Lucas 1,39-56 – la madre de mi Señor

mayo 31, 2017

La madre de mi Señor

Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?

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Lucas 1,39-56 – la madre de mi Señor

Lucas – Capítulo 01

Reflexión: Lucas 1,39-56

A propósito de la lectura escogida por la Iglesia para el día de hoy, pedimos al Espíritu Santo nos ilumine para compartir algunas reflexiones en torno a la Santísima Virgen María, la madre de nuestro Señor, tal como su prima Isabel la saluda con toda razón y humildad.

Cuando uno quiere a una persona, a un amigo o amiga, este amor, cuando es verdadero lo hace igualmente extensivo a la familia del amigo o amiga. Eso es natural, porque amistad significa intimidad, respeto, aprecio por lo que cada uno es y por lo que le rodea. Qué duda cabe que la familia es lo más importante para cada quien.

Respetar a la familia, a los hermanos, a los padres y en especial a la madre de nuestros buenos amigos es totalmente comprensible y natural. Este es el sentimiento que brota espontáneamente en el corazón de cualquier persona bien nacida. ¿Qué menos puede ser nuestro sentimiento a la Virgen María Madre de nuestro Señor Jesucristo?

Siempre que lo pienso no puedo entender la indiferencia e incluso el menos precio que algunos que se dicen cristianos pueden tener contra la Virgen Sagrada María. ¿Qué no es suficiente para respetarla y amarla el que Dios haya querido que su Hijo Jesucristo nazca de sus entrañas?

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Juan 17,1-11a – Esta es la vida eterna

mayo 30, 2017

Esta es la vida eterna

Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.

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Juan 17,1-11a Esta es la vida eterna

Juan – Capítulo 17

Reflexión: Juan 17,1-11a

Esta lectura es una hermosa oración: las palabras tan dulces y amorosas que Jesucristo dirige a nuestro Padre. ¿Cómo no sentirnos alegres, confiados y en paz luego de escuchar las peticiones de Jesús? ¡Qué mejor intercesión! El Señor nos ha confiado en las mejores manos, las de Dios.

Y como toda vez que el Señor habla, nos da una brillante catequesis, iluminándonos con Su Palabra, de modo que no existan dudas. Su lenguaje es “sintético” (condensa todo en pocas palabras) y simple. Por ejemplo, hoy, simplifica para nosotros en qué consiste la Vida Eterna. Tendríamos que recordarlo siempre.

Lo repetiremos tratando de interiorizar estas palabras de contenido tan fundamental. Si queremos alcanzar la plenitud, si queremos ser felices, hemos de reparar en estas palabras en las que el Señor nos señala el sentido de la vida, la razón de nuestra existencia. Así de trascendente es este discurso.

Es, sin duda, una revelación que el Señor nos hace abierta y expresamente, para que la escuche, como Él dice, quien quiera. El que tenga oídos que oiga. Veamos. No hay Gracia más importante que la Vida. Dicho de otro modo, sin la vida, sin nuestra propia vida, nada tiene valor.

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Juan 16,29-33 – yo he vencido al mundo

mayo 29, 2017

Yo he vencido al mundo

Les he dicho estas cosas para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo.

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Juan 16,29-33 yo he vencido al mundo

Juan – Capítulo 16

Reflexión: Juan 16,29-33

Es un poco sarcástico el Señor en la respuesta que le da a sus discípulos. Tiene un toque de humor, de quien nos conoce perfectamente y sabe de qué pie cojeamos, como para dejarse cegar por un entusiasmo repentino, que Él sabe que lamentablemente es muy endeble. Jesús nos conoce y así nos ama. Cuenta con nuestra debilidad.

Pensemos un poco en esto, si no es precisamente una Bendición. Jesucristo es Infinitamente Misericordioso, como lo es nuestro Padre. Por eso no se da por vencido y traza un Plan de Salvación Perfecto. A nuestros ojos a veces nos parece ininteligible. Al extremo que muchos lo consideran y ven como una derrota. ¿Qué es eso de nacer en un pesebre y morir en una cruz?

Es que la sola mención parece de locos. Por eso algunos llaman a este suceso la “locura de la cruz”. Y es que el Señor hace todo lo contrario a lo que manda este mundo. ¿Por qué? Porque precisamente Jesucristo no se ciñe a las leyes ni mandatos de este mundo, Él no está sujeto a estos mandatos, porque sobre el mundo manda el Demonio, es decir, el Príncipe de este mundo.

¿Cómo habría Jesucristo de sujetarse a lo que el Demonio dicta? ¡Imposible! Por eso es preciso derrotarlo. Y lo hace, imponiendo la Ley de Dios. Es decir, la Ley del Amor. La rebeldía de Satanás fue la desobediencia a Dios; querer imponerse a Él y ganarnos a nosotros, creaturas de Dios. Esto es lo que cuenta el Génesis.

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Discípulos

mayo 28, 2017

Hagan discípulos a todas las gentes

Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

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Mateo 28,16-20 hagan discípulos a todas las gentes

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Mateo 28,16-20 – hagan discípulos a todas las gentes

mayo 28, 2017

Hagan discípulos a todas las gentes

Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

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Mateo 28,16-20 hagan discípulos a todas las gentes

Mateo – Capítulo 28

Reflexión: Mateo 28,16-20

Esta es la esencia del cristianismo. Los cristianos tenemos una Misión que emana de un mandato dado por Jesucristo. Un mandato se da para obedecerlo y lo da quien tiene autoridad para hacerlo. Si alguien nos habla imperativamente es porque tiene autoridad, de otro modo estaría loco o perdiendo el tiempo.

Jesús ni está loco, ni ha venido a perder el tiempo. Como alguna vez lo hemos dicho y lo sostenemos, porque es nuestra propia experiencia: en las palabras del Señor no hay desperdicio. Nada se dice que sobre, que pueda ser omitido u ocultado. ¿Por qué? Porque se trata del mismo Dios hecho hombre. Es un misterio que no llegamos a comprender plenamente, pero que lo hace distinto.

Jesucristo por eso, es al único que le corresponde aquel título que Él mismo se da, que es a la vez todo un atributo exclusivo: “El Hijo del Hombre”. ¿Cómo podríamos interpretarlo? Como la esencia del hombre o como el hombre por excelencia. Como el mejor representante del hombre, el que reúne todas sus cualidades y atributos, pero es al mismo tiempo Dios. El Hijo del hombre nos representa y encarna a todos. Es Él quien nos abre las puertas del Cielo.

Verdadero Dios y verdadero Hombre, ese es Jesucristo, el Hijo de Dios y el Hijo del Hombre. Misterio, lo dijimos desde el comienzo, pero no por oculto, sino por inabarcable. Hay realidades sobrenaturales que nunca llegaremos a comprender en este mundo, pero quedarán totalmente expuestas en cuanto podamos estar bajo la presencia de Dios mismo en el Cielo.

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