Juan 12,1-11 – era ladrón

abril 10, 2017

Era ladrón

Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella.

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Juan 12,1-11 era ladrón

Juan – Capítulo 12

Reflexión: Juan 12,1-11

Que el Señor nos libre de los dobles discurso y de la hipocresía. Señalando y culpando a otros con el único fin de conseguir nuestros propios y mezquinos propósitos. Nos ocupamos de presentar todo razonablemente para que todos nos aprueben, pero no es lo que a todos parece lo que buscamos, sino otros oscuros y egoístas intereses

Somos artistas de las apariencias, pero tras nuestros discursos solo hay frívola vanidad. No escatimamos en presentar falsos argumentos con tal de impresionar a nuestros interlocutores, para lograr su anuencia y consentimiento, pero nosotros sabemos que aun cuando nuestras razones suenan muy convincentes, pues por eso las urdimos, en realidad hay otros móviles inconfesables para nuestros actos.

Este proceder que así tan descarnadamente presentado nos produce tanta repulsa, es sin embargo más frecuente de lo que somos capaces de confesar. La expresión popular lo grafica como “no dar puntada sin nudo”, es decir que si algo aparentemente cedemos, no es por otra razón que por alcanzar nuestros propios objetivos que preferimos mantenerlos ocultos, para no dar a conocer la verdadera dimensión de nuestros actos, por estrategia, porque sabemos que en el fondo hay algo no muy santo en ellos.

Ejemplos muy burdos y terribles son el bombardeo de una ciudad ordenado aparentemente para proteger a inocentes, cuando sabemos que en el fondo todo lo que se persigue es activar o incrementar el inescrupuloso y mortífero mercado de armas, que deja significativas ganancias a quienes sostienen los gobiernos de los poderosos.

Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella.

O cuando se promueve la “Ideología de Género” bajo la engañosa pero tan atractiva consigna de la “igualdad de género”, cuando se sabe de sobra que aquello solo interesa porque elimina barreras comerciales de religión, sexo y edad para ciertos productos que buscan colocarse de manera masiva, que de otro modo no podrán expandirse ni alcanzar la rentabilidad que buscan los inversionistas y dueños del capital.

O cuando un alcalde de una provincia promueve la construcción de una obra porque en realidad quiere vender unos terrenos en los que de otro modo nadie estaría interesado, por los que pagó una miseria y espera vender en varias veces su inversión, luego de construida esta obra pública con dinero de los contribuyentes. Aprovechando la necesidad, se promueven falsas expectativas, con el único propósito de alcanzar mezquinos intereses.

O, como aquellos que promueven entre los pobres sin casa, la invasión de terrenos y propiedades públicas o privadas con el pretexto de las reales necesidades de muchos de los incautos que se prestan al juego, pero que en realidad sirven para que estos mismos promotores se hagan gratuitamente de la propiedad de predios enormes, con los que luego especulan e incrementan sus mal habidas riquezas. El tráfico de terrenos, así practicado, es una de las modalidades delictivas más extendidas en el Perú, a vista y paciencia de las corruptas autoridades en todos los niveles.

El aprovechamiento de la demanda, por el que algunos inescrupulosos están dispuestos a pagar cualquier precio, es precisamente una de las características del inhumano sistema capitalista o “liberal” en el que vivimos. Así se venden medicamentos, alimentos y hasta agua adulterada, vencida o con falsa propiedades con el propósito de obtener riqueza a costa de las necesidades de los incautos consumidores.

De este modo, se llega al extremo de encontrar a damas y varones que con tal de alcanzar una esbelta figura, lo que constituye una de las aspiraciones más promocionadas en los medios de prensa, son capaces de recurrir a suplicios y tormentos atroces, como dejarse inyectar aceite de carro o practicar operaciones en manos empíricas e inescrupulosas que finalmente, en no pocos casos, terminan en la muerte de estas pobres e incautas creaturas.

Esto es en lo que hoy nos invita a meditar el evangelio, siguiendo el discurso de Judas, tras cuyas aparentemente justas demandas se esconden mezquinos intereses, además, conocidos por todos. ¿No ocurre lo mismo entre nosotros, que elegimos y reelegimos a los mismos corruptos de siempre, cuyos antecedentes delictivos son públicos? ¿A quién quieren engañar? Como Judas, solo quieren el dinero que manejan y malversan gracias al cargo.

Todo lo demás son cínicos argumentos construidos con el único propósito de engañar y hacer más atractiva y popular la operación en la que lo único que realmente cuenta son sus ganancias y el incremento de su riqueza a cualquier precio. A eso algunos le llaman astucia y otros habilidad para los negocios. Los cristianos tenemos el deber de denunciar estas tretas que solo buscan especular con las necesidades de los pobres para beneficio del capital.

Padre Santo, líbranos de caer en la complicidad de estos parásitos de nuestra sociedad, que solo buscan su beneficio, y no tienen ningún escrúpulo en presentarse como santos y ejemplares. Que lleguemos a aprender que quien tiene a Dios, nada le falta. Te lo pedimos por Jesucristo Tu único Hijo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella.

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