Mateo 13,31-35 – oculto desde la creación del mundo

julio 31, 2017

Oculto desde la creación del mundo

…nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

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Mateo 13,31-35 oculto desde la creación del mundo

Mateo – Capítulo 13

Reflexión: Mateo 13,31-35

El Señor nos sigue hablando del Reino y como siempre, en parábolas. Este es un modo de hablar propio de Jesucristo, el Hijo de Dios, que tiene la capacidad de decir a todo el mundo algo distinto y según lo que necesita.

Las palabras del Señor son fuente de vida eterna. Es el único que tiene la capacidad de comunicar mensajes que no tienen principio ni fin en el tiempo, ni en el espacio. Sus palabras son aplicables a todo tiempo y lugar, del mismo modo que a toda persona sin importar edad, condición social o raza.

Todo hombre está capacitado para oír y entender las palabras del Señor, porque Él habla directamente al corazón de quien se dispone a oírlo. Es la impronta de Dios la que nos dispone y capacita para oírle y entenderle. Nuestra alma tiene sed de Dios.

Hemos sido hechos por Dios y nuestra alma no descansará hasta no reunirse con Él. Ese es nuestro destino y por ello nuestro mayor anhelo es oírle, porque sus palabras nos dan consuelo, esperanza y paz. Pero es necesario que el hombre disponga su mente, alma y corazón para oírlo.

Parece fácil y sería muy sencillo si no fuera porque hay otras palabras y otras voces que pretenden distraernos, deslumbrarnos y ganarnos con otros mensajes, distintos y contrarios a la Palabra de Dios. Ellos pretenden alejarnos y acallar a Dios en nuestros corazones con mentiras y engaños. Buscan aislarnos, separarnos.

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Mateo 13,44-52 – El Reino de los Cielos

julio 30, 2017

El Reino de los Cielos

El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.

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Mateo 13,44-52 – El Reino de los Cielos

Mateo – Capítulo 13

Reflexión: Mateo 13,44-52

¿Por dónde empezar esta reflexión? El Señor no puede ser más claro respecto al Reino de los Cielos. Se trata de un tesoro por el cual debíamos estar dispuestos a dejarlo todo. No hay nada en este mundo que merezca tanto la pena como el Reino de los Cielos.

De eso quiere convencernos y de eso debíamos estar convencidos como seguidores de Cristo. Y efectivamente muchos lo estamos, sin embargo nos cuesta ser consecuentes en el tiempo. Es decir que no lo manifestamos en nuestro día a día, cada segundo de nuestras vidas.

Tal vez eso sea lo más difícil: ser consecuentes. Se nos ocurre en este momento que es como estar asidos a una cuerda sobre un precipicio. ¡No podemos soltarnos porque caeríamos y moriríamos! ¡Nosotros lo sabemos! Además, es evidente ante nuestros ojos.

Todo lo que tenemos que hacer es subir, sin desprendernos de la soga, lo que es posible, aun cuando a veces represente cierta dificultad. Debemos resistir. Es nuestro peso el que debemos cargar y estamos preparados para ello. Peo hay momentos en que la fatiga nos invade.

Entonces, en vez de subir, estamos tentados a dejarnos caer. Más aun, a saltar sobre unas burbujas de aire multicolores que suben ante nuestros ojos, que nos invitan a llevarnos cómodamente instalados a otro lugar.

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Mateo 13,1-9 – Otras cayeron en tierra buena

julio 26, 2017

Otras cayeron en tierra buena

Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga.

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Mateo 13,1-9 – Otras cayeron en tierra buena

Mateo – Capítulo 13

Reflexión: Mateo 13,1-9

¿Cómo ser tierra buena? ¿Qué podemos hacer para ser tierra buena? ¿Hay algo que dependa de nosotros o se trata de una suma de circunstancias, en algunas de las cuales nos es imposible influir? ¡Queremos ser tierra buena y dar frutos!

Tal vez este solo deseo ya es un buen comienzo. Es nuestro corazón, nuestra mente, nuestro espíritu el que debe ser bien trabajado, preparado y abonado para convertirse en buena tierra. Ciertamente hay cosas que no dependen de nosotros, pero empecemos por las que sí.

Esto parece lo más razonable. En cuanto podamos, sacudámonos de toda influencia negativa, de todo aquello que sabemos que nos daña, de todo vicio, de toda maledicencia, de la mediocridad, de la ira, de la soberbia, del orgullo, de la envidia, del egoísmo.

¿Es esto posible? Pensemos en situaciones concretas de nuestra vida. Cuando nos enfocamos en personas y situaciones concretas, inmediatamente empiezan a surgir circunstancias y nombres con los que estamos involucrados.

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Mateo 20,20-28 – el Hijo del hombre no ha venido a ser servido

julio 25, 2017

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido

…el que quiera ser el primero entre ustedes, será su esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.

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Mateo 20,20-28 – el Hijo del hombre no ha venido a ser servido

Mateo – Capítulo 20

Reflexión: Mateo 20,20-28

El Señor inmediatamente nos vuelve a tierra. Su forma de ver el mundo, sus expectativas y sus instrucciones son diametralmente opuestas a las nuestras, a las entronizadas por este mundo utilitarista e inhumano.

El Señor no ha venido a consagrar nuestra forma de vida, lo que muchos consideran como lo más natural y la razón por la cual se adhieren al cristianismo. ¡El Señor ha venido a salvarnos! Obviamente se trata de un acto que de por sí advierte un peligro.

No puede ser motivo de un procedimiento y una acción de salvataje, sino aquello que está perdido. La opinión de cada uno de nosotros a este respecto puede ser diversa, sin embargo, lo que importa es que a juicio de Dios nos estamos perdiendo.

No se trata de una simple percepción que pudiera ser acertada o equívoca. Se trata del juicio de Dios. Es nuestro Creador, revelado por Jesucristo como nuestro Padre, quien ve y se inquieta por lo que nos está sucediendo.

Si consentimos en que para ser reconocido como Dios un ser Divino ha de ser Omnipotente, Omnipresente, Omnisciente, es decir, poseer todas las cualidades elevadas a un grado superlativo, en lo que diga no puede haber error.

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