Juan 13,21-33.36-38 – Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre

abril 11, 2017

Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre

«Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto.»

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Juan 13,21-33.36-38 Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre

Juan – Capítulo 13

Reflexión: Juan 13,21-33.36-38

Por el texto se hace evidente que los discípulos no comprendían nada de lo que estaba sucediendo, aun cuando estaban algo inquietos por todo lo que Jesús venía hablando ya desde hace varios días. Presentían algo y aunque Jesús había sido muy explícito con ellos, tenían una especie de venda en los ojos que les impedían ver y entender que estaba ocurriendo lo que el Señor les había estado anunciando.

Que Judas saliera a entregarlo, anticipaba la pasión, muerte y resurrección y con ellas, el cumplimiento de la Misión que le había sido encomendada por el Padre. Los tiempos de Dios son distintos, así que con la sola salida de Judas para Jesucristo estaba claro que estaba llegando el fin y que este, como no podía ser de otro modo, serviría para mayor Gloria de Dios y con ella, para Su propia Gloria, porque se estaba cumpliendo Su Voluntad: Salvarnos.

Creemos que es un momento muy apropiado para ponernos a reflexionar respecto a la Voluntad de Dios. Tal como podemos apreciar, todo ocurre conforme a Su Plan. Nada es casual y si es Voluntad de Dios, ocurrirá con o sin nuestra anuencia. Eso nos lleva a considerar que no somos indispensables, por lo tanto, lo que tenga que ser, será, estemos o no presentes, lo queramos o no.

Así expresado, nos da la impresión que estamos frente a una moneda de dos caras. No somos imprescindibles. Nuestra presencia o ausencia no será determinante, ello puede servir para librarnos de ciertas responsabilidades y culpas, sabiendo que era imposible que evitáramos lo que tenía que ocurrir, lo que nos puede servir de consuelo en ciertas ocasiones.

«Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto.»

Por otro lado nos plantea el reto de estar en la dirección y situación correcta siempre, es decir, en sintonía con la voluntad de Dios. ¿Es esto posible? A veces nos parece casi imposible, más aun teniendo en cuenta que el “traza líneas rectas con trazos torcidos”. Esto quiere decir que allí donde nosotros vemos error e incluso maldad, el Señor puede estar obrando para obtener un resultado alineado con el Camino, es decir, la dirección que él había trazado desde el comienzo.

Es esto lo entendemos ocurre con Judas. Él tenía que entregarlo. Él tenía que traicionarlo. ¿Cómo dejar de ver en ello una fatalidad que domina el proceder de Judas? Pero lo que Judas hace permite que se de cumplimiento al Plan de Dios. Es decir que Dios contaba con la penosa y condenable participación de Judas. De ella o con la contribución de ella vendrá la Redención. Es decir que todos tenemos alguna participación, incluso reprobable en algunos casos como la de Judas o Pedro y la de los discípulos en general –que terminaron huyendo y abandonándolo- para que el Señor sea Glorificado.

Y Su Glorificación está en pasar por toda esta extrema situación que llega incluso a la fatalidad de Su muerte, sin defensa alguna, sufriendo humillaciones y vejaciones sin par, en las que aflora lo peor de cada uno de los personajes que intervienen en su proceso, juicio, ejecución y entierro. De todo esto, sumado por unos y otros el Señor hará brotar nuestra Salvación. Es un altísimo precio, de cuyo extremo solo Dios puede obtener lo mejor. Es una tremenda paradoja.

De la oscuridad del abismo más profundo Dios obtiene la diáfana luz que solo es posible alcanzar de la cumbre más alta. Esta es obra de Dios. Ocurre así, conforme a los Planes de Dios. ¿Es que somos simples actores siguiendo un libreto del cual no podemos cambiar una coma? De ser cierto, ¿de qué se nos puede culpar? Por otro lado ¿todas las terribles desgracias ocurren porque Dios lo permite?

¿Qué clase de Dios es este que habiéndonos creado para el Bien y para ser felices en el Amor, permite el sufrimiento y el dolor e incluso nuestra perdición definitiva? Si todo fluye conforme a Su Plan y no hay nada que podamos cambiar y asistimos a holocaustos, masacres, bombardeos, aberraciones, violaciones, destrozos, enfermedades, hambrunas, vejaciones, envenenamientos, etc., por qué escribió este libreto y por qué lo sigue cuando podía cambiarlo?

¿Será porque Dios nos ha creado libres y en su Infinita Sabiduría ha decidido que no debe intervenir enderezando nuestros pasos porque de hacerlo estaría anulando nuestra dignidad? ¿Será porque lo más valioso que tenemos es nuestra propia dignidad, aquella con la que hemos sido creados y pasarla por alto constituiría la negación de la Bondad de Su propia Creatura?

¿Será que, si hemos de ser Buenos, si hemos de obrar Bien y si hemos de alcanzar el Fin para el cual fuimos creados será fundados en nuestras propias cualidades, aquellas con las que Dios nos creó, aplicando nuestro propio raciocinio, decisión y voluntad? ¿Dónde interviene entonces el Milagro de la Salvación? ¿Cómo explicar el dolor y sufrimiento? ¿Qué pasa con la Voluntad de Dios y Sus Planes?

Todos debíamos ajustarnos a Su Voluntad y a Sus Planes, que solo podían traernos felicidad, porque Él nos creó por amor y para el amor. Sin embargo, no es así. Haciendo mal uso de nuestra libertad hemos edificado un mundo contrario a Sus Planes, lo que acarrea dolor y sufrimiento. Porque es todo lo contrario a sus planes lo que nos hace sufrir. Él tenía un Plan que nosotros hemos obligado a enmendar. ¿Por qué? Porque de otro modo no se cumplirá. Porque siguiendo por ese camino lo alcanzaremos, nos destruiremos y no seremos felices.

Es, entonces, salirse de los Planes de Dos lo que acarrea sufrimiento y dolor. Por lo tanto, debemos ajustar nuestra conducta, nuestro proceder a Sus planes. ¿Cómo lo conocemos? A través de las Escrituras, de los profetas y del mismo Jesucristo, Hijo de Dios a quien Él envió precisamente a enseñarnos el Camino, para que volviéramos por Él, pues este es el único que se ajusta a Sus Planes.

Es importante entonces que lo conozcamos, lo oigamos y lo sigamos. Todo esto tiene sentido; pero lo que no tiene sentido es nuestro mal proceder y cómo encaja en los Planes todo aquello malo que hacemos. ¿Por qué no evitarlo? Porque sería una intervención que atentaría contra nuestra libertad y por lo tanto contra nuestra dignidad. Hemos de enmendarnos. Pedir perdón, perdonarnos y corregirnos.

Pero, entonces ¿qué? ¿Dios lo corrige? ¿O nos da la oportunidad de corregirlo? Entonces, no hay escrito un libro de la fatalidad, no. Hay más bien trazado un Camino de amor que nos conduce a la felicidad y la Vida Eterna para la cual fuimos creados. Hay la Voluntad de Dios que todos podamos transitar por este Camino, al extremo de haber enviado a Su Hijo para asegurarse que todos los sigamos. Este es parte importante de Su Plan, en el que además cuenta con que no lo aceptemos y en tal caso habrá que delinear una variante para trazar líneas rectas con estos garabatos.

Esto es lo que tenemos y en lo que debemos confiar. Tengamos fe en el Señor, cuya Voluntad finalmente habrá de triunfar. Es de este modo que el proceder de Judas no hace más que confirmar que Jesucristo ha sido Glorificado. Que de su muerte ominosa saldrá la resurrección Gloriosa que confirma la Victoria de Cristo sobre la muerte y el Camino de la Salvación de todo aquel que oyendo Su Palabra decida seguirlo, y el pacto de la alianza sellado con nosotros, que finalmente habrá de llevarnos a la Vida Eterna.

Padre Santo, gracias te damos por darnos el privilegio de conocer y reflexionar Tu Palabra. Te pedimos que esta ilumine nuestras vidas y que nos des el coraje de seguirla, por Cristo nuestro Señor. Amén.

«Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto.»

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