Juan 12,31-36 – Ahora es el juicio de este mundo

mayo 3, 2016

Texto del evangelio Jn 12,31-36 – Ahora es el juicio de este mundo

31. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera.
32. Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.»
33. Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.
34. La gente le respondió: «Nosotros sabemos por la Ley que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo dices tú que es preciso que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es ese Hijo del hombre?»
35. Jesús les dijo: «Todavía, por un poco de tiempo, está la luz entre ustedes. Caminen mientras tienen la luz, para que no los sorprendan las tinieblas; el que camina en tinieblas, no sabe a dónde va.
36. Mientras tienen la luz, crean en la luz, para que sean hijos de luz.» Dicho esto, se marchó Jesús y se ocultó de ellos.

Reflexión: Jn 12,31-36

¡Qué misterio tan grande encierran estas palabras! Nos resultan sumamente difíciles de entender porque tratamos de abordarlas desde una perspectiva mundana y estas han sido dichas por nuestro Señor Jesucristo desde una perspectiva Divina y totalizante. El espacio y el tiempo para Dios, son infinitos. O si se quiere, tienen otra dimensión; no constituyen los mismos parámetros que para nosotros. Nuestra visión es muy estrecha y limitada. Dios ve las cosas como son. Es desde esta visión, que desde luego nos resulta misteriosa e incomprensible, pero a la cual nos podemos aproximar gracias a nuestros Señor Jesucristo y al Espíritu Santo, que Jesús nos Revela una realidad ciertamente asombrosa, sobre la cual debemos meditar. Mucho hemos oído hablar del juicio y a muchos cristianos se nos trata de convencer por temor al “juicio final” y sin embargo el Señor se refiere a este en varios episodios de un modo completamente distinto al que tanto temor nos han enseñado a tener algunos, pensamos que equívocamente o por ignorancia o por no reparar en la profundidad y alcance de pasajes como el que hoy estamos meditando. El Señor aquí se refiere al Juicio, pero como un hecho que está ocurriendo en ese momento, no antes ni después. Si Él dice ahora, es ahora. Es verdad que su “ahora” puede tener un alcance para nosotros inabarcable, pero no hay duda que debemos tener en cuenta esta palabra en aquello que nos quiere revelar en este pasaje. Pero la frase que sigue unida a este “ahora” tiene que llamarnos mucho más la atención respecto al “juicio de este mundo”, porque se está produciendo ahora y este está determinando la expulsión del Príncipe de este mundo. ¿Y quién es el Príncipe de este mundo? El demonio, la oscuridad, las sombras, el mal, la mentira, el pecado, la destrucción y la muerte. Esto es lo que está ocurriendo en el Ahora que señala Cristo. Él está venciendo al Príncipe de este mundo y vencerlo quiere decir derrotarlo, botarlo, echarlo fuera, desterrarlo. Ya no tiene ningún poder, porque Cristo lo ha vencido en la Cruz. Muriendo y Resucitando ha terminado con él, lo ha expulsado, lo ha derrotado. Para decirlo positivamente Jesucristo ha triunfado sobre las fuerzas del mal, sobre la mentira, la soberbia, la destrucción y la muerte. El juicio se ha producido y hay un veredicto, un ganador, un triunfador, este es Jesucristo. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.

Tenemos que meditar mucho sobre el alcance de estas palabras, que el Señor las dice no accidentalmente, ni sin querer, sino adrede, porque constituyen una Revelación destinada a cambiar nuestras perspectivas de la vida. Jesucristo ha triunfado. El juicio ya se ha efectuado, repetimos, en un AHORA de alcance Divino, es verdad, y que por lo tanto no tiene las limitaciones nuestras, pero que dicho por Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre o como Él mismo dice, el Hijo del Hombre, han de tener una enorme trascendencia en nuestras vidas. El Juicio se ha celebrado y la victoria es de Cristo. Cristo ha vencido, por lo tanto debemos de llenarnos de gozo y alegría quienes estamos con Él, porque ello significa el reconocimiento de Sus promesas, formuladas como el Único y Verdadero Hijo de Dios. Si Él lo dice, así es. En eso debemos creer. En ello radica nuestra fe, que no es una fe triste, sino triunfal y llena de esperanza, porque Su victoria significa nuestra victoria; porque Su victoria anticipa la nuestra. Si Él ha pasado por todo este Calvario y ha salido triunfante, nosotros también lo haremos. Esta es la convicción plena a la que ha de llevarnos la Fe, que ha de ser ciega en el sentido de creer hasta la última coma y de confiar plena y absolutamente en Jesucristo, pero que no es ciega en el sentido de no ver y reparar razonablemente que estamos indudablemente frente al Hijo de Dios, como nos lo ha probado hasta la saciedad mientras estuvo entre nosotros, de lo cual son testigos los discípulos, a pesar que entre ellos mismos hay incrédulos. Pidamos a Dios Padre que nos de la Gracia de Creer en Jesucristo, Su Hijo, que nos ha dado pruebas irrefutables e incuestionables de su Divinidad, para quienes lo quieren ver, no para los necios, que seguirán obstinadamente negándolo, por soberbia, por orgullo, por egoísmo, por conveniencia, por comodidad o por lo que fuera. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.

Esta reflexión nos debe llevar a algo que ya antes nos enseñó Jesucristo, que Él no ha venido a juzgarnos. La razón la tenemos aquí. El juicio ya ha sido hecho y Él ha salido victorioso. El juicio enfrenta a Jesucristo con el Demonio, es decir, el Príncipe de este mundo contra Jesús. Obviamente Jesucristo ha derrotado, porque el veredicto ha sido favorable al Bien, al Amor, porque así lo ha querido Dios. Por lo tanto nos toca ahora a nosotros escoger por quién estamos: por Dios o por el Dinero, entendiendo por Dinero todo aquello que nos es Dios y que nos esclaviza, bajo falsas premisas, llevándonos a acumular todo, inducidos por el Demonio a pensar que debemos velar primero por nosotros, porque si perdemos nuestra vida o de algún modo la comprometemos o sacrificamos, lo habremos perdido todo. Lo que es contrario a las enseñanzas de Jesús, que más bien nos enseña que quien la cuide, la perderá, pero el que la entregue por amor, por sus hermanos y por el Reino, ese la ganará para siempre. El juicio ahora está en nuestra elección. ¿Vamos por el Amor y las promesas de Jesucristo o preferimos la oscuridad y la muerte? No hay caminos intermedios, ni podemos posponer indefinidamente esta decisión. Es ahora que está en juego nuestra salvación o nuestra condenación. Y nuestra condenación será el no haber escogido la Salvación que nos ofrece el Señor, que además está ganada y garantizada por Su preciosísima sangre. Rescatarnos le ha costado la vida, pero Él, siendo Dios, ha estado dispuesto a entregarla por nosotros. ¿Por qué? Pues por ningún otro motivo que Su amor Incondicional. En ello no hay mérito alguno nuestro. Él lo ha hecho íntegramente por nosotros, aun antes de que naciéramos. No hay nadie en el Universo que pueda ofrecernos tal Gracia. ¿Cuál tendría que ser nuestra respuesta? Pues rendirnos a sus pies y amarlo, obedeciendo lo que nos manda, porque Él solo quiere nuestro Bien. Decidamos ahora, teniendo en cuenta que en nuestra elección está el juicio y no sigamos culpando más a nadie, que Gracias a Dios en nuestras manos está nuestra condenación o nuestra salvación por toda la eternidad. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.

Oremos:

Padre Santo, aparta de nosotros la soberbia, el orgullo, el egoísmo y la necedad de seguir al Príncipe de este mundo, con sus engaños y mentiras. Danos la Fe para creer en la victoria definitiva de Jesús …Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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