Juan 12,24-26 – El que tiene apego a su vida la perderá

agosto 10, 2016

El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.

Texto del evangelio Jn 12,24-26 – El que tiene apego a su vida la perderá

24. Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
25. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
26. El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.

Reflexión: Jn 12,24-26

juan-12-25

El que tiene apego a su vida la perderá

El Señor comparte con nosotros aquí el secreto de la vida, que no es poca cosa. Si estamos atentos a lo que nos dice y no lo interpretamos, tergiversándolo, como solemos hacer, aquí tenemos la respuesta a nuestras inquietudes más profundas.

Porque, preguntémonos ¿qué puede haber más importante que la vida misma? ¿Qué es lo que ocupa nuestro tiempo e inquietudes a lo largo de nuestra existencia, sino la vida? ¡Queremos vivir, tanto como cualquier otro ser vivo!

Llevamos impresa en nosotros una fuerza y una voluntad que nos hará buscar la vida a cualquier precio. Esto diríamos que ocurre con cualquier ser vivo que conocemos. Hay una fuerza que nos lleva a vivir y perpetuarnos. Esta es una ley de la vida.

El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.

Sin embargo, Dios nos ha creado libres, algo que nos cuesta entender en su debida dimensión. ¿Qué quiere decir que somos libres? Que no podemos estar sujetos por nada, lo cual confundimos con hacer lo que nos da la gana.

¡No señores! ¡No se trata de hacer lo que nos da la gana! Se trata de hacer aquellos para lo cual fuimos creados, sin que nada ni nadie nos lo impida, ni si quiera nuestra naturaleza contingente. ¿Por qué? Porque nosotros tenemos algo que no compartimos con ningún otro ser creado por Dios.

Nosotros somos distintos al resto de la Creación porque Dios así lo ha querido. El Autor de todo así lo decidió, y nos doto de tres elementos sobre los que descansa nuestra singularidad única: inteligencia, voluntad y libertad.

El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.

¡Es verdad que podemos autodestruirnos! Pero es tan cierto como que seríamos unos necios al hacerlo. ¡Es precisamente de esta necedad que Dios quiere Salvarnos! Por eso nos manda a Su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo a enseñarnos el Camino.

Nosotros podemos morir, sin embargo Dios nos ha creado para que tengamos Vida Eterna. Eso es lo que nos Revela Jesús: que Dios es nuestro Padre, que nos ha creado por amor y que quiere que vivamos eternamente.

¿Qué debemos hacer para conseguirlo? Creer que esto que nos Revela Jesús es la Verdad, que por lo tanto hacer lo que nos dice es el Camino que nos llevará a la Vida Eterna. Por eso Jesús nos dice que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Solo por Él, haciendo lo que nos dice, alcanzaremos el fin para el que fuimos creados y con ello a la plenitud y la felicidad inagotables.

El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.

¿Pero qué es lo que ocurre? Que a nosotros, que fuimos creados para ser libres, el instinto pretende atarnos. Como a cualquiera otra de las creaturas creadas. Pretende dictar cual ha de ser nuestro comportamiento en determinadas circunstancias. Pero se equivoca de cabo a rabo, porque nosotros hemos sido dotados por Dios de características únicas, que hacen posible hacerle frente y salir airosos, porque somos libres, porque nada nos ata. ¡Ni los instintos!

Esta no es obra nuestra, sino de Dios. Él lo ha querido así. Por lo tanto, por más paradójico que parezca, para Vivir eternamente, hemos de estar dispuestos a dar nuestra propia vida. Hasta ese extremo. Porque nada en este mundo puede sujetarnos e impedirnos llegar al propósito para el cual fuimos creados. Eso es lo que nos viene a mostrar Jesucristo.

Para eso no ofrece Su Gracia. Todo lo que tenemos que hacer es creerle. Si creemos en Él, haremos lo que nos manda. Viviremos sin apegos, porque tenemos puesta nuestra mirada en lo más grande. En aquello que Dios ha querido darnos. Perderlo sería una necedad, una locura, resultado del engaño. ¡No nos dejemos engañar! ¡Creamos en Dios y alcanzaremos la Vida Eterna!

El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.

Oremos:

Padre Santo, danos una fe viva, que se manifieste en cada uno de nuestros actos, por más insignificantes e íntimos que estos puedan parecer. Que aprendamos a amar a nuestros hermanos hasta dar la vida por ellos, tal como nos enseña Cristo…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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El que tiene apego a su vida la perderá

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