realmente imposible la edificación de esta sociedad, que Jesucristo la formula, no como un ideal inalcanzable al cual debemos tender, sino como una realidad que empieza a gestarse a partir de la fe, porque es creyendo en Él y en su Divina Voluntad que este cambio se hace posible. Es como pretender cocinar una torta esponjosa omitiendo uno de los ingredientes fundamentales, a saber, la levadura. No se trata entonces de una formulación teórica, sino de algo fundamental y realizable que comienza por la fe, porque es obra de Dios. Por lo tanto, antes de caer en la tentación de descartar las obras y acciones que vemos realizar a Jesús, como si fueran secundarias o suntuarias, debemos detenernos a reflexionar cuál es el papel que estas juegan en realidad en la Revelación que nos trae el Señor, porque sin ellas estaremos pasando por alto algo que es central en su mensaje: la fe. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, créanlo por las obras.

El cristianismo no es una filosofía humana librada a las posibilidades del hombre, por más avanzado y desarrollado que este sea. No depende de la técnica, de la ciencia y ni si quiera de la razón, si bien estos pueden ser factores complementarios que pueden ayudarnos a alcanzar los propósitos que formulamos. El cristianismo depende de la fe, que no es otra cosa que creer en el poder de Cristo, el Hijo de Dios, que como tal participa también de la Divinidad del Creador, que como Él mismo nos revela, es nuestro Padre. Es la intervención de Dios en nuestra historia, en la historia personal, pero del mismo modo, en la historia de la humanidad, la que lo hace posible. Sin Cristo, sin Dios, no es posible alcanzar la plenitud que nos propone el Señor en los Evangelios, para la cual fuimos creados. Sin Cristo ¡No hay Salvación! No hay salida, no hay sentido, todo es un absurdo. Por lo tanto, no es opcional. ¡Eso es lo que debemos entender! Nosotros necesitamos de Dios; no es Dios el que necesita de nosotros. Sabiéndolo, como no podía ser ajeno a Dios, envía a Su propio Hijo a mostrarnos el Camino, que de otro modo es inalcanzable. Por eso es que Jesucristo tiene que morir en la Cruz, resucitando al tercer día: para que creamos en Él y creyendo nos Salvemos. No se trata de un gesto histriónico, sino de un hecho determinante, sin el cual no hay salvación posible. Eh ahí la importancia y el valor del sacrificio de nuestro Señor Jesucristo. Él se hace hombre y como tal, muere y resucita por nosotros, enseñándonos por este sacrificio el Camino a la Vida Eterna. Vida Eterna que Dios Padre Creador ha dispuesto para nosotros, porque así le ha parecido bien, porque así lo ha querido, porque su Misericordia es Infinita, porque Su Amor es inagotable. Él quiere eso para nosotros y no escatima ningún esfuerzo para mostrárnoslo. El Señor ha obrado; el Señor ha actuado. Ha hecho lo que tenía que hacer por nosotros. Está en nosotros creerle o no. Pero debemos saber que es tan solo creyendo que alcanzaremos la Salvación. En esto radica el Juicio, porque el Señor no ha venido a juzgarnos, sino a darnos Vida Eterna. En nuestra decisión está el juicio. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, créanlo por las obras.

Quien ve a Jesucristo, ve al Padre. Quien cree en Él, cree en el Padre. Esta es la importancia de la fe. Nos permitimos insistir, porque son muchos los “cristianos” a su modo, que llegan a admirar a Cristo como un hombre extraordinario, con atributos únicos, que no encuentran en otro ser humano, aunque a veces lo llegan a comparar con Buda o con Mahoma, como otras pocas centellas de una estrella, que vendría a ser Dios. Es decir, equiparan a Cristo con otros grandes hombres y líderes religiosos de la humanidad. Que lo haga cualquiera, se puede aceptar, por desconocimiento pleno de Jesús, pero que lo haga un cristiano es inaceptable. Pero ocurre y estos son usualmente los que están sentados en la cátedra, como sabios, intelectuales y letrados de talla. Estos son en realidad grandes fariseos, que están parados en la puerta y ni entran, ni dejan entrar, porque valiéndose de su crédito social o intelectual, siembran el desconcierto entre quienes se sienten menos preparados, entre los humildes que los tienen como modelo. Esto ocurre también al interior de la Iglesia y de muchas órdenes religiosas. Sacerdotes que minimizan el valor de los sacramentos, entre ellos el de la Reconciliación y hasta la misma Eucaristía, asignándoles un valor relativo. Que asumen su labor como la de cualquier profesional, con horarios y preferencias, muchas veces alejados de las necesidades y sentir propio de su feligresía, a la que no se dan el tiempo de conocer, porque se dejan absorber por quienes siempre acuden al templo, prescindiendo de quien sea el párroco. Ni qué decir de tantos y tantos personajes públicos, católicos declarados, pero que llevan una vida reñida con el evangelio y que encima critican a la Iglesia, valiéndose de la autoridad que tienen, sin haberse preocupado realmente de conocer la fe que dicen profesar, conociendo la Biblia y los Evangelios por el forro. Todos al unísono alzan su voz reclamando modernización y adaptación al siglo XXI, entendiendo por ello la aceptación del divorcio, del matrimonio gay, del aborto y la eliminación del celibato para los sacerdotes, reclamos sociales en los que parece haber consenso, es verdad, pero en los que el mayor consenso es precisamente la superficialidad con que se adoptan estas posiciones, que no serían tales si conociéramos medianamente los evangelios. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, créanlo por las obras.

Oremos:

Padre Santo, danos entereza para abordar el estudio de la Palabra del nuestro Señor Jesucristo, con seriedad y perseverancia, meditando cada día la Palabra correspondiente a la fecha…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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