Juan 14,1-6 – Nadie va al Padre sino por mí

mayo 12, 2017

Nadie va al Padre sino por mí

«Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

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Juan 14,1-6 Nadie va al Padre sino por mí

Juan – Capítulo 14

Reflexión: Juan 14,1-6

Estamos destinados a peregrinar al Padre. A transitar por el Camino. Pero no se trata de una determinación fatalista, como pretenden quienes niegan a Dios precisamente porque sienten que los obliga a llevar una vida según Sus mandatos. Esto no es cierto, aunque ellos lo utilicen como excusa. Quien quiere evadirse de su responsabilidad, siempre encontrará excusas y cuando le hagan falta, las creará. Lo cierto es que Dios no obliga a nadie, pero el que no elige este Camino, yerra.

¿Quiere decir que solo hay un Camino? Cierto. Nos lo dice Jesucristo hoy: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. No hay otra forma de llegar al Padre, que es el destino para el cual fuimos creados, que oyendo y haciendo lo que Jesucristo nos manda. El Camino está en oír y hacer. No basta con solo oír y entonces conmoverse, pensar y tener buenas intenciones. Recordemos las Bienaventuranzas: hay que dar de comer y beber, visitar a los enfermos y a los presos, consolar a los que sufren, buscar la paz y la justicia…Hay que amar.

En otro texto Jesucristo nos dice que debemos escoger entre Dios y el Dinero, dándonos nuevamente a entender que no existen vías alternativas. Solo hay un Camino, es Él. No hay matices, ni tampoco está sujeto a la subjetividad. No depende de cada uno. No se trata de lo que le pueda parecer a cada quien, ni aquello en lo que encontremos mayor simpatía. El Camino es uno y está reñido con el Dinero. Es excluyente.  ¿Qué es o qué representa el Dinero? Todo aquello que no nos conduce a Dios, es el Dinero, proviene de la mentira, del engaño, del error, de la oscuridad, de las tinieblas, del Demonio y nos conduce a la muerte.

«Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

El Camino, la Verdad y la Vida es Jesucristo, es el único que nos conduce al Padre, el destino para el cual fuimos creados. Solo entonces alcanzaremos la plenitud, la felicidad y la Vida Eterna. Este destino está a nuestro alcance, pero hemos de optar por él. No constituye una fatalidad porque está sujeto a que nosotros lo escojamos libremente. Podemos rechazarlo, aunque será una necedad, porque iremos a la oscuridad y a la muerte. Lo correcto es escoger el Camino.

Como buen Padre –el mejor-, sabiendo que nos ha creado libres y ante la posibilidad que erremos de camino, haciendo uso de nuestra libertad, lo cual nos conduciría a la muerte, envía a Su Hijo a Salvarnos, revelándonos lo que Dios Padre quiere para nosotros: la Vida Eterna. Jesucristo, con la autoridad que le da nuestro Padre, nos manda transitar por el único Camino que nos lleva al destino para el cual fuimos creados por Dios. Pero depende de nosotros oírle y hacer lo que nos manda. Si no lo hacemos, nos perderemos.

¿Por qué Jesucristo nos manda con autoridad? Porque Él ha venido enviado por el Padre y hace Su Voluntad. Y Su Voluntad es que todos nos salvemos. ¿Qué hace un padre cuando ve que su menor hijo quiere meter las manos a las cuchillas de una licuadora? Sabiendo el daño que puede causarse, le grita y le MANDA sacar las manos de aquel lugar y hacer otra cosa. Le manda, para salvarlo. Si no lo hiciera ¿qué clase de padre sería? Nuestro Padre solo quiere nuestro bien, por ello, viendo el peligro que afrontamos al haber escogido el Dinero, nos manda al Salvador para que cambiemos de Camino. Y, Jesucristo, a nombre del Padre nos manda: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, porque en cumplir este mandato está nuestra salvación.

Dios es Infinito, Todopoderoso, Omnipotente, Eterno y Sabio, por lo tanto, lo que nos dice por boca de Jesucristo es la Verdad. No hay engaño en Sus palabras. Debemos oírlas y hacer lo que nos manda. Ese es el Camino para alcanzar la Vida Eterna, para la cual fuimos creados. Esta es la Voluntad de Dios. Seremos felices en cuanto nos ajustemos a ella. Esto es lo que Jesucristo nos revela. Esto es lo que nos enseña en la oración del Padre Nuestro.

Dios nos espera. Tiene reservado un espacio para nosotros en el Cielo. Vivamos cristianamente y alcanzaremos las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Esta es Gracia que te pedimos Padre Santo, por Jesucristo nuestro Señor, Amén.

«Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

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