Juan 14,1-12 – No se turbe su corazón

mayo 14, 2017

No se turbe su corazón

No se turbe su corazón. Creen en Dios: crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, se los habría dicho; porque voy a prepararles un lugar.

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Juan 14,1-12 No se turbe su corazón

Juan – Capítulo 14

Reflexión: Juan 14,1-12

¡Cómo no sentirnos amados por Jesucristo con tan dulces palabras! Él no quiere que nuestro corazón esté turbado, que andemos afligidos, preocupados. Él quiere que tengamos paz. La paz de aquel que ha depositado toda su confianza en quien vela por él y solamente le puede hacer bien. Esa es la paz que solo puede provenir de Jesucristo y de nuestro Padre Celestial. Ha llegado el momento que entendamos la Trinidad y Jesucristo nos la explica muy claramente en estos versículos, aun cuando solo se refiera explícitamente al Padre y al Hijo.

Este gran Misterio de la Trinidad, tres personas distintas pero un solo Dios verdadero nos lo explica muy claramente Jesús aquí. Hablando del Padre y del Hijo, es claro que son dos personas distintas, sino no se referiría a cada una en forma independiente. Sin embargo, quien conoce a Jesucristo, conoce a Dios Padre, nos lo dice Jesús, porque hay tal comunión de Voluntades, de Corazones, de pensamientos, de sentimientos, que en la práctica no existe diferencia entre uno y otro, porque Jesucristo hace y dice lo que el Padre le comunica. Hay completa armonía y comunidad entre ellos, la misma que desde luego hay con el Espíritu Santo, que es el mismísimo Espíritu de Dios.

Es un Misterio, es verdad, que se nos hace algo difícil entender, pero es que no debemos tratar de entenderlo con nuestra pobre razón, porque está más allá de nuestra capacidad. Lo que tenemos que hacer es CREER. Es Jesucristo el que nos revela este misterio y lo hace de un modo tan natural y al mismo tiempo contundente, que hemos de creer en Él. De eso se trata. Creamos por lo que vemos. Si somos honestos tendremos que concluir en que hemos visto suficiente como para creer y dejar de pedir, como Felipe, que nos muestre al Padre. ¡Demos crédito a Su Palabra! ¡Confiemos en Jesús!

Jesucristo quiere darnos la paz a nuestros corazones, que vivamos alegres, sin turbaciones, confiando en que estamos en las manos de Dios, quien vela por nosotros y nos tiene reservado un lugar en Su Reino, un lugar que el mismo Jesucristo irá a preparar y al que vendrá a llevarnos, para que estemos donde Él está. ¡¿Qué más podemos pedir?! Apacigüemos nuestros corazones y confiemos en Él. ¿Cómo podemos mantener la calma y la paz, si sufrimos tantos ataques, desprecio, acoso y violencia? ¿Cómo mantener la paz si padecemos en el propio cuerpo la fragilidad de la vida, expuesta no solo a la maldad de algunos, sino a la enfermedad y el deterioro propio de la ancianidad?

No se turbe su corazón. Creen en Dios: crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, se los habría dicho; porque voy a prepararles un lugar.

Definitivamente, tal vez no baste nuestra buena actitud para evitar la violencia, el maltrato, el abuso, la incomprensión, la indiferencia o el desprecio, pero si estamos con Jesucristo, nada de esto afectará verdaderamente a nuestros corazones, porque sabremos que como Jesucristo camino al Calvario, tendremos que pasar estas dificultades, que a veces nos pueden parecer insalvables, que incluso pueden dañar seriamente nuestro cuerpo, nuestra integridad física y aun sicológica, pero jamás podrán contra nuestra alma, porque esta le pertenece únicamente a Dios y llegará el momento –después de este destierro-, en que contemplaremos Su rostro luminoso y nos sentaremos en la misma mesa que nuestro Padre en el Ágape sin fin.

Seamos portadores de luz y paz, aun en las peores circunstancias, porque estas son pasajeras. No esperemos a sentir que nuestros recursos no son suficientes, porque ni nuestra palabra, ni nuestra inteligencia, ni cuanto hagamos puedan persuadir a nuestros hermanos o cambiar la situación que afrontamos, oremos siempre, desde el inicio, desde antes que comiencen las dificultades, poniendo nuestras vidas en manos de Dios, teniendo presente la promesa de nuestro Señor Jesucristo de atender todo lo que pidamos en Su nombre para Glorificar a Dios.

Finalmente, así como el Padre y el Hijo son Uno y no llegamos al Padre sino por el Hijo, y ya le conocemos habiendo conocido al Hijo, tengamos presente esta otra poderosa promesa de Jesucristo, que si creemos en el Él haremos sus mismas obras y aún mayores. Es, pues, esencial CREER en Él. Pero como hemos dicho tantas veces la fe, el creer, no se manifiesta en palabras, sino en obras. Cree efectivamente el que dejándolo todo, como los discípulos, oye Su llamado y lo sigue con su propia vida. No es un asunto mental. No es un asunto del pensamiento. Es algo que ha de concretarse en la realidad, en el mundo, en la sociedad.

Seguir a Cristo es cambiar de vida, cambiar de prioridades; es hacer lo que Él nos manda. Es poner la Voluntad de Dios antes que la nuestra, tal como lo hace Jesucristo, por eso es uno con el Padre. Nosotros seremos uno con Jesucristo si hacemos lo que nos manda. Entonces haremos lo que Él hace e incluso cosas mayores. Es esta comunión, seguramente, la alcanzada por muchos santos cuyas obras y enseñanzas han llegado hasta nosotros a pesar de los siglos transcurridos. Esto es a lo que todos estamos llamados. Es para lo que nos convoca Jesús.

Padre Santo, danos la Gracia de la Fe, para tener el valor de hacer lo que Jesucristo nos manda, dejándolo todo y siguiéndolo, dedicando nuestras vidas a amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismo, te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, Amén.

No se turbe su corazón. Creen en Dios: crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, se los habría dicho; porque voy a prepararles un lugar.

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