Juan 14,1-6 – Yo soy el Camino

noviembre 2, 2015

Texto del evangelio Jn 14,1-6 – Yo soy el Camino

1. «No se turbe su corazón. Creen en Dios: crean también en mí.
2. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, se los habría dicho; porque voy a prepararles un lugar.
3. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los tomaré conmigo, para que donde esté yo estén también ustedes.
4. Y adonde yo voy saben el camino.»
5. Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
6. Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

Reflexión: Jn 14,1-6

Cuando uno empieza a conocer a Cristo, esto de tres personas distintas y un solo Dios verdadero se hace un poco enredado. Al comienzo recuerdo que yo tampoco entendía muy bien y a veces me confundía. Es que Jesús, Cristo, Jesucristo, el Salvador, el Mesías, el Hijo de Dios, el Hijo del Hombre son diferentes nombre o apelativos para referirnos a la misma persona, a la segunda persona de la Trinidad, es decir al Hijo de Dios. Hasta antes de la llegada de Cristo diríamos que nuestro conocimiento de Dios era intuitivo. Había algo en nuestro interior que nos sugería su existencia, viéndolo en cada una de las maravillas de la Creación. Además, es cierto que Dios se reveló de diferentes maneras a los profetas y a través de ellos y algunos acontecimientos a Su Pueblo escogido, todo lo cual ha quedado registrado en la Biblia. Sin embargo, es recién Cristo quien nos revela que Dios es nuestro Padre, del mismo modo que es Padre de Él. Que es este Padre nuestro el que nos ha creado por amor, para que vivamos con Él eternamente. Que amándonos tanto, nos ha dotado de inteligencia, voluntad y libertad, por lo que hemos de decidir nosotros si queremos alcanzar el fin para el cual hemos sido creados. En otras palabras, nuestra felicidad o nuestra perdición están en nuestras manos; dependen de la decisión que tomemos. Por eso y con el propósito de evitar que nos equivoquemos y perdamos, Dios Padre, cuando llegó el tiempo, envió a Su Hijo Jesucristo a enseñarnos el Camino y Él lo hizo con su propia vida. Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios viene al mundo a mostrarnos el Camino de la Salvación, el Camino que nos conducirá a la Vida Eterna prometida por Dios. Esto es lo que hace el Señor todo el tiempo que vive entre nosotros, pero especialmente los tres años del período que se conoce como Su Vida pública, aquella que llegaron a conocer miles a través de sus milagros, enseñanzas y curaciones. El Señor viene a suscitar en nosotros la Fe. Fe en Sus promesas que alcanzaremos si oímos y obedecemos los mandamientos de Dios, que Jesús termina resumiéndolos en dos: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Son tan cortos estos mandatos, que pueden entrar en un solo twitt. A eso se reduce toda la doctrina de Jesús. Más aún, Doctores de la Iglesia, como San Agustín han terminado reduciéndolo a una sola palabra, en lo que se puede resumir todo lo que ha hecho Dios y lo que vino a hacer Jesús: AMOR. Es por amor que Jesús muere en la cruz y que Dios Padre lo resucita al tercer día, anticipando de este modo la promesa que habrá de cumplir con todos los que creemos en Él. Si creemos en Él, hemos de amar incondicionalmente, tal como Él mismo nos ha amado aún antes que existiéramos. Para salvarnos, hemos de creer ciegamente en Él. Es decir, amar a todo el mundo, sin condiciones. Este amor se evidencia en cada uno de nuestros actos, por más pequeños e insignificantes que parezcan. Por eso San Agustín termina sentenciando: ama y haz lo que quieras. Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

Estas diferencias entre el Padre y el Hijo que nos quiere aclarar Jesús en este pasaje a fin que no se turbe nuestro corazón, corresponden a una realidad sobre natural, de una armonía y complementariedad sin igual, que ha de ser para nosotros el mejor modelo de amor que podemos tener. A ellos debemos agregar el Espíritu Santo, que es esa fuerza poderosa de Dios, contra la que nada ni nadie puede y que nos permite asegurar que la Voluntad de Dios se habrá de cumplir de todas maneras, empezando por nosotros, ´porque si oímos y hacemos lo que nos manda Dios, llegaremos a caer en la cuenta que no puede haber nada más sensato y apropiado que hacer Su Voluntad, porque esta es: que Vivamos Eternamente en el Reino de Dios. No ha de haber nada que nos turbe, porque Padre, Hijo y Espíritu Santo viven en perfecta armonía. El Padre nos creó, Jesucristo, el Hijo, viene a Salvarnos enseñándonos el Camino con Su propia Vida y el Espíritu Santo permanece entre nosotros como la garantía y la fuerza que hará posible que se cumplan las promesas de Cristo para aquel que teniendo fe, se entrega incondicionalmente al amor de Dios. Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

Oremos:

Padre Santo, que entendamos que es en el seguimiento de Jesús que se encuentra nuestra salvación y que ello solo es posible por Tu Gracia. Que amemos la Verdad y por ningún motivo caigamos en la tentación de mentir y engañar. Finalmente, que entendamos que la vida es el Don más preciado de Tus manos; que no tenemos ningún derecho sobre ella y que todo lo que debemos hacer es esforzarnos por preservarla, especialmente la de nuestro prójimo, al extremo de estar dispuestos a dar la nuestra por la de ellos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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