Al instante el hombre quedó curado

Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda.» Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Pero era sábado aquel día.

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Juan 5,1-3.5-16 al instante el hombre quedó curado

Juan – Capítulo 05

Reflexión: Juan 5,1-3.5-16

Esta es una historia realmente increíble, que constituye una radiografía de nuestro usual proceder. Nos fijamos demasiado en las apariencias; somos adeptos a detenernos a juzgar formalidades y a condenar situaciones e incluso a personas por detalles sin importancia. Nos resistimos a ir al fondo de las cosas.

Tal vez sea nuestro temor a tener que reconocer cosas que no quisiéramos, aspectos que podrían constituir una condena a lo que hacemos, que incluso pudieran exigirnos un cambio, al que no estamos dispuestos. La comodidad, nuestra propia comodidad, no la queremos perder por nada en el mundo.

Por eso no estamos dispuestos a tolerar nada que, aun cuando solos sea intuitivamente, amenace nuestra estabilidad. ¿De qué otro modo podemos entender a estos judíos que se escandalizan al ver a este enfermo cargando su camilla siendo sábado. ¡En eso se fijaron y no en su asombrosa curación!

Esta historia nos recuerda a aquellos pasajes anecdóticos por los que todos hemos pasado alguna vez en los que nos desvivimos por demostrar lo que acabamos de descubrir o la destreza que acabamos de adquirir y quien nos observa nos llama la atención por nuestro peinado o el hueco que tenemos en el calcetín derecho.

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Se puso en camino

Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive.» Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.

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Juan 4,43-54 se puso en camino

Juan – Capítulo 04

Reflexión: Juan 4,43-54

Creer y ponerse en camino. Esa es la lección que recibimos hoy de este hombre. Eso es lo que espera Jesucristo de nosotros en función de la fe. Que creamos y nos pongamos en camino. Así, no basta con decir: creo. Es preciso poner nuestra fe en acción, aun cuando solo sea poniéndonos en camino, que parece poco, en comparación con los frutos de la fe, pero es más que suficiente para el Señor.

¿Cómo podemos aplicar este ejemplo a nuestras vidas? Pues poniéndonos a hacer lo que debemos en función de aquello que nos mueve a la fe. Si hemos puesto en manos del Señor aquél bien que quisiéramos alcanzar, pongámonos a hacer lo que debemos, confiando en que Jesús hará el resto y así será. Él ha ofrecido acompañarnos todos los días hasta el fin del mundo. Tengamos fe. Hagamos lo nuestro y dejémosle obrar.

No andemos buscando señales, ni pongamos a prueba a Jesús, que de lo que se trata es de vivir creyendo en Sus promesas y no de detenernos a verificar Su Divinidad, la cual ha sido sobradamente acreditada. La promesa más importante es que habremos de resucitar y vivir eternamente. Teniendo esto en mente, pongámonos en camino, que al arribar habremos de constatar que Sus promesas se cumplen. Pero tenemos que llegar y para eso es preciso empezar a andar, ya.

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Para un juicio he venido

Y dijo Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos.»

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Juan 9,1-41 – Para un juicio he venido

Juan – Capítulo 09

Reflexión: Juan 9,1-41

Frente al Señor, hay que tomar partido. No podemos seguir indiferentes. Es preciso reflexionar y tomar una decisión. Estamos con Él o estamos contra Él. No hay una tercera opción. El que no recoge, desparrama. Y tampoco podemos hacernos lo que no sabemos, porque a Dios nadie lo engaña. ¡Es nuestra decisión! Estamos advertidos.

¡Qué difícil nos resulta reconocer la verdad cuando no nos gusta, cuando nos demanda esfuerzo y sacrificio! Queremos seguir tibios, regodeándonos en nuestra mediocridad. Parece que está en nuestra naturaleza conformarnos con lo que tenemos, con el esfuerzo desplegado. No queremos ir más allá. No queremos arriesgar. Tenemos miedo a perder. Y, lo peor es que no confiamos en Dios. Tememos que nos vaya a defraudar, quedándonos sin soga ni cabra.

Preferimos retener lo viejo conocido a correr el riesgo de perderlo todo, por seguir la novedad. Comenzamos a preguntarnos, ¿por qué tendríamos que creer en Jesús? ¿Quién es Él para jugarnos la vida y especialmente el futuro por Él? Y, ya sabemos que no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver.

Así, frente a la novedad de Jesús nos portamos como unos necios. Empezamos a cuestionarnos todo y terminamos negando incluso lo evidente. No es otra cosa lo que hacen estos judío y terminan echando al ciego del templo porque había sido curado y nadie quería admitir lo evidente, que se encontraban frente al Hijo de Dios, el Mesías tanto tiempo esperado.

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La esclava del Señor

Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

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Lucas 1,26-38 la esclava del Señor

Lucas – Capítulo 01

Reflexión: Lucas 1,26-38

La Santísima Virgen María nos da aquí una lección de su disponibilidad, de su completa e irrenunciable entrega a la Voluntad de Dios. Esto es lo que debemos aprender e imitar en nuestras vidas. Es algo que solo puede brotar de un alma que sabe y reconoce su lugar, tanto como el de Dios en nuestra existencia. Se trata de una Gracia que debemos pedir cada día.

No podemos esperar la misma reacción de quién desconoce a Dios, de quien no lo tiene en cuenta en sus planes diarios. No se trata de una impostación, de un parche incoherente, de un artificio, ni de algo que por la fuerza tratamos de incorporar en nuestras vidas. Para dar tamaña respuesta y acompañarla consecuentemente en cada episodio de nuestra vida, hay que estar preparados y María lo estaba.

¿Cómo podemos nosotros prepararnos? Siendo honestos y enseñando a ser honestos a los que nos rodean y especialmente a nuestros hijos. Siendo humildes y reconociendo que no seríamos nada, ni si quiera tendríamos lo más esencial –que es la vida-, si no fuera por Gracia de Dios. Esto implica reconocer que la vida es un Don gratuito que hemos recibido de las manos de Dios con algún propósito que va más allá de nuestro entendimiento y voluntad. Si estamos convencidos de la gratuidad de este Don inmerecido e inconmensurable, ¿no debían aflorar la gratitud y el amor en primer lugar?

¿Cuántas veces hemos oído el reclamo de nuestros parientes más cercanos, tal vez nuestros padres, reprochándonos nuestra ingratitud? ¿Y cuántas veces tenían razón? ¿A qué se referían ellos? ¿No es verdad que a nuestra falta de reciprocidad? No es que quisieran que les paguemos de algún modo, sino que sintamos movidos nuestros corazones por la gratitud y les prodigáramos un poco de nuestro tiempo y atención.

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No existe otro mandamiento mayor

…amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.

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Marcos 12,28b-34 No existe otro mandamiento mayor

Marcos – Capítulo 12

Reflexión: Marcos 12,28b-34

Después de todo, la doctrina de Jesús es muy simple. Mucho más de lo que se imaginan muchos. Basta menos de un minuto para formularla. O como hemos dicho varias veces, entra en un solo Tweet de 140 caracteres y todavía le sobra espacio. ¿Por qué no podemos aprenderla y seguirla? Desde luego no por falta de memoria.

Lo que ocurre es que la exigencia es tan alta, que flaqueamos, nos excusamos y preferimos mirar a otro lado. Vivimos en una sociedad en la que se exalta el placer, la comodidad, la permanente autocomplacencia, el hedonismo, el erotismo y el egoísmo. Y todo ello está sujeto a la capacidad económica, es decir a la cantidad de recursos que podemos destinar para conseguirlos.

Vivimos en una sociedad de consumo que nos ha hecho creer que todo se puede conseguir a condición de contar con la capacidad para adquirirlo. Por lo tanto, es preciso acumular el capital necesario que nos permita cubrir nuestra demanda. Cada quien lo consigue del modo que puede y está a su alcance. Vivimos en permanente tensión por atender ambas vertientes de nuestra existencia: tener, para gozar. Tener, para “vivir”, entendiendo que solo se vive cuando se goza. No es casual que digamos “esto es vida” cuando alcanzamos el placer y confort que anhelamos, aun cuando sea efímero.

Precisamente la lucha denodada en la que algunos nos obstinamos es en prolongar lo más que podemos este momento placentero. Dependiendo de la riqueza que vamos acumulando, algunos nos obsesionamos por darles todo a nuestros hijos, por complacerlos y mantenerlos alejados de cualquier sacrificio y contacto con el sufrimiento.

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Casa contra casa

Pero él, conociendo sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae.

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Lucas 11,14-23 casa contra casa

Lucas – Capítulo 11

Reflexión: Lucas 11,14-23

¿De qué nos habla hoy el Señor? ¿Es algo nuevo? ¿Se trata de algo que no sabemos? Solo hay que tener sentido común para darse cuenta que la fuerza está en la unidad, o, dicho de otro modo, que en situaciones de acoso, de lucha, de enfrentamiento, el peor enemigo es la desunión, la división.

Tal vez debíamos preguntarnos ¿a quién le interesa dividirnos? Ante cada situación específica tal vez podremos encontrar a un responsable, a un interesado en dividirnos para obtener un beneficio particular y egoista. Porque, por algo dice el refrán: “divide y vencerás”.

Por eso, si somos honestos, si somos sinceros, en general, no nos será difícil descubrir al verdadero artífice de las divisiones: el demonio. Que en los tiempos modernos nos resulte embarazoso admitir su existencia y su responsabilidad, es porque precisamente no se trata de un tonto, sino de un genio del mal, que ha sabido conquistarnos aun en nuestro modo de razonar, para hacernos caer ingenuamente en sus garras.

De allí que se diga, no sin razón, que el mayor triunfo del demonio en este mundo relativista, plagado de ideologías efímeras, es el haber logrado mimetizarse de tal modo que el común de la gente no solo dude de su existencia, sino que lo niegue. ¿Qué mejor servicio al promotor de la mentira, las divisiones, la destrucción, el mal y la muerte, que negar su existencia?

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Dar cumplimiento

No piensen que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.

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Mateo 5,17-19 – dar cumplimiento

Mateo – Capítulo 05

Reflexión: Mateo 5,17-19

Tal vez el peor enemigo de la fe en nuestro tiempo sea el relativismo. Esto, porque es un enemigo agazapado, cubierto de apariencia, de verdades a medias. Está convencido que no existe la verdad, que ésta no es única y que por el contrario existen tantas verdades como seres humanos en el mundo.

Así, el relativista no tiene ningún reparo en anunciar su verdad, su creencia y exige que se le respete, por el solo hecho de haberla enunciado. Tiene tanta aceptación este modo de razonar, que es posiblemente el más popular. Muchos están dispuestos a darle la razón sin más trámite, por su convincente disfraz.

El individualismo y el egocentrismo surgen inmediatamente como sus defensores más acérrimos y juntos elaboran una serie de sistemas ideológicos a cual más descabellados, sin más sustento que el haberlos formulado, en uso de su libertad. Uno de estos sistemas es el de la Ideología de Género, promovido por feministas y colectivos LGTBI.

Para estos relativistas, individualistas y egoístas, todo está permitido a condición de no transgredir la libertad ajena. Claro, si no existe la Verdad y si cada quien tiene su verdad, lo que toca es proveerle el derecho a ejercerla, siempre y cuando no afecte a los demás. ¿Cómo puede ser eso?

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Esto mismo hará con ustedes mi Padre celestial

Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con ustedes mi Padre celestial, si no perdonan de corazón cada uno a su hermano.

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Mateo 18,21-35 Esto mismo hará con ustedes mi Padre celestial

Mateo – Capítulo 18

 

Reflexión: Mateo 18,21-35

Tenemos un Dios ejemplar, sabio y justo. ¡Qué manera de exigirnos a reconsiderar nuestros criterios de justicia! Haz a tu hermano lo que quieres que te hagan. No le hagas lo que no estarías dispuesto a soportar. Se tolerante, comprensivo y compasivo, como te gustaría que fueran contigo y los tuyos.

¿Podía habérsele ocurrido a alguien una mejor medida para la convivencia? ¿De qué otra forma podíamos sentirnos obligados a mejorar nuestro comportamiento y nuestros criterios de justicia que aplicándolos a nosotros mismos? Así, lo que es justo para ti, también lo será para los demás.

No es fácil aplicar esta medida. Es más, diríamos con toda propiedad, que estamos acostumbrados a la medida opuesta, conocida como la “ley del embudo”: lo ancho para mí y lo angosto para ti. Toda la tolerancia para con mis gustos, deseos, preferencias y debilidades. En cambio la máxima exigencia con los demás, sin ceder un milímetro, para no perder autoridad.

Por eso, antes de hacer justicia, el demonio y sus aliados, han preferido regar por todo el mundo la idea de un Dios cruel y vengativo, cuando en realidad Su justicia, por propia y libérrima decisión, no es nada más que un calco de lo que nosotros estamos dispuestos a hacer con nuestros hermanos.

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