Juan 15,18-21 – no son del mundo

abril 30, 2016

Texto del evangelio Jn 15,18-21 – no son del mundo

18. «Si el mundo los odia, sepan que a mí me ha odiado antes que a ustedes.
19. Si fueran del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no son del mundo, porque yo al elegirlos los he sacado del mundo, por eso los odia el mundo.
20. Acuérdense de la palabra que les he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también los perseguirán a ustedes; si han guardado mi Palabra, también la de ustedes guardarán.
21. Pero todo esto se lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.

Reflexión: Jn 15,18-21

No somos del mundo, porque el Señor al elegirnos nos ha sacado del mundo. Estas palabras echan por tierra cualquier pretensión, pues no somos nosotros los que nos hacemos diferentes, sino que esto es obra del Señor. Nos resulta bastante incomprensible esta afirmación, que pareciera no guardar correspondencia con la realidad, pues nos parece más lógico que cualquier acercamiento o alejamiento a la Voluntad del Señor sea más bien el resultado de nuestra elección. En cambio el Señor nos habla aquí de una especie de marca o de sello que Él nos pone al elegirnos y que nos hace diferentes. ¿Cómo entender que la iniciativa proviene de Él cuando tenemos la convicción que ello depende de nuestra decisión? Hay algo aquí que no encaja, porque no se condice con lo que percibimos. Si hemos sido elegidos, ¿no debíamos saberlo? ¿Si no tenemos la certeza, será que no correspondemos a los elegidos? ¿Y si a pesar de ello nos esforzamos en seguirlo -no siempre, seguramente, pero si cuanto nos es posible-, con una exigencia que sentimos cada vez mayor, querrá decir que nos ha escogido o que nosotros queremos que nos escoja, a pesar que en realidad no es así? Es un hecho que si no somos escogidos, no llegaremos a Él; nos será imposible, porque esta es Gracia que el concede a sus elegidos. Pero ¿quiénes son sus elegidos? ¿Podemos saberlo? ¿Podemos contarnos entre ellos? …pero, como no son del mundo, porque yo al elegirlos los he sacado del mundo, por eso los odia el mundo.

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Juan 15,12-17 – yo los he elegido a ustedes

abril 29, 2016

Texto del evangelio Jn 15,12-17 – yo los he elegido a ustedes

12. Este es el mandamiento mío: que se amen los unos a los otros como yo los he amado.
13. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.
14. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando.
15. No les llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes les he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se los he dado a conocer.
16. No me han elegido ustedes a mí, sino que yo los he elegido a ustedes, y los he destinado para que vayan y den fruto, y que su fruto permanezca; de modo que todo lo que pidan al Padre en mi nombre se los conceda.
17. Lo que les mando es que se amen los unos a los otros.»

Reflexión: Jn 15,12-17

Sin duda el que nos amemos los unos a los otros es central, sino el Señor no estaría repitiendo tanto este mandato, que como hemos dicho ya varias veces, no es una sugerencia, un ruego o algo que tendríamos que pensar y considerar. No señor. Se trata de un mandato, que si hemos sido correctamente educados por nuestros padres sabremos que es vertical, indiscutible y terminante. El mandato lo da el que tiene autoridad. Solo puedes mandar y esperar que tu mandato sea atendido y cumplido cuando tienes autoridad, de otro modo, serás el hazme reír como tantos padres, maestros o personas mayores que mandan a niños, adolescentes y jóvenes y estos ni pestañean y siguen haciendo lo que les da la gana, porque no tienen el menor respeto por la persona que les manda o porque simplemente nadie les enseñó en su vida a obedecer. ¿Es buena tanta permisividad? Hay momentos en la vida que las personas embestidas de autoridad deben mandar, lo que significa que asumen la responsabilidad de cualquier riesgo y que quien obedece ha de tener respeto y confianza absoluta, de otro modo no obedecería, mucho menos si lo que se le manda es incierto. Entonces, la certeza también es necesaria. Un niño –bien criado-, obedece ciegamente a su padre, porque sabe que no lo va a engañar, que no le va a tomar el pelo ni lo va a defraudar. Si el padre le dice salta, él salta. Si le dice agáchate o pégate a la derecha, lo hará. Más tarde, si le dice esto o aquello no te conviene lo considerará y si el padre le manda dejarlo, lo hará, porque más allá de su criterio está la plena confianza y respeto que tiene al criterio y voluntad de su padre que se las ha sabido ganar con AMOR. Esto mismo hace el Señor con nosotros. La pregunta es: ¿le creemos? ¿le obedecemos? No me han elegido ustedes a mí, sino que yo los he elegido a ustedes, y los he destinado para que vayan y den fruto, y que su fruto permanezca; de modo que todo lo que pidan al Padre en mi nombre se los conceda.

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Juan 15,9-11 – permanezcan en mi amor

abril 28, 2016

Texto del evangelio Jn 15,9-11 – permanezcan en mi amor

9. Como el Padre me amó, yo también los he amado a ustedes; permanezcan en mi amor.
10. Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
11. Les he dicho esto, para que mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea colmado.»

Reflexión: Jn 15,9-11

El Señor, a través de la Iglesia, reta nuestra capacidad de reflexión con estos tres versículos; tres líneas contundentes, en las que Jesucristo nos habla al corazón, equiparando generosamente nuestra relación con Él, con la relación que Él mantiene con nuestro Padre. Él, con su vida, nos ha dado testimonio de la unión en la que permanece con el Padre, que se evidencia cumpliendo con Su Voluntad hasta la última coma. Todo lo que hace es conforme al Plan trazado por Dios desde la eternidad; todo, incluso Su Sacrificio en la cruz. A tal extremo llega Su fidelidad, para iluminarnos el Camino con Su ejemplo. Así como Él cumple la Voluntad del Padre hasta las últimas consecuencias, confiando plenamente en la necesidad que el Padre ha establecido que pase por el Sacrificio de la Cruz para resucitarlo al tercer día, Jesucristo espera que nosotros confiemos en Él, entregándonos plenamente a Su Voluntad, a Sus mandatos, sin escatimar esfuerzo alguno y sin la menor duda. Es solo de este modo que nosotros estaremos en Él y Él estará en el Padre, quien lo resucitó al tercer día y hará lo mismo con nosotros si confiamos y hacemos lo que Dios nos manda. La confianza que tiene Cristo en el Padre, es la misma que el Padre tiene en Cristo y ha de ser similar a la que nosotros hemos de tener en Cristo y Cristo en nosotros. Se trata de establecer una comunidad de voluntades, a ejemplo de Cristo. Eso es lo que nos pide el Señor. Se trata de permanecer en Su amor, del mismo modo que Él permanece en el amor del Padre. ¿Cómo? Creyendo y obedeciendo ciegamente, porque confiamos plenamente en Su Amor. Como el Padre me amó, yo también los he amado a ustedes; permanezcan en mi amor.

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Mateo 28,16-20 – yo estoy con ustedes todos los días

abril 27, 2016

Texto del evangelio Mt 28,16-20 – yo estoy con ustedes todos los días

16. Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
17. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron.
18. Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.
19. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
20. y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.»

Reflexión: Mt 28,16-20

Estamos frente a las últimas líneas del Evangelio de San Mateo, con las que pone fin al testimonio que le fue encomendado escribir por inspiración divina y con la guía del Espíritu Santo. Llegó el día en que Jesús finalmente ascenderá al cielo. Todos van, sin embargo algunos de ellos todavía dudan. Que nos sirva de consuelo cuando se nos presentan dudas, pero al mismo tiempo de estímulo para esforzarnos en creer, porque, tal como nos lo ha venido repitiendo el Señor esto es lo más importante. Creer es dar el paso fundamental y aunque leer los Evangelios y conocer a través de ellos a Jesucristo es importante, no es imprescindible el mismo grado de conocimiento que se exige en otras circunstancias, porque creer es finalmente Gracia de Dios. Esto quiere decir que Él tiene la potestad de suscitar esta fe en quien lo busca, más allá del conocimiento o de cualquier circunstancia que pudiéramos vivir. Y aquí es básico recordar esta promesa extraordinaria de Jesús de quedarse con nosotros hasta el fin del mundo. Claro, si no tenemos fe, sonará risible y estrambótica. Sin embargo para los que tenemos fe significa que Él está con nosotros allí donde posamos la vista e incluso nuestros pensamientos. Él está en cada molécula, en cada partícula de este mundo y por supuesto, en cada uno de nosotros y especialmente en los más pobres, en los que más sufren. El Señor está en todo, pero necesita que reorientemos el Universo hacia Él, hacia la Salvación, lo que exige amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado. No es fácil y mucho menos cuando no hay fe y por el contrario, encontramos una fuerza que camina en sentido contrario, promoviendo el egoísmo, el hedonismo, el poder, la riqueza, el orgullo, la soberbia, la mentira y la muerte, como el único medio para asegurar el bienestar temporal de los más fuertes, de los más ricos. El Dinero es opuesto a Dios, porque propugna que todo se puede comprar y que tan solo depende de la cantidad de dinero que podamos ofrecer. Por eso es preciso acumularlo sin límites, ya que es tan solo lo que él nos puede dar aquí y ahora lo que importa. La filosofía del dinero, sobre la cual se ha edificado este mundo ha sido propiciada por el Príncipe de las Tinieblas y es obviamente contraria a la Voluntad de Dios, quien nos ha creado para vivir eternamente, lo que solo es posible, tal como nos lo enseña Jesús, si amamos a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos…hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.

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Juan 14,27-31a – cuando suceda crean

abril 26, 2016

Texto del evangelio Jn 14,27-31a – cuando suceda crean

27. Les dejo la paz, mi paz les doy; no se las la doy como la da el mundo. No se turbe su corazón ni se acobarde.
28. Han oído que les he dicho: “Me voy y volveré a ustedes.” Si me amaran, se alegrarían de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
29. Y se los digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean.
30. Ya no hablaré muchas cosas con ustedes, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder;
31. pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado.

Reflexión: Jn 14,27-31a

Es muy importante esforzarnos por adoptar la visión de Jesús a fin de entender su mensaje. Sin esta particular perspectiva o no lo entendemos o nos parece enredado. Pero requiere nutrirse permanentemente de la Palabra del Señor para afinar nuestro oído, nuestro corazón, nuestras entendederas y ponernos en sintonía con Su Plan de Salvación. No es cuestión de coger la Biblia una vez al año con la pretensión de leerlo como quien lee un diario o las reflexiones de un perfecto desconocido. Vamos, directo a Su pasión y muerte o a Sus milagros; no. Así no se puede leer ni conocer al Señor. Todo lo que dice Jesucristo lo hace en un contexto muy especial, único, en el que incluso cada uno de nosotros formamos parte de este, pero solo si tenemos intimidad con Él, es decir, si recurrimos asiduamente a la lectura y reflexión de Su Palabra. De otro modo nos quedaremos en la superficie, en lo aparente, en el forro, de lo que, por cierto, algo sacaremos, más aún, si estamos en Gracia de Dios, pero repetimos, es preciso familiarizarnos con su visión y su modo tan particular de expresar el mensaje encomendado por Dios Padre para que nos aproximemos a la Verdad. Porque es de eso que nos habla Jesús. Así, detengámonos por un momento a tratar de comprender a qué viene esto de la paz con nosotros. La respuesta humanamente lógica tendría que ser: ¿Qué tienes? ¿cómo vamos a estar en paz con todo lo que nos has advertido que se viene? ¿Cómo estar en paz si en un poco más vendrán a aprehenderte y te crucificarán? Habría que ser de piedra para no sentir que el corazón se estruja y el estómago nos da tres vueltas. Si algo puede sentir quien acompaña a un sentenciado a muerte injustamente y a quien ama, es angustia, impotencia, tristeza, dolor. Y sin embargo el Señor nos da la paz y pretende que estemos en paz. Tiene que estar loco. “Me voy y volveré a ustedes.” Si me amaran, se alegrarían de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y se los digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean.

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Marcos 16,15-20 – El que crea y sea bautizado, se salvará

abril 25, 2016

Texto del evangelio Mc 16,15-20 – El que crea y sea bautizado, se salvará

15. Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación.
16. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.
17. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas,
18. agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»
19. Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.
20. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

Reflexión: Mc 16,15-20

La salvación está en creer y ser bautizado. ¿Por qué el Señor une ambas condiciones finalmente? ¿Por qué no basta con creer? Porque la fe nos llega por medio de alguien. La fe es una herencia comunitaria. La fe se transmite de padres a hijos, no nace por generación espontánea. Así, casi podemos afirmar que el mismo que transmite la fe tiene la obligación de bautizar o cando menos velar porque quien la recibe sea bautizado. Resulta lógico que así sea, porque el bautizado recibe el auxilio del Espíritu Santo, el mayor auxilio que podemos tener los cristianos, por Gracia de Dios. Él quiso que así fuera, por lo tanto, si creemos, debemos ser bautizado. Sería un absurdo que no fuera así, pues denotaría falta de fe e ignorancia. Pero esto no puede ser pasado por alto por quien transmite adecuadamente la fe. En otras palabras, tenemos la obligación de dar a conocer a Jesús para que nuestros hermanos se conviertan y crean, pero al mismo tiempo no podemos obviar el bautizo, que es el primer paso lógico que debe dar el creyente en señal de fe, porque este le permite nacer nuevamente, sin importar la edad que tenga, en agua y en espíritu, a una vida nueva, inspirada por el Espíritu Santo de Dios, que habrá de acompañarlo el resto de su existencia. El mismo bautismo constituye un acto de fe, pues significa la entrega y el abandono al Espíritu Santo de Dios, confiando plenamente en que este lo habrá de guiar por el camino de la salvación. Por eso ambos son necesarios y prácticamente inseparables. ¿Pero qué ocurre cuando el bautizado es un bebé que no puede dar razón de su fe? Son los padres y padrinos que asumen la responsabilidad de prepararlo, de modo que llegada la edad de la razón, pueda comprender aceptar y agradecer que sus padres y padrinos hayan tomado aquella decisión por él, porque esta le habrá permitido vivir con la incomparable ayuda del Espíritu Santo aun antes que tuviera edad para comprenderlo. En cualquier caso el bautizo pone de relieve el compromiso de la comunidad en la transmisión de la fe, ya que nadie puede bautizarse a sí mismo. Que seamos bautizados, es señal que no solo Dios vela por nosotros, sino nuestros hermanos, nuestra comunidad, nuestros semejantes, nuestro prójimo. Es gracias a la participación de ambos que alcanzamos la salvación, porque así lo ha querido Dios. Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.

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Juan 13,31-33a.34-35 – que se amen los unos a los otros

abril 24, 2016

Texto del evangelio Jn 13,31-33a.34-35 – que se amen los unos a los otros

31. Cuando salió, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él.
32. Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto.»
33. «Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con ustedes.
34. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Que, como yo los he amado, así se amen también ustedes los unos a los otros.
35. En esto conocerán todos que son discípulos míos: si se tienen amor los unos a los otros.»

Reflexión: Juan 13,31-33a.34-35

El Señor Jesucristo vino a cumplir una Misión entre nosotros: Salvarnos. Él fue consciente todo el tiempo de ella, como lo prueba todo lo que hace y dice. No es que fuera sorprendido por nada de lo que ocurre, como a veces estamos tentados a creer. No debemos olvidar que Jesucristo, como Hijo de Dios, comparte la misma Divinidad y por lo tanto la misma Sabiduría y conocimiento de la Verdad, por eso nos dice que Él es el Camino, la Verdad y la Vida y que no hay forma de ir al Padre que por Él. La escena que estamos contemplando ocurre inmediatamente después que Judas sale a entregar a Jesús, es decir a terminar con la tarea que había asumido como resultado de sus estrechez mental, su poca visión, su ignorancia, las pasiones que lo dominaban, pero sobre todo por su FALTA DE FE. Judas no creía realmente que Jesús fuera el Mesías, el Salvador. Sus dudas eran tan grandes que poco a poco se había ido convenciendo, a pesar de todo lo que había visto y presenciado, que Jesús eran un charlatán, un embustero que traería la ruina a su causa y antes que perderlo todo decidió entregarlo y así por lo menos ganarse la recompensa que los judíos ofrecían. Esto es lo que sale a hacer y Jesús lo sabe, de allí su reflexión. Es importante constatar esto, porque ello no constituye sorpresa alguna para Jesús y contrariamente a lo que hubiera hecho cualquier persona que supiera a donde conducirían estos hechos, Él no huye, no se pone a mejor recaudo, porque sabe que Su hora ha llegado y como dirá después, nadie le quita la vida, sino que Él la entrega por nuestra Salvación. La diferencia es muy grande y constituye una Revelación en la que debemos reflexionar. Y es que Jesucristo es el Hijo de Dios y como tal ¡Es Dios! No lo olvidemos nunca. No confundamos, ni nos dejemos engañar. Estamos asistiendo al desarrollo del Plan de Dios, donde nada es casual, sino que todo ha sido detalladamente anticipado. ¡Quiere decir que Jesús es un masoquista? ¡No! Sino que en Su Sabiduría Infinita sabía que no había forma que fuera elevado y que todos pudiéramos verle, entendiendo Su mensaje, la Misión que se le había encomendado, que sometiéndose al juicio injusto y bárbaro de los hombres, que terminarían por ejecutarlo, por asesinarlo públicamente como un forajido, a pesar de haber pasado haciendo el Bien. Era preciso que ello pasara y que resucitara al tercer día para que la humanidad entera viera y creyera y creyendo fuera Salvada. Nuestra salvación pasa entonces por este sacrificio, sin el cual no hubiera sido posible. Cristo, por nosotros, se hizo uno más como nosotros para enseñarnos el Camino, sellándolo con Su preciosísima sangre, para que la nuestra no tuviera que ser derramada. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Que, como yo los he amado, así se amen también ustedes los unos a los otros.

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Juan 14,7-14 – créanlo por las obras

abril 23, 2016

Texto del evangelio Jn 14,7-14 – créanlo por las obras

7. Si me conocen a mí, conocerán también a mi Padre; desde ahora lo conocen y lo han visto.»
8. Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
9. Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con ustedes y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”?
10. ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que les digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.
11. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, créanlo por las obras.
12. En verdad, en verdad les digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre.
13. Y todo lo que pidan en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
14. Si me piden algo en mi nombre, yo lo haré.

Reflexión: Juan 14,7-14

El Señor nos pide aquí que no opongamos resistencia a las evidencias palpables. Si aplicamos nuestra razón y si somos sinceros, no encontraremos explicación razonable a muchos de los actos que preceden a Jesús. Esto es así hoy, como lo fue hace poco más de 2mil años, sin embargo muchos continuamos con nuestro escepticismo. Preferimos pensar que se trata de algo mítico o imaginario escrito por los evangelistas para reforzar las ideas que querían transmitir o simplemente lo obviamos, hacemos abstracción de estas acciones y nos quedamos tan solo con aquellas palabras que ciertamente constituyen lecciones de principios éticos y morales trascendentes, con los que cualquier ciudadano bien nacido y educado puede concordar. Se trata de promover la edificación de una sociedad en la que los hombres podamos vernos como hermanos, en la que se respeten los derechos fundamentales y se promueva el desarrollo de todos sus componentes. Somos capaces de formular una serie de atributos de la convivencia humana e ideales suscitados por los evangelios, pero nos negamos a reconocer a Dios en Cristo Jesús. No nos damos cuenta que así, estamos apartando el ingrediente fundamental sin el cual es realmente imposible la edificación de esta sociedad, que Jesucristo la formula, no como un ideal inalcanzable al cual debemos tender, sino como una realidad que empieza a gestarse a partir de la fe, porque es creyendo en Él y en su Divina Voluntad que este cambio se hace posible. Es como pretender cocinar una torta esponjosa omitiendo uno de los ingredientes fundamentales, a saber, la levadura. No se trata entonces de una formulación teórica, sino de algo fundamental y realizable que comienza por la fe, porque es obra de Dios. Por lo tanto, antes de caer en la tentación de descartar las obras y acciones que vemos realizar a Jesús, como si fueran secundarias o suntuarias, debemos detenernos a reflexionar cuál es el papel que estas juegan en realidad en la Revelación que nos trae el Señor, porque sin ellas estaremos pasando por alto algo que es central en su mensaje: la fe. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, créanlo por las obras.

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