Juan 14,27-31a – cuando suceda crean

Abril 26, 2016

Texto del evangelio Jn 14,27-31a – cuando suceda crean

27. Les dejo la paz, mi paz les doy; no se las la doy como la da el mundo. No se turbe su corazón ni se acobarde.
28. Han oído que les he dicho: “Me voy y volveré a ustedes.” Si me amaran, se alegrarían de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
29. Y se los digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean.
30. Ya no hablaré muchas cosas con ustedes, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder;
31. pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado.

Reflexión: Jn 14,27-31a

Es muy importante esforzarnos por adoptar la visión de Jesús a fin de entender su mensaje. Sin esta particular perspectiva o no lo entendemos o nos parece enredado. Pero requiere nutrirse permanentemente de la Palabra del Señor para afinar nuestro oído, nuestro corazón, nuestras entendederas y ponernos en sintonía con Su Plan de Salvación. No es cuestión de coger la Biblia una vez al año con la pretensión de leerlo como quien lee un diario o las reflexiones de un perfecto desconocido. Vamos, directo a Su pasión y muerte o a Sus milagros; no. Así no se puede leer ni conocer al Señor. Todo lo que dice Jesucristo lo hace en un contexto muy especial, único, en el que incluso cada uno de nosotros formamos parte de este, pero solo si tenemos intimidad con Él, es decir, si recurrimos asiduamente a la lectura y reflexión de Su Palabra. De otro modo nos quedaremos en la superficie, en lo aparente, en el forro, de lo que, por cierto, algo sacaremos, más aún, si estamos en Gracia de Dios, pero repetimos, es preciso familiarizarnos con su visión y su modo tan particular de expresar el mensaje encomendado por Dios Padre para que nos aproximemos a la Verdad. Porque es de eso que nos habla Jesús. Así, detengámonos por un momento a tratar de comprender a qué viene esto de la paz con nosotros. La respuesta humanamente lógica tendría que ser: ¿Qué tienes? ¿cómo vamos a estar en paz con todo lo que nos has advertido que se viene? ¿Cómo estar en paz si en un poco más vendrán a aprehenderte y te crucificarán? Habría que ser de piedra para no sentir que el corazón se estruja y el estómago nos da tres vueltas. Si algo puede sentir quien acompaña a un sentenciado a muerte injustamente y a quien ama, es angustia, impotencia, tristeza, dolor. Y sin embargo el Señor nos da la paz y pretende que estemos en paz. Tiene que estar loco. “Me voy y volveré a ustedes.” Si me amaran, se alegrarían de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y se los digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean.

Luego viene la explicación que nos cuesta entender. Jesús está yendo al Padre; así, aun cuando tenga que pasar por el calvario de su muerte, finalmente Resucitará, venciendo a la muerte y sellando de este modo con su sangre nuestra Salvación. Él debe morir para luego resucitar. Eso está en los Planes de Dios y Jesús los cumplirá hasta la última coma. Porque eso es lo que quiere el Padre, porque solo así podremos salvarnos y esto es lo que quiere el Padre, porque nos ama más que nadie en el Universo. Él no quiere que ni uno de nosotros se pierda. Para eso es preciso que Jesucristo muera en la cruz, resucitándolo al tercer día. Esto tiene que pasar así y así sucederá. Precisamente esto es lo que Jesús nos está anticipando y lo hace, para que creamos en Él, para que cuando todo esto suceda no nos sorprendamos, sino que caigamos en la cuenta que todo está sucediendo exactamente como nos advirtió que ocurriría. Si esto es así, si Él es capaz de anticipar lo que ocurrirá, no sería lo más lógico creer en todo lo que nos ha revelado, disponiéndonos a hacer lo que nos manda. Esto es precisamente lo que quiere Jesús y aquí nos lo confirma. Nos da la paz, porque si hemos comprendido lo que nos quiere decir, si hemos comprendido Su mensaje, sabremos que lo que ocurrirá -que nos parece tan catastrófico- es tan solo el PRELUDIO a la Vida Eterna, a la plenitud, a la victoria definitiva, a la llegada definitiva del Reino de los Cielos. Estamos frente a algo lo más parecido a un parto. Reviste alguna incomodidad, alguna dificultad y es doloroso, como cualquier parto, pero la alegría de lo que vendrá lo supera con creces y por lo tanto bien vale la pena soportar temporalmente cualquier pequeña molestia, incomodidad o dolor, que no son nada frente a la vida eterna. “Me voy y volveré a ustedes.” Si me amaran, se alegrarían de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y se los digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean.

Hay algo más que nos aclara el Señor, que debemos tener en cuenta en esta reflexión, que con todo lo trágico que pueda parecer este episodio de su pasión y muerte, que como todo suceso abominable tiene que ver con el Príncipe de este mundo, quien tiene poder sobre las fuerzas del mal, sin embargo no tiene ningún poder sobre Jesucristo. Recordemos que NADIE le quita la vida, sino que Él la da voluntariamente por nuestra Salvación. Cuando dice que nadie le quita la vida, está incluyendo al Demonio, es decir al Príncipe de este mundo, por lo tanto no pensemos ni por un segundo que hay aquí una pugna entre Satanás y Cristo, porque no la hay. Esta es una batalla más, como todas aquellas batallas que pueda presentarle el Demonio, en que saldrá mordiendo el polvo de la derrota, como siempre. Escuchémoslos bien: ¡Nunca jamás el Demonio ha vencido ni vencerá a Jesucristo! Por lo tanto, no hay nada que temer. Por eso debemos estar en paz, por eso nuestro corazón no debe turbarse ni acobardarse. Todo lo que aquí sucede, ocurre porque es necesario para nuestra salvación. Esto es lo que Dios Padre ha dispuesto; esta es la Voluntad de Dios y Jesucristo habrá de cumplirla hasta el final. Mil veces nos volveremos a preguntar por qué tenía que ser así, ¿Es que Dios es masoquista o en todo caso un sádico que envía a su Hijo a una muerte y un sufrimiento seguro? ¡No! ¡Todo esto ocurre para salvarnos! Dios Padre nos ha creado libres y en su infinita sabiduría sabe que el Único Camino para que Vivamos Eternamente, como Él lo quiere y nosotros también lo quisiéramos, es el AMOR. Debemos amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Pero nosotros tenemos dudas a cada paso respecto a si el amor podrá alcanzarnos tal fin. Jesucristo viene a disipar de nuestras mentes y corazones estas dudas, para que nos entreguemos con fe ciega al amor, porque solo así alcanzaremos la plenitud, la felicidad, la vida eterna. Jesucristo nos muestra el Camino y nos da pruebas irrefutables que lo que dice es la Verdad. Nosotros debemos creerle, pero somos tan testarudos que ha sido necesario que Jesucristo muera en la Cruz por nosotros y luego al tercer día resucite, para recién creerle. Como Tomás, que vivió tanto tiempo con Él y presenció cada uno de Sus prodigiosos milagros, necesitamos tocar la llaga de sus manos y de su costado para creer. Por eso es preciso que Jesucristo pase por todo esto: por nosotros. Él lo hace, porque nos ama y porque esa es la Voluntad de Su Padre. En todo esto, nada tiene que ver el Demonio, que ya derrotado se ha sentado a la vera del Camino para tratar de tentar a los incautos incrédulos, desviándolos del Camino. Lo que no pudo hacer con Jesucristo, lo intentará con cada uno de nosotros, sin embargo, será otra vez una aplastante derrota, si permanecemos en Cristo, como el permanece en nosotros. “Me voy y volveré a ustedes.” Si me amaran, se alegrarían de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y se los digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos apartemos del Camino trazado por el Señor con Su propia Sangre…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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