Juan 1,45-51 – del que escribió Moisés en la Ley

Agosto 24, 2015

Texto del evangelio Jn 1,45-51 – del que escribió Moisés en la Ley

45. Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.»
46. Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás.»
47. Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
48. Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
49. Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
50. Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»
51. Y le añadió: «En verdad, en verdad les digo: verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Reflexión: Jn 1,45-51

La presentación que hace Felipe de Jesús a Natanael es impresionante y revela tanto su fe, como la íntima conexión que ya había logrado con Jesús, porque ese conocimiento, esa certeza no la puede dar nada más que el Señor. ¡Qué importante es lo que dice! Jesús es el Mesías, el Salvador largamente esperado. Eso ya lo sabe íntimamente Felipe, por eso puede decirlo con esa seguridad y contundencia. ¿Lo sabemos nosotros? Porque hay muchos entre nosotros que seguimos sosteniendo que Jesús fue un “tipazo”, un hombre excepcional, pero somos incapaces de reconocer a Dios en Él y esto es fundamental, de otro modo nos estamos quedando en la superficie, en la periferia del misterio de Jesús. Así, difícilmente podemos llamarnos cristianos, porque estamos desconociendo lo esencial en Jesús, que es su naturaleza Divina. Claro que se ha hecho hombre como nosotros en su aspecto físico, pero no ha dejado por eso de ser Dios. Parece un imposible, y lo es para nosotros, pero no para Dios. Eso es lo que tenemos que llegar a comprender y aceptar, de otro modo nos será imposible entender otras manifestaciones de Dios en nuestra historia y realidades sobrenaturales como la virginidad de María, la muerte y resurrección de Jesús, la ascensión de Jesucristo, la vida eterna, el Reino de Dios, la perfección, la santidad, la Verdad, la Trinidad, la Creación, el Bautismo, la Eucaristía, el Matrimonio, la Reconciliación, el Espíritu Santo y oraciones como el Padre Nuestro, el Rosario, entre otras. «Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.»

Si no aceptamos y comprendemos íntimamente que Jesucristo es Hijo de Dios y por lo tanto Dios también, difícilmente llegaremos a entender el drama de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Por ejemplo, cómo entender las Palabras de Jesús cuando nos dice: Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre. (Juan 10,17-18) Quien no logra entender y aceptar la Divinidad de Jesús, racionaliza los sucesos que ocurren en la pasión y encuentra lógico el desenlace, como si se tratara de un evento político-militar que finalmente le costó la vida a Jesús. Derrotado y humillado, finalmente le quitaron la vida. Para quien no cree, escapa la abismal diferencia entre quitar y entregar o dar. A Jesús, siendo Dios, nadie, ABSOLUTAMENTE NADIE le puede quitar la vida. Él la da, lo que es muy distinto. La da por nosotros. He ahí precisamente uno de los grandes misterios de la presencia de Jesús en nuestra historia. Pudiendo nacer en un palacio, rodeado de pompas que envidiaría cualquier corte humana de todos los tiempos, decide nacer en el seno de una familia pobre, de una madre virgen y en un establo. Y al final, pudiendo acabar con tan solo su pensamiento a todos sus agresores, se deja humillar y maltratar al extremo de morir crucificado entre dos ladrones. ¿Por qué no se libra de todo esto pudiendo hacerlo? Porque Él quiere complacer el pedido de Salvarnos de la muerte y del pecado realizado por Dios Padre, conocido por nosotros a través de los profetas, y en su Infinita Sabiduría concluye que solo hay un modo y es entregando su vida por nosotros. Es decir, dejándose hacer todo lo que le hicimos, hasta morir como lo hubiera hecho cualquier hombre. Sin embargo después de tres días fue resucitado por el Padre, mostrando que la muerte no tiene poder sobre Él, con lo cual quedó acreditado todo lo que nos enseñó. «Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.»

Jesús tenía que morir para mostrarnos con su propia vida hasta qué extremo ha de llegar el amor. No hay amor más grande que el que da su vida por sus amigos; eso es lo que hizo Jesús. Por lo tanto su prédica no se quedó en palabras; no nos dio dos mandamientos referidos al amor, para que nos esforzáramos en cumplirlos –como hacen los fariseos hipócritas-, sino que nos enseñó cómo había que cumplirlos; hasta qué extremo tendríamos que estar dispuestos a llegar, confiando plenamente en Él. Por eso es el Maestro, el único Maestro, porque nos enseña con el ejemplo. La solución para este mundo, nuestra salvación, está en amarnos. No en quitarnos, no en imponernos, no en violentarnos, sino en entregarlo todo, hasta la propia vida si es preciso, por amor. Quien así lo hace, será resucitado por Cristo y vivirá eternamente. En muchas oportunidades, como en la que se relata en este pasaje, Jesús se ve precisado a dar “pruebas de su divinidad” a sus interlocutores. Son estas las que los hacen reconocerlo como el Hijo de Dios. En buena cuenta todos los milagros y prodigios realizados por Jesús tienen fundamentalmente este propósito: suscitar la fe. Y es que la fe es sumamente importante para dar el paso en pos de Él. Sin la fe, no nos atreveríamos a cambiar nuestras vidas en la forma que el amor nos exige que lo hagamos. Sin fe, ¿por qué escoger a Dios en vez del Dinero?¿Por qué escoger el amor en vez de la comodidad y el egoísmo?¿Por qué dar en vez de sentarnos a esperar recibir?¿Por qué dejarnos humillar, cuando podríamos movilizar todas nuestras huestes y arrasar con nuestro enemigo? El Señor nos enseña que el Camino de nuestra Salvación es la paz, la concordia, la solidaridad, el perdón, la misericordia, el sacrificio, la verdad, la bondad, la justicia y el amor. Si somos capaces de creer en Dios a tal extremo, veremos muchas cosas más cuando alcancemos el Reino de los Cielos. «Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.»

Oremos:

Padre Santo, danos Tu paz, para que seamos capaces de buscar siempre el acuerdo, la armonía y el amor, de modo tal que estemos siempre dispuestos al sacrificio antes que quebrantar cualquiera de tus dos mandamientos del amor …Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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