Mateo 21,28-32 – los publicanos y las rameras llegan antes que ustedes al Reino de Dios

diciembre 15, 2015

Texto del evangelio Mt 21,28-32 – los publicanos y las rameras llegan antes que ustedes al Reino de Dios

28. «Pero ¿qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: “Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.”
29. Y él respondió: “No quiero”, pero después se arrepintió y fue.
30. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: “Voy, Señor”, y no fue.
31. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» – «El primero» – le dicen. Díceles Jesús: «En verdad les digo que los publicanos y las rameras llegan antes que ustedes al Reino de Dios.
32. Porque vino Juan a ustedes por camino de justicia, y no creyeron en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y ustedes, ni viéndolo, se arrepintieron después, para creer en él.

Reflexión: Mt 21,28-32

Con razón algunos nos resistimos a oír al Señor, es que muchas veces tiene una forma de expresarse demasiado cruda y dura. Por eso los discípulos incluso dirán: “quién puede aguantar este lenguaje”. Ayer veía por televisión la polémica entre Rajoy y Sánchez y si bien no pudimos sacar mucho en claro, de lo que no hay duda es que falto poco para que alguno perdiera los papeles y le diera una cachetada al otro y se armara la de San Quintín. Felizmente el agua no llegó al río, pero se dijeron de todo y sin embargo no creo que ninguno le haya dicho al otro lo que Jesús nos dice aquí. Nos sentimos tan orgullosos y dignos; nos creemos tanto, que estoy seguro que ninguno de nosotros toleraría que nos dijeran que una prostituta cualquiera merezca entrar antes que nosotros al Reino de Dios. Hagamos por un momento el ejercicio de imaginarnos que vamos al matrimonio de un hijo de algún poderoso de nuestra región, o de nuestro Jefe o del Presidente de alguna asociación a la que pertenecemos y que cuando estemos por entrar nos detenga en la puerta para dejar pasar antes que a nosotros a una de esas “bocapintadas”, siendo nosotros funcionarios de confianza. ¿No nos sentiríamos indignados, despechados? Pues algo así es lo que está diciendo el Señor. En verdad les digo que los publicanos y las rameras llegan antes que ustedes al Reino de Dios. Porque vino Juan a ustedes por camino de justicia, y no creyeron en él.

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Mateo 21,23-27 – quién te ha dado tal autoridad

diciembre 14, 2015

Texto del evangelio Mt 21,23-27 – quién te ha dado tal autoridad

23. Llegado al Templo, mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?»
24. Jesús les respondió: «También yo les voy a preguntar una cosa; si me contestan a ella, yo les diré a mi vez con qué autoridad hago esto.
25. El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?» Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: “Del cielo”, nos dirá: “Entonces ¿por qué no le creyeron?”
26. Y si decimos: “De los hombres”, tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta.»
27. Respondieron, pues, a Jesús: «No sabemos.» Y él les replicó asimismo: «Tampoco yo les digo con qué autoridad hago esto.»

Reflexión: Mt 21,23-27

Con el Señor no podemos andar con ambigüedades. Somos personas inteligentes y por lo tanto debemos comportarnos como tales. Y es que con mucha facilidad razonamos y actuamos con cinismo, pretendiendo tender trampas a nuestro interlocutor o haciéndonos los que desconocemos una norma o un concepto simplemente para justificar nuestro proceder y conveniencia. Eso que acostumbraos a hacer con el mundo entero, porque es una forma corriente de actuar entre nosotros, en nuestras sociedades, poniendo antes que nada nuestro propio interés, no tiene buenos resultados con Jesús, porque a Él no podemos engañarle, ni hacerle caer en emboscadas. El desenmascara cualquier intento y nos pone en evidencia. Así que si queremos seguir a Cristo, juguemos limpio. No valen las cartas marcadas, ni las argucias que empleamos con algunos ingenuos, abusando de su buena fe, para obtener provecho. Con Cristo las cosas deben ser claras y nuestras argumentaciones coherentes. Ha de haber consecuencia entre lo que decimos y hacemos. No se trata de aparentar, ni quedar bien con todos. Con el Señor, las cosas claras y tal como son…mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: ¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?

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Mateo 17,10-13 – el Hijo del hombre tendrá que padecer

diciembre 12, 2015

Texto del evangelio Mt 17,10-13 – el Hijo del hombre tendrá que padecer

10. Sus discípulos le preguntaron: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?»
11. Respondió él: «Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo.
12. Les digo, sin embargo: Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos.»
13. Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.

Reflexión: Mt 17,10-13

Para quien no tiene fe, para quien no cree en Dios y por lo tanto no está familiarizado con su presencia en el mundo, en la historia y en nuestra propia vida, el Señor pasa desapercibido. Y es totalmente lógico, porque para ver, oír y sentir a Dios hemos de adoptar un modo de vida totalmente distinto a aquel al que con tanta naturalidad tratamos de adaptarnos, al modo de vida mundano, que tiene su correlato en nuestros pensamientos y en nuestra forma de ver y afrontar la vida. Tal vez se nos hagan difíciles de comprender estas palabras, pero son totalmente ciertas, por eso el Señor nos dice que hay que nacer de nuevo para ver el Reino de Dios (Juan 3,3). Alguien describe esta diferencia como gafas o lentes y dice que ´”todo depende según el cristal con que se mira”. Muchos usan esta última cita para justificar una visión relativista de la realidad, es decir que lo que a uno le parece bueno a otro le puede parecer malo y así, las cosas son según quien las juzga, lo que no deja de ser una falacia, porque no es cierto que la realidad cambie; lo único que cambia es la percepción, pero la realidad sigue siendo la misma. De aquí se deduce que hay una sola realidad y por lo tanto una sola verdad. Dios es la Verdad y la Vida. Ello implica que hemos de adoptar la visión de Dios o cuando menos aproximarnos, lo que logramos conociendo a Jesús. El ve el mundo con otros ojos, lo percibe de un modo distinto al nuestro. Él lo ve como es. Esta es la forma en que tenemos que verlo también nosotros. Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos.

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Mateo 11,16-19 – un comilón y un borracho

diciembre 11, 2015

Texto del evangelio Mt 11,16-19 – un comilón y un borracho

16. «¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo:
17. “Les hemos tocado la flauta, y no han bailado, les hemos entonado endechas, y no se han lamentado.”
18. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Demonio tiene.”
19. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tienen un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras.»

Reflexión: Mt 11,16-19

Con cuantas cosas nos pasa tal como el Señor describe en este pasaje. Nos resistimos a aceptar la realidad y ya sabemos que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Somos difíciles de contentar, porque muchas veces estamos buscando el resquicio que nos permita evadir las exigencias que Jesús formula. Nuestro proceder, lejos de ser racional, es caprichoso, exactamente como el del niño aquél que no se contenta con nada, porque en realidad no sabe lo que quiere. Entonces, es cuestión de madurez. Aplicar nuestros sentidos para oír lo que el Señor nos manda, razonarlo, teniendo en cuenta que quien nos lanza esta propuesta es nada menos que Jesucristo, el Hijo de Dios, tomar una decisión y mantenernos con toda firmeza en ella, como corresponde a una persona adulta, inteligente y madura. Lamentablemente no ocurre así, pero no porque el mensaje no sea claro, sino porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Porque no queremos arriesgar; no queremos complicarnos; no queremos incomodarnos. Queremos tenerlo todo, sin renunciar a nada. Queremos mantener la amistad o el amor, prescindiendo de estar presentes allí cuando más nos necesitan. Decimos que hemos decidido seguirlo, pero en la práctica hacemos otra cosa. Luego pretendemos justificarnos con una falta de comprensión, cuando en realidad lo que ocurre es que caprichosamente no queremos hacer lo que el Señor nos manda, porque ello exige ciertos sacrificios, ciertos desprendimientos que –la verdad-, no estamos dispuestos a realizar. Seamos sinceros y reconozcamos lo que está pasando y no andemos con rodeos, que al Señor no lo podemos engañar. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tienen un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras.

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Mateo 11,11-15 – el más pequeño en el Reino de los Cielos

diciembre 10, 2015

Texto del evangelio Mt 11,11-15 – el más pequeño en el Reino de los Cielos

11. «En verdad les digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.
12. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.
13. Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron.
14. Y, si quieren admitirlo, él es Elías, el que iba a venir.
15. El que tenga oídos, que oiga.

Reflexión: Mt 11,11-15

Jesús emplea magistralmente las palabras -como siempre-, para ubicarnos en el tiempo Histórico, Único, al que estamos asistiendo. Es Histórico, así con “H” mayúscula, porque se refiere a una historia que está por encima de la historia universal, es la Historia de la Salvación o si se quiere, la Historia de la Humanidad. Para esta Historia, lo que acontece es central, porque lo que estamos presenciando es el cumplimiento de las promesas de Dios, para aquellos que saben oír, leer e interpretar los signos de los tiempos. Aquello que tiene que ocurrir, aquello que está escrito en los Planes de Dios, ocurrirá, a pesar de la oposición de cualquier clase e incluso violenta que ejerza el Enemigo. Juan el Bautista es una señal muy grande, muy notable que precede precisamente la llegada del Mesías, aquel que fue anunciado muchos siglos atrás, que sería precedido por Elías. Esto tendría que ser obvio para quien sigue las Escrituras, para los encargados de leerlas e interpretarlas, por eso es así como tendrían que admitirlo y si alguien sentía que le faltaban argumentos, la contundente afirmación de Jesucristo tendría que bastar para entenderlo. Solo hace falta prestar oídos. En verdad les digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.

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Mateo 11,28-30 – mi yugo es suave y mi carga ligera

diciembre 9, 2015

Texto del evangelio Mt 11,28-30 – mi yugo es suave y mi carga ligera

28. «Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo les daré descanso.
29. Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas.
30. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»

Reflexión: Mt 11,28-30

Qué miedo dan los pasajes pequeños, porque son tan ricos que se limitan a unas pocas palabras y sin embargo, reflexionar sobre ellos es inagotable. Es que así es la Palabra de Dios, fuente de vida eterna. Fijémonos en lo que estamos diciendo… El encuentro con Dios sobrecoge, asombra, nos deja perplejos. Del mismo modo, tiene el poder para transformarnos; es cambiando, hasta llegar a hacer Su Voluntad, que encontraremos lo que en este texto nos revela, como una promesa. Lo que Jesús aquí nos ofrece a quien hace la Voluntad de Dios es de lo más atractivo que podremos encontrar, especialmente quienes nos sentimos fatigados, sobrecargados y agobiados. Ya aquí nos encontramos frente a una línea divisoria, que marca y delimita muy bien a quienes preferentemente está dirigida esta Palabra, porque encontrarán alivio en ella. Somos los que sufrimos, los que padecemos, los que pareciéramos no encontrar alivio en la vida, los abandonados, los que pareciéramos haber sido dejados solos con nuestro dolor, con nuestra suerte, para afrontar las cargas más pesadas y difíciles, los que encontraremos alivio. Es para quienes nos encontramos turbados y afligidos para quienes se dirige de manera especial este mensaje, porque encontraremos alivio en asumir la Palabra de Dios y seguirla. Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

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Mateo 9,35—10,1.6-8 – el Reino de los Cielos está cerca

diciembre 5, 2015

Texto del evangelio Mt 9,35—10,1.6-8 – el Reino de los Cielos está cerca

35. Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.
1. Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.
6. diríjanse más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
7. Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.
8. Curen enfermos, resuciten muertos, purifiquen leprosos, expulsen demonios. Gratis lo recibieron; denlo gratis.

Reflexión: Mt 9,35—10,1.6-8

Si observamos, el pasaje que nos propone para nuestra reflexión hoy la Iglesia ha sido tomado de distintos versículo muy próximos, pero no contiguos. Ello nos lleva a anticipar que cada grupo encierra una idea y que juntos deben redondearla. Cada una de ellas puede ser tan importante o más que la otra, sin embargo dejando escoger a la inspiración del Espíritu Santo, podemos sentir con mucha fuerza que la idea central, en la que debemos meditar muy profundamente es que el Reino de los Cielos está cerca. Con mucha frecuencia se interpreta erróneamente que ello quiere decir que en cualquier momento llega el fin de este mundo. Por eso incluso desde los primeros cristianos, la primera generación llegó a creer que algunos de ellos vivirían para ver este fin y con él, la instauración del Reino de Dios. Se equivocaron, como es obvio. A pesar del evidente error diríamos que hay toda una escuela de pensamiento que de un modo u otro sigue aguardando el fin inminente, como si sobre esto quisiera advertirnos el Señor cuando dice que el Reino de los Cielos está cerca. Otros, descartando la primera idea presumen que el Señor se refiere a que el Reino está dentro de nosotros, por eso está cerca. Es cuestión de buscarlo mediante una introspección, lo que se logra buscando la paz, el equilibrio, el silencio y la meditación. Ninguna de estas ideas deja de tener algo de cierto, sin embargo nos atrevemos a afirmar que hay otra idea que pretendemos que se aproxima mucho más a lo que el Señor quería revelarnos, que pasaremos a explicar. Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.

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Mateo 9,27-31 – Hágase en ustedes según su fe

diciembre 4, 2015

Texto del evangelio Mt 9,27-31 – Hágase en ustedes según su fe

27. Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!»
28. Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.»
29. Entonces les tocó los ojos diciendo: « Hágase en ustedes según su fe.»
30. Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Miren que nadie lo sepa!»
31. Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.

Reflexión: Mt 9,27-31

Jesús nos da una prueba poderosísima e irrefutable de lo que podemos lograr con la fe en Él. Esta es la garantía de la victoria sobre la muerte, es la garantía de nuestra salvación, la garantía que las promesas de cristo habrán de cumplirse, la garantía de la Vida Eterna. No somos solo nosotros. No es tan solo nuestra fe. Es nuestra fe en Él y con su intervención. ¡Esa es la Gracia que debemos pedir! No siempre será necesario que nos toque, tal como hizo con estos ciegos, porque el Señor puede lo imposible, pero sí será necesario que le pidamos con fe y que de algún modo Él intervenga. Él atenderá nuestras súplicas, pero antes tiene que haberlas, porque es de esta forma que se manifiesta nuestro pedido y nuestra fe. Tenemos que hacer nuestra parte y esta consiste en movilizarnos de algún modo hacia Él y ponernos a su disposición con fe, es decir, creyendo firmemente que habremos de obtener la Gracia que pedimos, porque es buena, porque es justa y corresponde a la Voluntad de Dios. «¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.» Entonces les tocó los ojos diciendo: « Hágase en ustedes según su fe.»

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