Juan 13,16-20 – tanto amó Dios al mundo

Junio 11, 2017

Tanto amó Dios al mundo

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

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Juan 3,16-18 tanto amó Dios al mundo

Juan – Capítulo 03

Reflexión: Juan 13,16-20

La lectura del Evangelio de Juan escogida por la Santa Iglesia Católica para el día de hoy, tiene tres versículos. Cualquiera de los tres nos deslumbra con su luz. Solo Dios puede decir tanto en tan pocas palabras. Es que solo Él tiene palabras de Vida Eterna.

Difícilmente podremos encontrar mayor consuelo que el que recibimos en estos tres versículos. El primero nos hace recapacitar en el infinito amor de Dios a nosotros, que no puede ser nada más que motivo de alegría, agradecimiento, paz y confianza.

¿Por qué? Pensemos un momento. El solo hecho de oír que Dios nos ama, tendría que ser motivo de regocijo. Si llegamos a conceptualizar con una pobre pero muy acertada aproximación, quién es Dios, saber que este ser Supremo, Todopoderoso, Infinito nos ama, debía ser el motivo de nuestra mayor alegría y de una felicidad inagotable.

Si uno de nosotros, se enterara que ha sido escogido por uno de los hombres más ricos e importantes de la Tierra, como por ejemplo Bill Gates o Carlos Slim, para pasar una temporada en una de sus paradisiacas propiedades ¿no estaríamos dando saltos mortales, más hinchados que un pavo real?

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Si luego nos informaran que alguno de estos mencionados señores, después de conocernos, ha decidido distinguirnos haciéndonos herederos de su fortuna, ¿no nos sentiríamos felices y agradecidos?
Pues, ¿cómo debíamos sentirnos si Jesucristo, Hijo de Dios, nos dice que tanto amo dios al mundo que envión a Su propio Hijo para que tengamos Vida Eterna?

¿No es esta la mejor noticia que hemos podido escuchar? ¿No es esta la mejor noticia que nunca nadie podrá igualar? ¿Lo creemos, sí o no? Ojo, es importante que respondamos afirmativamente, porque solo así tendremos Vida Eterna. Después de todo, no parece tan difícil obtener la Vida Eterna. ¿No?

¿Conocemos a alguien más que pueda ofrecernos esto? ¿No? ¡Claro que no! No hay nadie que pueda ofrecérnoslo, solo Dios. Buenos, pues, Dios porque nos ama como solo Él puede hacerlo, nos lo ha ofrecido por boca de Su Hijo Jesucristo.

¿Le creeremos o no? De esta respuesta depende nuestra Vida Eterna. Coincidiremos en que después de todo el asunto es muy simple, ¿no? Solo tenemos que responder positivamente a esta pregunta. Si decimos que creemos, inmediatamente pasamos a la comunidad de los salvados y seremos felices eternamente.

Es tan sencillo que desde ya empezamos a sentirnos alegres, contentos, agradecidos, plenos. ¡Cómo no! ¡No vemos la hora de responder positivamente a esta pregunta! ¡Sí Señor, creo en Ti! ¿Dónde tengo que firmar? ¡Compro! ¡Pero que sea ya! Esto es lo que cualquiera en sus cabales quisiera.

¿No es esta la mejor oferta que nos han hecho en la vida? ¡Claro! Y no hay nadie más que la pueda igualar. Seamos francos, conociéndonos ¿por qué tendría que hacerlo? ¿Hemos hecho algo que mereciera tal distinción y regalo? Revisa tu vida con franqueza: ¿Hiciste algo en tu vida que mereciera alcanzar esta fortuna inigualable?

¿Por qué te la ofrece Dios a Ti? Posiblemente seas bueno en muchas cosas, pero ¿no hay nadie mejor que tú? Puedes indagar todo lo que quieras; por más que te esfuerces no encontrarás otra razón que el amor inmerecido e incondicional de Dios. Nos lo da porque esa es Su Voluntad. Porque nos ama tanto.

¿Qué tenemos que hacer? ¡Creer! ¿Qué tenemos que perder? Muchísimo. Nos atrevemos a decir que todo. ¿O sea que tenemos la posibilidad de ganarlo todo y al mismo tiempo de perderlo todo? Así es. ¡Tenemos que tomar una decisión! De eso depende. ¿Qué responderemos?

¡Creemos! Con esta sola confesión ya hemos empezado el Camino, pero hay que hacerlo íntegramente, completarlo hasta el fin. Eso parece lo difícil, porque somos volubles, frágiles, vulnerables, temerosos e impacientes. Cómo, ¿no bastaba con confesar que creemos? Sí, pero nuestros actos deben evidenciarlo.

Estamos en este mundo, en esta vida, para dar esta respuesta. Y la debemos dar con nuestras obras. Es decir que nuestros actos deben mantener correspondencia, coherencia con la confesión de fe que hemos profesado. ¿Cómo podremos lograrlo? ¡Basta con creer y ponernos en Camino!

¿Cómo puede ser esto? Lo que resulta incomprensible para nosotros, no lo es para Dios. Para Dios no hay nada imposible. Si creemos, el Espíritu Santo viene en nuestro auxilio para enseñarnos, fortalecernos y guiarnos. Por eso Jesucristo nos dice que tan solo hay que creer, porque cuando creemos, nos ponemos en sus manos.

Él tan solo quiere lo mejor para nosotros, por eso cuando accedemos a creer, Él nos concede las Gracias y auxilios necesarios para cumplir con nuestra Misión y alcanzar la Vida Eterna. ¿Por qué? Porque esa es Su Voluntad. Cuando nos alineamos con Su Voluntad, Él hace que se cumplan Sus promesas.

Por eso el Señor nos revela que Él no ha venido a juzgarnos, sino a salvarnos. Que somos nosotros los que nos condenamos con nuestra decisión. Es decir que en primera instancia todo depende de nuestra decisión. Todo depende del juicio que nosotros hagamos para emitir nuestra decisión.

Por lo tanto, somos nosotros, con nuestra propia confesión los que nos salvamos o condenamos. Si creemos nos salvamos. Si no creemos, nos condenamos. Él está esperando con los brazos abiertos nuestra decisión, como cuando solo resta leer el último número de la lotería y este solo puede ser uno o cero. Si decimos uno ganamos el premio mayor, si decimos cero, lo perdemos para siempre. ¿Qué diremos?

Este es el momento de tomar una decisión. Hoy es el juicio y está en nosotros. ¿Qué decidimos? ¿Vamos por el Camino que ha iluminado para nosotros Jesucristo el Hijo de Dios o no? Ese es el único Camino que conduce a la Vida Eterna, que es la razón de nuestras existencias. ¿Creemos o no? ¿Le seguimos o no?

Padre Santo, envíanos la luz de Tú Espíritu Santo para creer que tanto amaste al mundo, que enviaste a Tú Único Hijo Jesucristo para Salvarnos. Que muriendo en la cruz y resucitando iluminó el Camino a la Vida Eterna, que no es otro que Tú amor, en el cual debemos creer, amándote a Ti y al prójimo como a nosotros mismos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor…Amén.

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

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