Esforzarnos por llevar una vida coherente

diciembre 13, 2016

El cristiano ha de ser coherente

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Sexo seguro solo en el matrimonio

No podemos seguir haciendo lo que hacen todos, porque entonces seguramente no haremos lo que Dios nos manda. Casi nunca lo que todos hacen en lo correcto. O tal vez quede más claro si decimos, no porque todo el mundo lo hace lo que hacemos es correcto. Tenemos que aprender a pensar y discernir, viviendo de forma coherente nuestra fe.

Lo bueno, lo que vale la pena, por lo general cuesta esfuerzo. No se trata de complacernos en todo y hacer lo que nos provoca, cuando nos provoca y como nos provoca. Eso solamente merma nuestra capacidad de decisión y nuestra fuerza de voluntad, haciéndonos esclavos de nuestras pasiones. Todo buen padre sabe que no puede estar atendiendo el capricho de sus hijos y que debe enseñarles a disciplinarse, porque de otro modo no alcanzarán sus objetivos en la vida.

Esto es algo que lo podemos aplicar en el campo que se nos ocurra. Si queremos destacar en una disciplina deportiva, tenemos que ordenar nuestras vidas, exigirnos y esforzarnos. Los mejores atletas, los mejores nadadores, los mejores gimnasta e incluso ajedrecistas, se forman por la repetición continua del mismo esfuerzo cada día, durante largos períodos de entrenamiento, llevando una vida sana, disciplinada y coherente.

Un adulto responsable y maduro sabe que no puede ser en ningún caso el deseo el que gobierne nuestra voluntad. Mucho menos en la función sexual, cuando de lo que se trata es de manifestar amor, en una relación mutuamente consentida, entre dos personas de distinto sexo. Eso lo sabemos, aunque, por falta de coherencia, no siempre lo practicamos, dando mal ejemplo a nuestros hijos.

La función sexual está reservada para el matrimonio como el culmen de la donación de la pareja, con el elevadísimo propósito de procrear, Don que ha querido Dios compartir con nosotros, sus hijos, como un medio de unirnos más estrechamente en la familia. La legítima unión conyugal es aquella en la que prima el amor. En tal sentido, no existe nada más excelso en este mundo –salvo la vida misma- que la donación que se hacen los cónyuges en el tálamo nupcial.

El gran error ha sido pretender sacar de contexto esta relación única y nunca suficientemente valorada entre un hombre y una mujer, con el único propósito egoísta de obtener el placer sin la mutua donación. Por esta vía hemos degradado esta unión y hemos hecho de ella uno de los negocios más grandes del planeta, dejando que el inescrupuloso dinero y sus servidores impongan las reglas en este campo, por sobre la ley natural y la ley de Dios.

Así, hemos preferido sujetarnos a las leyes de la pornografía y la promiscuidad, por el puro placer sexual. No es que el sexo sea malo y mucho menos el placer, como alegan algunos mal intencionadamente, sino que este debe estar ordenado al fin aquel para el que fue creado. Del mismo modo en que no podemos comer en forma desordenada y sin medida, sin causar daño grave a nuestra salud, la función sexual debe ser controlada por nuestra voluntad y razón para encaminarla al propósito para el que fue creada.

Es momento que los cristianos nos manifestemos en forma coherente respecto a este tema y otros que vienen confundiendo a nuestra juventud y a la sociedad en su conjunto, conduciéndonos a la perdición.

Por tal motivo, seguidamente compartimos un video e la entrevista que realiza Alejandro Bermudez a Rosario Laris, directora de Sexo Seguro que esperamos pueda brindar algunas ideas respecto a la forma en que debemos inculcar en nuestros hijos y jóvenes en general el comportamiento adecuado y coherente con nuestra fe cristiana, la única que puede conducirnos a la felicidad plena y total.

La Pureza Y Los Jovenes – Rosario Laris

 

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