Juan 14,15-16.23b-26 – Espíritu Santo

Mayo 15, 2016

Texto del evangelio Jn 14,15-16.23b-26 – Espíritu Santo

15. Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.
16. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes:
23. «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.
24. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.
25. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes.
26. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.

Reflexión: Jn 14,15-16.23b-26

A muchos cristianos lamentablemente escapa la importancia de la fiesta que hoy celebra la Iglesia. Es verdad que es muy difícil decir qué fecha es más importante, cuando tenemos tantas en el Calendario Litúrgico en el que recordamos acontecimientos únicos en la historia de la humanidad. Sin una, no habría la otra y es que todo está referido finalmente al Plan de Salvación puesto en marcha por Dios Padre Creador, que demandó su irrupción en la historia de la humanidad para volvernos al Camino que da razón y sentido a nuestra existencia. Toda nuestra historia está jalonada de sucesos en los que podemos atestiguar la presencia de Dios con el único propósito de Salvarnos, conforme a Su Plan. Es atendiendo a Su Santísima Voluntad que viene nuestro Señor Jesucristo a cumplir con la Misión encomendada de darnos a conocer lo que Dios Padre tenía planeado para nosotros desde que fuimos creados, por una sola razón: por amor. La motivación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es el amor infinito e incondicional que nos tienen, el que les ha llevado a manifestarse señalándonos el Camino de la Luz, la Verdad y la Vida. Jesucristo nos aclara que no existe otra motivación, que no hay mérito alguno en nosotros, que es Voluntad de nuestro Dios Padre y Creador, que seamos felices y vivamos eternamente. Esta es la Buena Noticia que nos trae Jesucristo y que ha quedado registrada en los Evangelios. Su nacimiento, vida, muerte y resurrección dando cumplimiento a esta Misión encomendada por Dios, están plagadas de fechas trascendentes y de una importancia gravitante en nuestra salvación. Este es un acontecimiento que hemos de celebrar siempre con nuestras propias vidas. No podemos nada más que estar permanentemente alegres con esta Buena Noticia, que da sentido a todo lo que hacemos e incluso al sufrimiento. Todo adquiere un sentido y una razón que van más allá de cuanto podemos maginar y nos llenan de alegría y gozo indescriptible, que se habrá de colmar cuando las promesas de Cristo lleguen a su culminación. Entre tanto, cada día es una celebración que dedicamos al Señor. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.

Hoy es el Domingo de Pentecostés, en que junto con toda la Iglesia recordamos el envío del Espíritu Santo, luego de 50 días desde la Pascua del Señor. El Espíritu Santo de Dios, prometido como nuestro Defensor, es enviado por Jesucristo, conforme a Sus promesas. El Espíritu Santo de Dios es aquél mismo que aleteaba en los océanos cuando Dios creo el mundo. El Espíritu Santo es el que estuvo en aquella hora, momento y lugar que ni si quiera podemos imaginar, en que todo el Universo fue creado. El Espíritu Santo de Dios es el que irrumpió cuando los discípulos estaban reunidos con la puerta cerrada y se posó en cada uno de ellos en forma de lenguas de fuego. El Espíritu Santo de Dios es el que nos mantiene vivos, el que cada día provee todo lo que necesitamos para mantenernos en este mundo y el que nos revela y aclara todo lo que el Señor nos enseñó mientras estuvo con nosotros; el sentido de Su Vida, muerte y resurrección. El Espíritu Santo de Dios es el que nos comunica el amor de Dios y nos enseña a amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos. Es el que nos guía en la oscuridad y nos lleva a descansar en verdes prados. Con Él nada temeremos, porque para Él nada hay imposible. No existe fuerza en el mundo que se le oponga. Él nos conducirá hasta el Padre, tal como Jesucristo, el Hijo, nos lo prometió. Hoy celebramos de modo especial que el Señor nos haya enviado el Espíritu Santo de Dios para que nos guíe, nos enseñe y recuerde todo aquello que Jesucristo nos Reveló. Sin el somos nada, en cambio con Él, lo tenemos todo. Él nos mantiene en el cauce. Él nos inspira y nos permite ver con claridad todo aquello que de otro modo no alcanzaríamos a entender. Él nos une por encima de cualquier diferencia y nos impulsa a amar, aun a costa de los más grande sacrificios. Él es la única garantía que podemos tener que lo que hacemos mantiene correspondencia con lo revelado por el Señor Jesucristo y con lo que espera que hagamos en cada situación. El Señor no ha dejado nada librado a nuestras capacidades y posibilidades, por lo que mientras nos encontremos unidos a Él no habrá nada que se nos oponga y tendremos la garantía que llegaremos a alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.

No hay otra forma de seguir a Jesús y amarlo que cumpliendo Su Palabra. Su Palabra es Vida Eterna. ¿Qué tenemos que hacer para cumplirla? Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. No hay más. Eso es todo. Se dice muy fácilmente, pero NO se lleva a la práctica con la misma facilidad, mucho menos en el mundo moderno, en el que domina la cultura del consumo y del descarte, en la que todo parece tener un valor relativo, dependiendo de los gustos, aspiraciones, deseos y metas que se proponga cada quien. Por más adelantos que hayamos realizado en las ciencias y en las organizaciones sociales y políticas, por más avances en el respeto a los derechos humanos, siempre estamos tentados a darle a todo un valor relativo, dependiendo de quienes son los afectados o los beneficiados. Así todos parecemos de acuerdo en combatir la pobreza y la explotación, pero pocos está de acuerdo en moderar sus ambiciones y reformar sus costumbres de modo tal que no aspiremos tanto a atender nuestros excesos, nuestros caprichos y nuestros hábitos consumistas, como a comprender a los que menos tienen, ayudándoles a paliar sus necesidades básicas, aun a costa de nuestro propio sacrificio. Y es que la sociedad consumista en la que vivimos, parece mantener culto al tener, a las comodidades, a la acumulación de bienes y capital, como si de ellos dependiera nuestra felicidad. En lugar de poner nuestra meta en el amor, tal como nos lo propone Jesús, hemos puesto todas nuestras expectativas en el progreso económico manifestado como el creciente incremento de bienestar, bienes y artículos de consumo, lujos, propiedades, riquezas y dinero. Terminamos rindiendo verdadero culto al dinero, porque este pareciera podernos ofrecer y poner a nuestro alcance casi todo lo que podamos querer o imaginar. En lo único que hasta ahora parece fracasar es en darnos vida eterna y evitar el envejecimiento. Pero no faltan los que creen que llegará aquel día, que como con todo, dependerá de la cantidad de dinero que hayamos podido acumular, así que entre tanto no están dispuestos a ceder su riqueza por amor, aun cuando ello no les impida ver que todos van muriendo a su alrededor, por no tener lo más elemental, que a ellos les sobra. Este gran error nos lo hace ver Jesucristo, instándonos a decidir por Dios y no por el Dinero, porque en Dios está el amor y con él, la Vida Eterna, tal como el Espíritu Santo nos lo viene recordando y enseñando. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.

Oremos:

Padre Santo, gracias por enviarnos Tu Espíritu Santo. Ayúdanos a comprender razonablemente que sin Él será imposible alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Secuencia del Espiritu santo. Hermana Glenda

In Persona Christi – Jesed

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