Juan 14,6-14 – Nadie va al Padre sino por mí

Mayo 4, 2017

Nadie va al Padre sino por mí

Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocen a mí, conocerán también a mi Padre; desde ahora lo conocen y lo han visto.»

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Nadie va al Padre sino por mí

Juan – Capítulo 14

Reflexión: Juan 14,6-14

Somos peregrinos. Estamos en este mundo en una peregrinación que terminará en los brazos de nuestro Padre Creador. ¿Por qué? Pues porque Dios, en su infinita misericordia así lo ha dispuesto. Empecemos por el comienzo. Dios nos ha creado por amor. ¿Qué quiere decir esto? Que no tenía por qué ni para qué crearnos. Dicho de otro modo, podríamos no haber sido jamás. Si tenemos vida es porque Él lo ha querido. ¿No es la vida un Don maravilloso? Es seguro que la mayoría estaremos de acuerdo en ello. Nadie en sus cabales renunciaría a su vida, así porque sí.

Estaremos de acuerdo en que la vida es un Don o si se prefiere un obsequio precioso, porque, además de ser bella, ni la pedimos, ni la merecíamos. Se nos dio como ejercicio de la libérima Voluntad de Dios. Él así lo quiso. Nadie lo forzó, ni obligo. Tampoco hay ningún merecimiento de por medio. Él nos la ha querido dar GRATUITAMENTE. A un gesto de tal magnitud, desinterés y magnanimidad, no podemos reconocerlo de otro modo que como AMOR. Es este, pues, el mayor y mejor ejemplo de amor.

Siendo un Don incondicional, Dios ha querido que hagamos uso del mismo con absoluta libertad. Así, poder disponer de él libremente lo hace más valioso aún. Por lo tanto, ni hicimos nada para merecerlo, ni estamos obligados de ninguna manera con Dios por habérnoslo otorgado. La Vida, un Don incuantificable, que no podría ser adquirida por la mayor riqueza del mundo, la tenemos por Gracia Divina. Esta vida única e irrepetible nos hace infinitamente ricos, puesto que no hay nada que podríamos dar a cambio y sin embargo tenemos absoluta libertad para disponer de ella como queramos.

Pero, no estamos solos en el universo. Dios ha creado todos los demás seres animados e inanimados y los ha puesto a nuestra disposición y servicio, para que usándolos conforme al propósito para el que fueron creados, haciendo uso de nuestra libertad, voluntad e inteligencia, nos valgamos de todo ello como corresponde. No depredándolos para que se reproduzcan y asegurar su subsistencia, por ejemplo. No abusando, ni cambiando el propósito para el cual fueron creados, el que fácilmente podemos determinar gracias a nuestra inteligencia.

Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocen a mí, conocerán también a mi Padre; desde ahora lo conocen y lo han visto.»

Vedando el consumo de ciertas especies en determinados períodos o bajo determinadas circunstancias, haciendo uso de nuestra voluntad, para facilitar su reconstitución y el uso racional, que asegure su mantenimiento en el tiempo, para beneficio de las generaciones futuras. De la observación de Universo, incluyéndonos a nosotros mismos, hemos podido establecer que todo tiene un propósito, lo que ha sido ratificado por Cristo, revelándonos que Él es la Verdad, el Camino y la Vida, terminando con cualquier duda o diferencia de criterio. Esto es así, porque Jesucristo nos da a conocer que es el Hijo de Dios, el Creador, que ha venido para Salvarnos.

¿Es que necesitábamos que nos salven? ¡Sí! Porque siendo libres, dotaos de inteligencia y voluntad, nos hemos empecinado en caminar en la oscuridad y la mentira. ¿Cómo puede ser? Es que nos hemos negado a reconocer la naturaleza de las cosas, de los bienes e incluso de nuestros congéneres y nos hemos obstinado en hacer un uso que no corresponde de todos ellos. ¿Cómo así? Hemos acumulado cantidad de productos para satisfacer necesidades futuras, en desmedro de nuestros hermanos, exponiendo su salud e integridad. En buena cuenta, desconociendo el propósito de las cosas y haciendo uso equívoco de nuestras facultades (inteligencia, voluntad y libertad) hemos pretendido darles el uso que nos ha parecido, incluso de nuestra propia vida, dañando la creación, a nuestros hermanos y hasta a nosotros mismos.

En pocas palabras, hemos hecho mal uso, uso errado, incluso destructivo y perverso de todo lo que recibimos incondicionalmente. A tal extremo ha llegado la cosa, que por el camino de la mentira, la oscuridad y a muerte que hemos escogido vamos a la destrucción definitiva de cuanto fue creado y puesto a nuestro servicio. Pudiendo escoger el Bien, hemos escogido el Mal. Esto no corresponde al Plan de Dios trazado desde siempre. Por eso, cuando llegó el tiempo, nos envió a Jesucristo que tal como hoy se nos presenta, es el Camino, la Verdad y la Vida.

¡Tenemos que cambiar de rumbo! Dios, que es infinitamente misericordioso así lo quiere, porque Él no quiere que ni uno de nosotros se pierda. Porque no nos creó para eso, sino para que tengamos vida en abundancia, alcancemos la plenitud y seamos felices. Él quiere eso para nosotros. ¡Eso es lo que nos conviene! ¿Habrá alguien tan necio que no lo quiera? ¡No! Entonces, ¡enderecemos el rumbo! Miremos a Jesús y sigámoslo. Él es el Camino a la Vida Eterna. Él es la Verdad, es decir que no hay engaño en Sus Palabras, en lo que nos enseña y manda. ¡Hagamos lo que nos dice y alcanzaremos la Vida Eterna para la cual fuimos creados!

¡Tengamos fe! Esta no es otra cosa que lanzarnos con plena confianza al Camino que el Señor nos señala. ¡Jesucristo ha dado Su vida para que le creamos! ¡Amándonos al extremo, tal como Él fue resucitado por el Padre, nosotros seremos resucitados si seguimos su ejemplo de amor! ¡Fe y amor son las respuestas! ¡Fe para amar al extremo sabiendo que en ello alcanzaremos la Salvación, es decir, el propósito para el cual fuimos creados! Este es: Vivir Eternamente en el Reino de los Cielos.

Padre Santo, te damos gracias por habernos enviado a Jesús y te pedimos que nos des la fe y la perseverancia para seguirlo, por Jesucristo nuestro Señor, Amén.

Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocen a mí, conocerán también a mi Padre; desde ahora lo conocen y lo han visto.»

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